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Cumaná, 18 de septiembre de 2014.
Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades
y Educación. U. C. V.
Advertencias:
Séame permitido iniciar mis palabras formulando dos advertencias. La
primera advertencia consiste en prevenirles de que no trataré de lo
inmediato, tanto en lo presente como en lo previsible. Considero que mis
colegas lo harán con más propiedad que yo. La segunda advertencia
consiste en que intentaré explorar los factores y condicionamientos que
generan vulnerabilidad de la sociedad venezolana ante amenazas contra su
determinación de llegar a ser genuinamente democrática; y asomaré
algunas medidas que estimo apropiadas y necesarias para contrarrestar, o
al menos disminuirla, esa vulnerabilidad.
Parte I:
Me complace mucho esta invitación a ofrecer una respuesta a la pregunta,
formulada por Ustedes, que nos preocupa a todos: ¿Hacia dónde va
Venezuela? Lo intentaré, sin embargo de que creo vigente el dictamen
global dado por Rómulo Betancourt el 6 de enero de 1945, en un artículo
de combate, ¿Significativamente oportuno?, titulado “La conchupancia
compatibilística”. Dice así: ….”Por nuestra parte, no alimentamos tales
ideas derrotistas. La conchupancia conpatibilistica, como tantas otras
taras que deforman nuestra vida institucional, será barrida por la marea
de los acontecimientos históricos. Venezuela está en marcha hacia la
conquista de su futuro, y nada ni nadie podrá detenerla.” (Rómulo
Betancourt, Antología política, Vol. III, pp. 538-539).
Paso a explicar mis razones:
Declaro que, dada mi dedicación profesional a la investigación
histórica, y por ser fiel a mis convicciones sobre el deber social del
historiador venezolano contemporáneo, el intentar responder esa pregunta
es mi afán cotidiano. Con ello hago verdad, también, un precepto que he
expuesto más de una vez. Soy historiador: por consiguiente, me ocupo
profesionalmente del pasado; me compromete vitalmente el presente; y me
interesa, intelectual y espiritualmente, sobre todo el futuro. O sea que
vivo y laboro en función del tiempo histórico; entendido éste como el
continuo integrado por los tres estadios cronológicos ordinarios; los
cuales percibo e interpreto, por consiguiente, como Pasado histórico,
Presente histórico y Futuro histórico. Ubicada la cuestión bajo la luz
de estos preceptos, creo posible y necesario desagregar mi respuesta de
esta manera:
A.- El Pasado histórico de la sociedad venezolana está poblado de altas
realizaciones, y de dolorosas pruebas de que, contrariamente a lo que
asienta el saber sociopolítico común, los pueblos sí se equivocan. Añado
que cuando lo hacen las repercusiones y consecuencias de sus
equivocaciones suelen ser profundas, extensas y duraderas. Tal ha
ocurrido con el acatamiento, de aviesos regímenes sociopolíticos, basado
en el deslumbramiento causado por las obras públicas y el engaño de las
promesas demagógicas; e incluso por la conformista sentencia de sí,
pero dio libertad.
B.- Por esta razón, el Presente histórico de la sociedad venezolana
revela la persistencia de la pugna entre la conciencia crítica y los
atavismos sociopolíticos que lastran la evolución y desarrollo de la
sociedad; sin embargo de haberse acelerado éstos durante le segunda
mitad del Siglo XX, como resultado de la realización, de manera
reiterada y mayormente eficaz, de los correlativos esfuerzos por la
superación de tales atavismos. Tal ocurrió con la dictadura militar de
1948-1958 y la reinstauración de la República liberal democrática a
partir de 1959-1960.
C.- El futuro histórico de la sociedad venezolana consistirá en su
persistencia, históricamente comprobada, en la prosecución de la
manifestación sociopolítica que he denominado La larga marcha de la
sociedad venezolana hacia la Democracia. La sujeción de esta marcha a
una constante evaluación critica condujo a la designación, por Decreto
Presidencial de 17 de diciembre de 1984, de la Comisión Presidencial
para la Reforma del Estado, COPRE; uno de cuyos resultados, el de dar
inicio a la instauración de la descentralización política y
administrativa, es hoy baluarte, aunque asediado, de la Democracia. En
este juego histórico contamos con un As: pareciera que nuestro futuro
histórico no dependerá tanto de crear riqueza como de aprender a hacerla
valer, social y políticamente.
