Retomar el diálogo entre algunos actores nacionales y representantes de Nicolás Maduro para resolver la gravísima crisis que atraviesa el país no es, en principio, una mala idea. Podría ser bien recibido por todos a quienes preocupa la situación siempre y cuando la buena fe sea la que prime entre quienes se sientan en Ciudad de México. Lo que hace dudar es que esta vez, como en intentos anteriores, el régimen se autosabotee o, en un ataque de malcriadez, obligue a “dialogar” con una señora cuyo único interés debe ser que liberen a su marido preso por graves cargos en Estados Unidos y cuyas otras credenciales para “negociar” son desconocidas......
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