Thursday, March 19, 2026

Editorial El Nacional: Venezuela al bate, el futuro nos pertenece

 EN: https://www.elnacional.com/2026/03/venezuela-al-bate-el-futuro-nos-pertenece/

El 29 de octubre de 1941, aún saliendo de un siglo de penumbras, nuestro poeta Andrés Eloy Blanco pronunció un discurso en el Estadio Nacional de El Paraíso para recibir a los héroes de la pelota, que traían a casa el primer campeonato mundial de béisbol conquistado en el estadio La Tropical de La Habana ante la poderosa selección cubana, tan temida entonces como la estadounidense la noche del martes. Fue nuestra primera gran victoria como nación. El triunfo era una  sensación olvidada.

“En la tarde del último juego, cuando volví a mi casa, me encontré con un niño flaco, amarillo, casi un hilo; era la estampa de la anemia. Mientras lanzaba una pelota contra la pared, hablaba solo; comentaba la victoria alcanzada; y en un gesto de atleta imaginario exclamó: Yo soy Vidal López. Antes, los niños venezolanos se bautizaban con nombres de guerrilleros y había un poco de eso en todos ellos; pero este, así como es, es Vidal López. Cuando le vi, tan flaco, estuve a punto de decirle: "No, hijo mío, tú no eres Vidal López. A Vidal López lo dio la tierra sola, a puro esfuerzo, como dio el Samán de Güere o la Ceiba de San Francisco. Tú no eres Vidal López porque cuatro generaciones de tus antepasados fueron, o los llevaron, a regar sus esfuerzos en inútil trajín de sangre y odio, sobre la pobre tierra abandonada; tú no eres Vidal López, porque los campos estuvieron sin brazos y tu sangre corría y se gastaba con el mal pan, con el mal techo, con el mal camino, con la mala bebida". Pero ahora la voz de la radio trenzada con la voz del pueblo, vigorosa de confianza, borró aquel mal recuerdo, porque tuve confianza de la renovación de la fe. Y aquí vengo a decir que este triunfo debe ser un estímulo, que la energía nacional ha de aumentarse para que la fe no disminuya; que la vivienda sana y la alimentación han de ser un designio inquebrantable. Porque toda esta unidad del espíritu nacional debe concretarse en ayudar a la tierra a producir sus samanes y sus ceibas humanos, para que sea Vidal López el niño de mi cuento.

Salvador Pérez, Omar López, Maikel García, Johan Santana, Miguel Cabrera, Luis Arraez -la regadera-, Daniel Palencia y su bola de fuego y los demás héroes del Campeonato Mundial de 2026 son, querido poeta, los niños de tu cuento hechos realidad. Ahora debemos actuar para que los niños de hoy, nuestros  niños, con falencias equiparables a los tuyos, puedan emularlos.

La hermosa lección de habilidad beisbolera, disciplina, alegría, esfuerzo, templanza y entrega de este grupo de beisbolistas debe aprovecharse en beneficio de Venezuela. Como en 1941, con el tirano recién fallecido apenas seis años antes, el país venezolano requiere transitar de su postración hacia un futuro brillante. Esa transición debe facilitarse. Tengan la nobleza, quienes se aferran al poder por aferrarse, de no conjurar tormentas para impedirlo. 

Hoy los venezolanos queremos ser -todos- como nuestro capitán, Salvador Pérez, que sabe de dónde viene y le obsequió su victoria, agradecido, a un hombre humilde y su hijo que estaban viendo el juego contra Italia en un televisor en blanco y negro. O como Maikel García, el más valioso entre tantos más valiosos que congregó el clásico mundial, que se acuerda de todos los venezolanos que son venezolanos en su tierra y en todas las tierras -en todos los campos- en las que ahora habitan y juegan y luchan.

Volvamos al poeta que nos develó el sueño de la libertad y de la democracia: “Y a vosotros, jugadores del equipo venezolano, gracias en nombre de nuestro pueblo, que os debe esta gran alegría y este gran paso de su fe… En nombre de ese pueblo os saludo y os pido que no perdáis nunca de vista ese espectáculo de unanimidad espiritual, de manera que ahora y mañana como ayer, cuando estéis en el campo deportivo o en el taller, o en la oficina, o en la función ciudadana, sintáis en vosotros aquella unanimidad y en cada actuación vuestra os repitáis con íntima delicia: ‘Venezuela en el bate. Prevenido el futuro".

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