Parte II:
Mas, en lo concerniente a la valoración de conjunto del tiempo histórico
de la sociedad venezolana, creo pertinente referirlo a dos
comprobaciones básicas, que mi ya visiblemente prolongado estudio de la
Historia, en sus dobles y correlacionadas vertientes, la venezolana y la
internacional, me permite invocar:
La primera comprobación reza que los venezolanos somos menos originales
de lo que nos creemos: “En este país”, fue el título escogido por Luis
Manuel Urbaneja Alchelpohl para su más reputada obra. Quiso marcar, con
tan cotidiana exclamación, la habitual inconformidad con nuestro
acontecer. Pero también somos menos imitadores de lo que algunos nos han
creído (“micos imitadores”, nos llamó Pío Baroja), o nos creen (de
manirrotos sauditas hemos sido calificados).
La segunda comprobación reza que respecto de otros pueblos los
venezolanos no somos, históricamente, tan diferentes como creemos; sobre
todo al pasmarnos ante nuestros defectos y vicios; ni tan iguales como
pareceríamos desearlo, al caer asombrados por el progreso social y
político de sociedades que tengamos por modélicas.
La realidad es que, como todos los pueblos, aprovechamos, malgastamos o
desaprovechamos, recursos y oportunidades. En ciertas ocasiones nos
descalificamos para la paz y el bienestar,- reconociendo que no somos
suizos-; o lamentando no haber sido colonizados por los progresistas
ingleses; o el haberlo sido por los atrasados españoles.
A.- Lo sucintamente dicho significaría, en suma, que, como pueblo,
nos rige una normativa sociohistórica común, atingente al curso
histórico. Consiste en que, como todos los pueblos: a.- Contamos en
nuestro haber con notables aciertos y realizaciones; b.- Hemos creado
mitos acerca de nuestras virtudes, y amparamos bajo ellos nuestras
flaquezas; c.- Hemos cometido graves y hasta reiterados errores.
a.- En cuanto a algunas de nuestras realizaciones notables:
1.- Elaboramos, formulamos y pusimos en práctica, exitosamente, la
teoría de la lucha por la independencia, en el marco de la relación
colonial con nuestra Corona. Para ello superamos una accidentada
trayectoria, que tomó más de dos décadas; sacrificamos más de la tercera
parte de la población estimada y tuvimos como escenario casi la mitad
de Sudamérica.
2.- Concebimos y pusimos por obra un singular ejemplo de asociación
pacífica de pueblos, al aprobar en Angostura, el 17 de diciembre de
1819, la Ley fundamental de Colombia; promoviendo su constitución en
1821 y logrando su independencia en Carabobo, en el 24 de junio del
mismo año.
3.- Fuimos factor político y militar primordial en ponerle virtual
finiquito al imperio hispanoamericano, el ejército de la República de
Colombia, comandado por el allí promovido primer Mariscal de Colombia,
el cumanés Antonio José de Sucre, en Ayacucho, en el 9 de diciembre de
1824.
4.-Partiendo institucionalmente de 1946, en sólo medio siglo
conformamos, enmarcándola en la República liberal democrática, una
sociedad con alto nivel de modernidad; superando las enormes
dificultades representadas por una población escasa y dispersa; -en
medio de un ambiente hostil, expresión de las distancias agigantadas
por el atraso generalizado y acumulado-; agobiada por las endemias y la
indefensión ante los accidentes geográficos y climáticos; mantenida en
un bajísimo nivel cultural y educativo; y condicionada por una
rudimentaria conciencia política y por la precaria integración social
resultante, hecha de despotismo y subordinación. Así lo atestigua,
aunque inadvertidamente, el inventario levantado en el denominado
Programa de Febrero, fechado en el 21 de febrero de 1936, dispuesto por
el Presidente General Eleazar López Contreras.
