Saturday, January 7, 2017

Una triste Navidad

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Eddy Reyes Torres

La pasada navidad fue la más triste que ha vivido nuestro país en lo que va del pasado siglo y el presente. Salvo el período de la Guerra de Independencia y más tarde de la Guerra Federal, nuestro pueblo no había padecido una situación política, económica y social tan dramática como la experimentada en esta ocasión. Los hechos no pudieron ser más demostrativos de la inimaginable realidad que se manifestó pavorosamente en muchos hogares sin nacimientos, arbolitos, ropa nueva, regalos del Niño Jesús, gaitas, villancicos, hallacas, pan de jamón, ensalada de gallina, pernil, dulce de lechosa ni bebidas espirituosas. Hasta quien tuvo la posibilidad de viajar al exterior, lo hizo con pesar y lágrimas en los ojos.
Para colmo, el entusiasmo que se vivió a raíz de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, en las cuales la oposición se hizo con el control de la Asamblea Nacional al obtener 112 de los 167 diputados que se eligieron, se vio afectado por la inevitable decisión de la Mesa de la Unidad Democrática de sentarse a negociar una salida con el Gobierno, como consecuencia de la presión recibida por parte de varios países aliados y el requerimiento del Papa Francisco. Muchos venezolanos percibieron esa acción de la MUD como una traición al apoyo de calle que se consiguió en multitudinarias manifestaciones realizadas a lo largo y ancho del país. Así pues los venezolanos comienzan el 2017 de capa caída.
La pregunta es entonces inevitable: ¿Hay realmente motivo para el pesimismo? Yendo a contracorriente de muchos compatriotas, pienso que no. Un análisis desapasionado y sereno me conduce a ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Objetivamente es absurdo pensar que el impulso democrático de la mayoría no tiene esperanza alguna. Dar por sentado esa situación es sólo el producto de una mala lectura de la realidad y los hechos marcadores. Veamos esto sucintamente y con precisión.
Una parte significativa de la población quiere hoy un cambio de rumbo. Específicamente, casi el 80% de los votantes desea una salida democrática y expedita. A pesar de lo anterior, lo que realmente sostiene al Gobierno es el apoyo que recibe de la cúpula privilegiada de las Fuerzas Armadas. En este campo, la actuación partidista del Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral es simple aleteo de mariposas. Por eso no dudamos que el soporte militar se vendrá abajo en cualquier momento, cuando la conflictividad interna dentro de dicho cuerpo y las inevitables fuerzas de las circunstancias internas y externas hagan insostenible dicho apoyo.
El Gobierno ha basado toda su estrategia política en una única plataforma económica: el aumento de los precios del petróleo. Lamentablemente los mejores pronósticos señalan un precio de 60 dólares el barril para finales de este año, con lo cual el precio del crudo venezolano apenas superará los 50 dólares. Con ese monto, que es pura expectativa y está por verse, no habrá nada que celebrar y la crisis mantendrá su apogeo.
No hay forma de solventar los calamitosos efectos de la inflación, cada vez creciente, sin un cambio de rumbo de 180 grados que pasa necesariamente por la derogatoria del control de cambios, el respeto al sector privado y la suspensión de la emisión inorgánica de dinero por parte del Banco Central de Venezuela, entre otras muchas medidas. Pero el dogmatismo a ultranza de Maduro y su entorno mantendrá en su trece la política que se ha aplicado hasta ahora, con altas probabilidades de que “La nave de los locos” que ahora timonea naufrague inevitablemente.
       Más temprano que tarde, las elecciones de gobernadores tendrán que llevarse a cabo. Cuando esto ocurra, Nicolás y los suyos recibirán una estocada sin igual, ratificatoria de los deseos de cambio que quiere el país. Ese hecho abrirá un enorme flanco a la revolución bonita y la hará tambalear.
       Finalmente y sin ser menos importante, la MUD retomará el protagonismo que le exige este momento oscuro. Cuando ello se concrete, las acciones de calle serán un factor determinante en la presión que es necesaria para volver las aguas a su cauce natural.  
Así, cuando acontezca lo que inevitablemente sucederá, apreciaremos la navidad del 2016 como una epifanía: la puerta de entrada a los mejores tiempos que este pueblo se merece.
@EddyReyesT

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