EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/esperando-a-maria/
La portavoz del Departamento de Estado, Natalia Molano, argumentó al ser preguntada sobre el regreso al país de María Corina Machado que Venezuela es una nación soberana y , por tanto, tiene el control del territorio nacional. Dos afirmaciones insostenibles: Venezuela es un país tutelado por el gobierno de Donald Trump. Y el gobierno de Donald Trump inició a mediados del año pasado el cerco de las costas venezolanas porque el país, y su gobierno ilegítimo, usaban el territorio nacional para operaciones de narcotráfico y otras transacciones ilícitas. Es decir, por si no está claro, el espacio físico del país se compartía con redes ilegales que ponían en jaque la seguridad de Estados Unidos.
Molano, hablando por Marco Rubio, así hay que entenderlo, dijo que todos sus colegas están dedicados 100% a salvar vidas en nuestro país luego de los dos terremotos del 24 de junio. La persona que avalan para que se mantenga al frente del gobierno interino no está, precisamente, por esa labor y quedó en notoria evidencia por su inacción en las primeras 48 horas, o más, después de los movimientos telúricos.
El país requiere un liderazgo firme, comprometido y sensible para enfrentar las consecuencias de la catástrofe que vivimos, que coloca al país en una situación más dramática que la que había antes del plan de tres fases que Estados Unidos puso en marcha desde enero pasado.
La líder de los venezolanos es María Corina Machado. No es un liderazgo burocrático, ni producto de una componenda o de un reacomodo, se lo ganó a pulso y con coraje durante años y lo consolidó en las dos gestas cívicas libradas por los venezolanos en 2023 y 2024. Lo que la nación exige en las dolorosas circunstancias actuales es de una gesta cívica de proporciones aún mayores, y solo una persona puede convocar y movilizar a la amplia mayoría del país para la tarea de reconstrucción material e institucional que se demanda.
María Corina Machado está lista y en total disposición de regresar al país. Estados Unidos tiene que ofrecer una opción creíble que facilite la vuelta de la líder nacional al país. El gobierno de Donald Trump escogió una vía que convirtió a Delcy Rodríguez y la gente que la rodea en los ejecutores sobre el terreno de las instrucciones emanadas de Washington. Para, según el plan, estabilizar, reconstruir y promover la recuperación democrática. Mientras no se alcance esto último, la soberanía se dirige a control remoto. ¿Será posible seguir haciéndolo de la misma manera ahora? ¿Tendrá Estados Unidos que asumir más responsabilidades sobre el terreno? ¿Le ofrecerá a la sociedad democrática venezolana y a su liderazgo una agenda en la que se escuche su voz y se impulse, en medio de la catástrofe, la transición política?
La prioridad es salvar la vida de Venezuela como nación y la de sus gentes abandonadas por el poder. La disposición humana y solidaria de miles y miles de venezolanos en estas tristes horas, sin esperar la orden de un régimen del que desconfían, es la evidencia de su temple y valentía sometida a prueba durante dos décadas y media de resistencia.
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