5.- Sentamos ejemplo mundial en materia de saneamiento social y
ambiental combatiendo el paludismo, el analfabetismo y la desnutrición;
una vez emprendido el rescate de la mayoritaria población difícilmente
sobreviviente en el campo.
6.- Pero lo históricamente más significativo ha sido el sentido, básico y
sostenido, de nuestra evolución sociopolítica, orientada hacia la
instauración de una república liberal moderna, de fundamentación e
institucionalización democráticas; aspiración manifiesta y sostenida
desde su inicial expresión en el Decreto de Garantías, dictado por el
General Juan Crisóstomo Falcón en el 18 de agosto de 1863; cuyo
considerando reza: “Que triunfante la revolución deben elevarse a canon
los principios democráticos proclamados por ella y conquistados por la
civilización, a fin de que los venezolanos entren en el pleno goce de
sus derechos políticos e individuales.”
b.- En cuanto a la creación de algunos mitos acerca de nuestras virtudes y desventuras:
1.- Se nos ha hecho creer que carecemos de pasado monárquico, no
obstante que el 30 de marzo de 1845 el plenipotenciario venezolano
suscribió, en Madrid, el Tratado de Paz y Reconocimiento, en virtud del
cual la que por ello era todavía jurídicamente nuestra reina Isabel II:
….”usando de la facultad que le compete por decreto de las Cortes
generales del Reino de 6 de diciembre de 1836, renuncia por sí, sus
herederos y sucesores, la soberanía, derechos y acciones que le
corresponden sobre el territorio americano, conocido bajo el antiguo
nombre de Capitanía General de Venezuela, hoy República de Venezuela.”
Tratado aprobado y ratificado en los días 20 y 27 de mayo de 1846 por
los poderes Legislativo y Ejecutivo. ¿Podía nuestra reina abdicar,
graciosamente, a una Corona de la que la habíamos despojado por la
fuerza de las armas, según lo proclamó el Congreso de Colombia? ¿Lo
procedente no era sólo reconocer la Independencia?
2.- Nos creemos un país rico. Por lo que no asociamos la riqueza,
orgánicamente, con el trabajo, el conocimiento, el emprendimiento y la
creatividad técnica. Así lo prueba el hecho de que sigamos hablando de
renta petrolera, mientras dilapidamos el capital que se pretende la
genera.
3.- Consideramos que somos “muy abiertos”: ¿Por qué no hemos superado
la candidez de creer que la ayuda y la solidaridad, por desinteresadas,
motivan reciprocidad?
4.- Repetimos que, desprendidamente, y con descuido de nuestras propias
necesidades, contribuimos a que se lograse la independencia de otras
sociedades; cuando, en realidad, lo que hicimos fue demostrar lucidez
estratégica, y capacidad político-militar, haciendo posible nuestra
independencia y consolidándola mediante la creación de la República de
Colombia, librando la denominada Campaña del Sur; ambas hazañas
sustraídas por el militarismo criollo, tendenciosamente, de nuestra
conciencia histórica.
c.-Hemos cometido graves y hasta reiterados errores:
1.- Iniciábamos la superación de nuestra ancestral pobreza, a fines del
Siglo XVIII, cuando, justificadamente, la interrumpimos en aras de la
disputa de la Independencia, propia y, por necesidad estratégica, en la
de otros pueblos. Pero, sobre todo, no fuimos capaces de reanudar, por
nuestro esfuerzo, el camino interrumpido. Y justificadamente alarmados
por los efectos destructivos y socialmente perturbadores de la guerra,
pusimos empeño en restaurar el régimen sociopolítico colonial bajo el
manto de la República.
2.- Justificadamente asustados por los excesos sociopolíticos
integrantes de la disputa de la Independencia, creamos en 1830, en
función de la ruptura de la República de Colombia, las condiciones para
la instauración de la tutela del Poder militar sobre el Poder civil; y
nos recogimos en el orden autocrático del Estado de Venezuela, remedo de
nuestra monarquía absoluta, matriz de la República liberal autocrática,
prevaleciente hasta 1945-1946.
