El gobierno cubano anunció una nueva Constitución. Se discutirá los días 21, 22 y 23 de julio. Nadie espera que el dócil Parlamento, compuesto por 605 asambleístas asombrosamente afinados, genere la menor disonancia.
Reintroduce el cargo de primer ministro. El presidente representará al Estado. Habrá vicepresidente. El primer ministro se encargará de la gerencia del gobierno y del control del Consejo de Ministros. Ninguno de esos mandos será por voto directo. Dentro del Parlamento, otro órgano mucho más reducido y manejable, el Consejo de Estado, será el que propondrá a los “compañeros” idóneos. El objetivo es restarle autoridad al presidente.
El Partido Comunista conserva su carácter de fuerza hegemónica del país y centro único de iniciativas. Con una infinita terquedad la cúpula castrista continúa invocando la inspiración marxista-leninista del Estado y del gobierno. Sesenta años de fracasos han sido inútiles. No han aprendido nada.
Pero el elemento más importante, que tratan de pasar de contrabando, es la incorporación de un inquietante Consejo de Defensa Nacional, del que se afirma que es “un órgano superior del Estado que dirige al país durante las situaciones excepcionales y de desastre”.
No se dice, pero se sabe, que esa institución está regida por el coronel Alejandro Castro Espín, único hijo varón de Raúl Castro, y reúne a todas las fuentes de inteligencia y contrainteligencia del país. El que se mueva no saldrá en la foto. Tal vez aparezca en la crónica roja de Granma, como les sucedió al general Arnaldo Ochoa y al coronel Tony de la Guardia. Los fusilaron en 1989......
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