Las vibraciones y temblores no eran infrecuentes; pero, no parecían peligrosos. Algunos pocos visionarios supieron que no era un estremecimiento más, sino un verdadero y devastador terremoto que tenía lugar en las entrañas de esta nación, con cada vez más intensos y frecuentes desplazamientos de las capas tectónicas y sus derrumbes, huidas, miedos y espantos.
Venezuela vio derrumbar sus instituciones y el derretimiento de su tejido social. Todo el sistema de relaciones familiares, amistosas, comerciales, empresariales, religiosas, culturales, laborales fue sometido a su inclemente fractura. El país se deshizo. No lo destruyeron las bombas de la aviación enemiga sino la tropa roja que solo ha podido apoderarse del Estado y la sociedad mediante la ruina y el crimen....
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