3.- Avanzábamos, a partir de 1946, hacia ser la primera sociedad
democrática de América Latina, cuando, por prejuiciada incomprensión de
la naturaleza controversial del régimen sociopolítico democrático,
recaímos en la autocracia, sacrificando la libertad en aras de una
atávica añoranza del orden despótico, vestigio del monarquismo absoluto
originario. Vale recordar que fue exactamente un siglo después de haber
sido declarados jurídicamente independientes cuando iniciamos, en rigor,
la ardua tarea de hacer que súbditos rebeldes se transformasen en
ciudadanos de una república liberal democrática, al mismo tiempo que se
les convocaba a rescatarse del atraso, el analfabetismo, la enfermedad
y, según la expresión de Rómulo Betancourt, ….”la clásica, la
tradicional, la inenarrable hambre venezolana”….
4.- Las consecuencias de la subversión armada desencadenada desde los
inicios de la reinstauración de La República liberal democrática, y el
déficit social así generado, aun se resienten, particularmente en las
organizaciones políticas. Imposible calcular la proyección de la pérdida
de varios miles de jóvenes, particularmente de estudiantes,
sacrificados o dañados en la negación y en la defensa de esa República, a
partir de 1959, que se sumaron a los ya sacrificados por la dictadura
militar derrocada en 1958.
5.- La acelerada pero sin embargo tardía democratización de la sociedad,
particularmente gracias al reconocimiento de sus derechos políticos a
la mujer, y de la extensión de éstos a los analfabetas y a los mayores
de 18 años, magnificó la demanda de satisfactores, en todos los órdenes,
desbordando la aptitud del Gobierno y de la Administración pública para
encauzarla; al mismo tiempo que el aparato político, abandonada la
concepción pedagógica de la política, desatendió la formación de
ciudadanos y con ello perdió la capacidad de orientar las genuinas
reivindicaciones sociales.
Parte III.-
En suma, creo posible afirmar que la reanudación de la institucionalidad
liberal democrática, ahora heroicamente procurada, exigirá de la
sociedad venezolana encarar, además de las cuestiones precedentes, un
conjunto de grandes retos atingentes al ordenamiento sociopolítico.
Intentaré clasificarlos, diferenciando entre los retos señalados poco
antes de iniciarse la presente segunda crisis del régimen sociopolítico
liberal democrático, y los generados por tal crisis. Pero debo subrayar
mi convicción de que esta tarea, si bien reclamará idoneidad técnica,
requerirá, con no menor importancia, que las determinaciones políticas
correspondientes se nutran de una alta dosis de conciencia histórica
crítica, que permita enfocar los problemas y las soluciones propuestas,
emancipándose del inmediatismo político, tan proclive a la demagogia,
pomposa y denigrativamente denominado populismo. Pero que igualmente
sean dirigidos a contrarrestar la vulnerabilidad de la sociedad ante
irrupciones autocráticas.
A.- Retos señalados poco antes de iniciarse la presente segunda crisis del régimen sociopolítico democrático:
No sólo ha cesado la atención debida a las amenazas que aun se ciernen
sobre la sociedad venezolana, enunciadas en el Proyecto de Reforma
integral del Estado, presentado por la Comisión Presidencial para la
Reforma del Estado (COPRE) a la Presidencia de la República, en el 19 de
noviembre de 1988, sino que ellas se han agravado como resultado de la
incuria y la incapacidad gubernamentales. Me permitiré enunciarlas muy
brevemente:
a.- “Las amenazas frente las cuales la sociedad venezolana posee una
capacidad de acción, en acto o en potencia, relativamente alta y
autónoma”. Tienen que ver con la marginalidad, en sus diversas
expresiones; el desempleo, franco o disimulado como comercio informal;
la ineficiencia, entendida como incapacidad para manejar los cambios de
escala en las demandas sociales; el agotamiento de los recursos
naturales y el deterioro del ambiente.
b.- “Las amenazas respecto de las cuales la capacidad de acción de la
sociedad venezolana es menor, o está condicionada determinantemente por
esquemas de cooperación o de competencias internacionales”. Tienen que
ver con las migraciones no controlables; la internacionalización de la
violencia y el tráfico de estupefacientes.
c.- “Las amenazas resultantes de la combinación de dos o más factores
individualizables o del juego del conjunto de los mismos”. Tienen que
ver con “la corrupción, entendida como una práctica social generalizada y
extendida; la desorganización social, manifiesta como la criminalidad,
las conductas delictivas, el urbanismo anárquico, etc.; la pérdida de
confianza en la funcionalidad del sistema democrático; y el desaliento y
la apatía social y política.
