En: http://www.lapatilla.com/site/2014/10/05/alberto-barrera-tyszka-mucha-muerte/
Alberto Barrera Tyszka
Algunas frases también necesitan autopsias. Hay que abrirlas,
mirarlas por dentro, tocarlas, tratando de encontrar su verdadero
sentido. ¿Un ejemplo? Lo que escribió Mary Pili Hernández en su cuenta
de Twitter unos minutos después de la medianoche de este miércoles: “El
fascismo no busca matar a un chavista. Lo que en realidad quiere es
matar la PAZ que @NicolásMaduro ha promovido desde que es presidente”.
Dos horas antes, si acaso, se había anunciado la espantosa noticia del
asesinato del diputado Robert Serra. El breve texto de Hernández también
tiene algo trágico. Es difícil decidir qué es peor: juzgar y condenar
sin investigación, politizar a priori un crimen, o aprovechar un
homicidio para hacer promoción y adular a un presidente. Algunas frases
también necesitan autopsias.
No dejan de ser reveladoras estas reacciones rápidas. Que sean
guiadas por el dolor no las libera de lo que son, del pensamiento que
implican. Blanca Eekhout fue explícita: “Burguesía cobarde y asesina,
hoy vuelve a derramar la sangre de jóvenes patriotas pero el dolor será
fuerza. Honor y gloria a Robert Serra”, escribió, decretando de una vez
qué había pasado y quiénes eran los culpables. Con más prudencia, otros
mensajes respiraron en el mismo clima, reiterando la idea de que el
homicidio del diputado no forma parte de la normalidad del país, no
entra en la estadística. Se trata de una muerte distinta. De una muerte
revolucionaria.
Otro ejemplo: María Gabriela Chávez escribió: “No podrán con
nosotros”. ¿De qué está hablando? ¿A qué se refiere? En el fondo,
perciben todo desde una estructura preestablecida. Antes aun de que
hubiera comenzado cualquier indagación policial, ya estaban instalados
en un discurso polarizante, ubicado en el “contexto de guerra”; ya
habían decidido que –más allá de lo que hubiera pasado– la muerte de
Serra era un ataque político al cuerpo del poder.
Lo mismo sucedió con otro crimen espeluznante: el fatal asesinato de
Eliécer Otaiza. En ese momento, también Blanca Eekhout dijo que se
trataba de un “crimen político”. Y Delcy Rodríguez acusó a “bandas
criminales”, ligadas al partido Primero Justicia, de ser las
responsables del delito. Y el presidente Maduro, en cadena nacional,
aseguró que todo formaba parte de una conspiración, que el asesinato
había sido planeado en Miami. Después de las investigaciones y de las
detenciones del caso, ninguno de ellos se retractó. La verdad no les
pareció noticiosa. Tal vez era demasiado real. Demasiado común.
Demasiado popular.
La historia y la vida están llenas de casualidades. Justamente este
mismo miércoles, en Medellín, un grupo de periodistas venezolanos
resultaron ganadores del Premio Gabriel García Márquez por su trabajo en
la cobertura de los sucesos del 12 de febrero de este año. El equipo
coordinado por César Batiz recibió este importante reconocimiento por la
realización de una seria investigación y de un reportaje que demostró
que quienes dispararon y asesinaron a las primeras víctimas ese día
fueron funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado. Periodismo
dedicado a la investigación. Palabras tratando de atrapar balas.
Ninguno de estos periodistas, sin embargo, sigue hoy en Últimas Noticias.
Todos se fueron, o tuvieron que irse, debido a la censura o a la nueva
línea editorial, dedicada a priorizar los logros del gobierno y eludir
las heridas de la realidad. La hegemonía comunicacional apaga la verdad
pero no va a reducir la inseguridad.
La violencia no nos rodea. Ya, más bien, vivimos en ella. No es una
amenaza externa. Habita con nosotros. Está en todos lados. También en el
lenguaje. Los homicidios en el país no son fascistas o burgueses: son
muchos. Nada más. Son demasiados. No estamos ante un problema de
adjetivos sino de estadística. El poder también debe desarmar su
mentalidad, su concepción militar de la política, su forma bélica de
relacionarse con la realidad. El país entero es mucha muerte. Esa es la
conspiración. Esa es nuestra única guerra.
Publicado originalmente en el diario El Nacional (Caracas)
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