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El 11 de marzo de 1946, en el contexto de la efervescencia política y social desatada tras el derrocamiento del general Isaías Medina Angarita, nace el Sindicato Nacional de Periodistas, luego y hasta hoy Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. Su primer secretario general fue Rafael Calderón, vinculado a Acción Democrática, que pronto renunciaría y sería sustituido por el fotógrafo Bernado Dolande. María Teresa Castillo, esposa de Miguel Otero Silva y madre de Miguel Henrique Otero, presidente-editor de El Nacional, participa en su fundación; también, entre más de medio centenar de firmantes, figura el pintor y dramaturgo César Rengifo.
Fue aquella una época, breve, de apasionado activismo y de descubrimiento de las libertades. El sindicato de la prensa convocó a su seno a reporteros de un puñado de medios, a creadores e intelectuales. En su primer año de vida logra suscribir contratos colectivos de trabajo con El Heraldo, El País, El Universal, Últimas Noticias y El Nacional, la prensa caraqueña de entonces, marcando de esa manera lo que será su papel en las relaciones entre las empresas y los trabajadores en el ámbito periodístico. El 24 de noviembre de 1948, el golpe contra nuestro célebre escritor Rómulo Gallegos, primer presidente electo por sufragio universal y directo, impone la censura desde el primer día y posterga por diez años la recuperación de la vida en democracia.
Durante esta trayectoria de ocho décadas el SNTP ha sido más que un instrumento para el mejoramiento de las condiciones materiales para el ejercicio periodístico. Junto con la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), transformada en los años setenta del siglo pasado en el Colegio Nacional de Periodistas, la defensa de la libertad de expresión y del derecho a la información se convirtieron en la bandera central de su actividad. De hecho, los convenios de trabajo que durante décadas se suscribieron con las empresas periodísticas reflejaron en diversas cláusulas esa convicción, a partir de la cual puede florecer la actividad periodística en sintonía con el interés de los ciudadanos.
Nunca antes en estos ochenta años se había soportado una restricción y persecución política como la que se ha vivido durante este siglo. Hasta hace dos meses más de una veintena de periodistas y trabajadores de la prensa estaban tras las rejas por algo tan simple como, en muchos casos, acudir a la cobertura de un hecho. El SNTP no dejó de denunciar, de reclamar su libertad y de alertar, a quien quisiera oír dentro y fuera del país, del silencio y el castigo que se hicieron marca vergonzosa del poder.
El sindicato de la prensa se ha echado sobre sus hombros una tarea gigantesca -recuperar las condiciones para que pueda volver a hacerse periodismo- que necesita, con urgencia, el concurso de actores sociales y políticos: de la Academia, de otros gremios y sindicatos, de los partidos políticos de vocación democrática, del mundo empresarial que mira al futuro, de la intelectualidad, de las organizaciones de la sociedad civil. El periodismo -bien entendido y mejor practicado- contribuye a hacer vivas y vibrantes las sociedades, al fomentar el debate abierto y sin límites y dar eco a nuevas voces. Su vitalidad puede ser la expresión de la sociedad madura y democrática por la que los venezolanos nos debemos comprometer en alma y corazón.
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