Ahora que Croacia está de moda, gracias al fútbol, puedo contar algunas situaciones que me ha tocado vivir a los largo de mis ya muchos años yendo de un lado a otro. Muchos me conocen por mi nombre, Miro Popić, y créanme, no es un seudónimo, así me llamo y me llaman. Ha sido esta la mejor manera de presentarme al iniciar cualquier conversación, para simplificar las cosas. Me han dicho de todo. Desde, por ejemplo, ¿su nombre? Miro Popic. Ah, Mary Poppins, hasta preguntarle a mis hijos sin eran hijos del payaso Poppy. No señorita, es Miro Popić. Ah, bien, señor Miró, ojalá recordándoles al pintor español ante la imposibilidad de creer que alguien pueda tener nombre de verbo. ¿Popik me dijo? No, Popic, p-o-p-i-c, con acento en la c y se pronuncia como si fuera ch. Ah, no, escríbalo usted mismo. Imagínense lo que hubiera pasado si de una vez les digo mi nombre completo, tal como está en mi cédula venezolana: Miroslav Zvonimir Popic Pastene.
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