EN: https://www.elnacional.com/2026/04/durmiendo-con-el-enemigo/
A principios de la última década del siglo pasado Julia Roberts protagonizó una película con el título de esta nota que quintuplicó en recaudación su presupuesto. Su personaje es una joven esposa que parece vivir una vida perfecta con su marido, un asesor financiero. La pareja reside en una preciosa casa frente a la playa. Lo cierto es que él la controla hasta el mínimo detalle e, incluso, la golpea. Ella planifica fingir que se ahoga para huir de su maltratador. Pero antes necesita tiempo. Laura, que así se llama Roberts en la cinta, vaya casualidad, le tiene miedo al mar y tiene que aprender a nadar en aguas turbulentas.
Los venezolanos asistimos en las últimas semanas a un matrimonio de conveniencia política en el que uno y otra se tratan de manera exquisita. “Fantástica”, dice él; ella, mientras firma leyes y recibe emisarios, le agradece la cooperación y hace votos por una unión a largo plazo. Nunca, que se recuerda, ha habido una pareja tan dispareja. Él es un hombre de negocios que mide todo por la rentabilidad. Ella una revolucionaria de rodilla en el piso que decía hasta ayer aborrecer el capitalismo y confiaba en el plan de los nueve motores sin gasolina y en el florecimiento de las comunas. ¿Qué pasará, en verdad, puertas adentro en el palacio en el que ella habita gracias al 3 de enero?
Los venezolanos asistimos en las últimas semanas a un matrimonio de conveniencia política en el que uno y otra se tratan de manera exquisita. “Fantástica”, dice él; ella, mientras firma leyes y recibe emisarios, le agradece la cooperación y hace votos por una unión a largo plazo. Nunca, que se recuerda, ha habido una pareja tan dispareja. Él es un hombre de negocios que mide todo por la rentabilidad. Ella una revolucionaria de rodilla en el piso que decía hasta ayer aborrecer el capitalismo y confiaba en el plan de los nueve motores sin gasolina y en el florecimiento de las comunas. ¿Qué pasará, en verdad, puertas adentro en el palacio en el que ella habita gracias al 3 de enero?
A veces la ficción puede parecerse a la realidad. Desconocemos cómo sigue el guion y cómo será el final. El país vive atento al menor giro en esa relación. Por ejemplo, la partida de la encargada de negocios de Estados Unidos. La noticia de la semana. De repente, se va. Su labor ha concluido cuando estaba empezando. Se quiere vender como algo previsto. La señora Dogu, Laura de nombre, era temporal. Tal cosa se desconocía hasta que se hizo temporal. ¿Qué tensiones habrá en esa relación de conveniencia entre Washington y Caracas que obligó a la salida intempestiva de la mujer que volvió a plantar la bandera de Estados Unidos en ese cerro del sureste capitalino?
En esta historia tiene que entrar en acción otro reparto. Se confía en eso porque de algún clavo hay que agarrarse. Por ahora, Estados Unidos administra el protectorado que somos; la mujer de Miraflores, de nombre Delcy Eloína, “avanza” en afiches, reacomodos y peregrinaje (que hoy comienza, según anunció), mientras observa el calentamiento en el Medio Oriente y cruza los dedos, suponemos, para que la resistencia iraní no imite en nada a la de Padrino López el 3 de enero.
El reparto, somos los venezolanos. La ley de amnistía parece de amnesia, siguen presos varios centenares de compatriotas, las protestas se reprimen como es costumbre y se sigue deteniendo gente, la sensación de miedo no ha desaparecido, la inflación perfora los bolsillos y la transición…la transición viene después: sin fecha, sin cronograma. Mientras, Delcy Eloína finge que es la mejor amiga y espera su “momento”.
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