La historia es un territorio de lo imprevisto. Las autoridades metropolitanas españolas, tanto las que se reunían en gabinetes en Madrid, como las que estaban en América con la misión de resguardar estos territorios, nunca imaginaron revueltas domesticas de mayor calado, y mucho menos, de los “aliados” de mayor confianza: los blancos criollos. Siempre temieron a la amenaza exterior, primero de corsarios, piratas, bucaneros y filibusteros, y más luego de los franceses, y muy especialmente: el “enemigo inglés”. Así que a partir del año 1810 tuvieron que remover sus esquemas mentales preconcebidos y entender que trataban con rebeldes. Unos rebeldes, que de acuerdo a la filosofía de guerra prevaleciente, no se les podía dar cuartel....
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