Hace doscientos años, en julio de 1818, una tímida adolescente llamada Mary Shelley (1797-1851) veraneaba en Suiza con su esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley; ambos se alojaban en la casa de Lord Byron, en villa Diodati, a orillas del lago Leman. Byron, aventurero y poeta romántico, se había instalado en Suiza ese año huyendo de la mala fama que había acumulado en Londres debido a sus escandalosos amoríos.
Una noche, para matar el aburrimiento, Byron propuso un juego en el que cada uno redactaría una historia de miedo para compartirla en las tertulias habituales a la luz de las velas en medio del bochorno. Tres semanas después, la joven Shelley, quien contaba apenas 17 años, una noche les leyó su Frankenstein o el Prometeo moderno, dando origen a uno de los grandes mitos de la literatura universal. Esta obra ha sido traducida a todos los idiomas del planeta, representada en teatro y plasmada en más de cuarenta versiones de cine....
El interés científico o literario que hoy despierta un monstruo creado por la imaginación de una adolescente hace doscientos años nos convence de su existencia real y del temor a que nuestras creaciones e inventos escapen de nuestro control y siembren el caos. Me refiero, solo para citar algunos ejemplos, a los primeros experimentos sobre la fusión nuclear, que condujo a la creación de la bomba atómica y que, a partir de Hiroshima y Nagasaki, desató una carrera armamentista que hoy, en manos de psicópatas iraníes o norcoreanos, amenaza no solo con borrar del mapa a naciones enteras, sino con destruir la vida sobre el planeta. Otro ejemplo serían los experimentos de las grandes corporaciones enfocadas en la biogenética, que exigen de la sociedad leyes, control y normas éticas, dirigidas especialmente a los que pretenden modificar los genes de los alimentos para humanos y animales. El monstruo anda suelto.
Una interpretación adicional podría ser que las sociedades, sean avanzadas o subdesarrolladas, han creado por igual sus monstruos ideológicos alejados de toda humanidad, que se han volcado contra sus propios pueblos y sembrado el terror y la muerte; ejemplos de esto son Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, así como sus émulos, me refiero a Fidel Castro y sus Frankensteins latinoamericanos: Chávez, Kirchner, Correa, Lula, Evo, Ortega y Maduro. El monstruo vive entre nosotros.
EN:
No comments:
Post a Comment