B.- A esta red de amenazas se han añadido varias y graves derivadas
del errático, y al mismo tiempo autocrático, desempeño sociopolítico y
socioeconómico del arcaico régimen que nos ha sido impuesto desde hace
década y media. Ellas son:
a.- La sumisión ante el régimen monárquico castrista, que luego de arruinar a los cubanos hace lo mismo con los venezolanos.
b.- El establecimiento de nexos comprometedores con regímenes
sociopolíticos que han incurrido en la condena, por los países
democráticos occidentales con los cuales hemos mantenido,
históricamente, conexiones funcionales en los aspectos culturales y de
intercambio.
c.- El establecimiento de lazos económicos y financieros contractuales y
de alianza, de alcance desconocido por la opinión pública, con
regímenes sociopolíticos cuyos fundamentos autocráticos no son
compatibles con los valores democráticos, arraigados en la sociedad
venezolana.
d.- Haber comprometido a generaciones de venezolanos en el desmesurado
crecimiento de la deuda pública exterior, respaldada con la entrega de
nuestros recursos naturales mediante tratos privilegiados, secretos y
por lo mismo presumiblemente dolosos.
e.- Haber secuestrado la majestad y la competencia de los poderes
públicos, partiendo del gobierno municipal, que debe ser entendido y
ejercido como escalón primero y primario del Poder público; y culminando
con los más altos poderes del Estado, cuya majestad deberá ser
restaurada, rescatándola de manos de quienes controlan ilegal e
ilegítimamente el Poder público.
f.- Haber deteriorado el tejido social, ahora afectado gravemente por la
corrupción y el nepotismo; y por el cultivo de práctica sociales
disolventes, tales como la ruptura de las relaciones logro-esfuerzo y
falta-sanción, caldo de cultivo de actitudes mendicantes y de conductas
delincuenciales.
g.- Haber predicado y fomentado, sistemáticamente, la confrontación
intra-social, unida a la domesticación y represión de las organizaciones
de ciudadanos, particularmente de gremios y sindicatos, y al control
despótico de los medios formadores de la opinión pública y de la
educación ciudadana.
h.- Haber motivado, como urgencia sociopolítica, el restablecimiento del
clima de confianza jurídica y política requerido para reactivar el
desarrollo socioeconómico mediante el desenvolvimiento de la
creatividad, en todos los órdenes, comenzando por el empresarial.
Parte IV:
Para contrarrestar la vulnerabilidad padecida por el régimen
sociopolítico liberal democrático; y poder así enfrentar con éxito las
amenazas de todo orden que se ciernen sobre la sociedad venezolana,
habremos de despejar la conciencia ciudadana de la carga de los
atavismos que contribuyen a hacerla presa de tales amenazas. Para ello
habremos de dejar de dar, culposamente, la espalda a los complejos de
creencias que zapan nuestra condición sociohistórica profunda; todavía
plagada de las secuelas sociopolíticas del monarquismo, de los vestigios
sociales de la esclavitud, del socialmente empobrecedor machismo, y de
la perversión ideológico-historicista sistemática de la conciencia
nacional. Estos logros requerirán la revisión crítica de constantes
sicosociales. de las cuales cabe mencionar las siguientes:
A.-El complejo de creencias que conforma la conciencia criolla. Es
resultado de la destilación sociocultural del proceso de descubrimiento,
conquista y colonización; iniciado en el Siglo XVI pero no concluido
del todo, tanto en el sentido espacial como en el social. La conciencia
criolla, que rige, aun hoy, nuestra relación con las sobrevivientes
sociedades aborígenes, se manifiesta en la actualidad como un sainete
con música de arcaísmo ideológico-político, compuesto de un remedo de
representación política; de la recolección de los indios para
devolverlos a su lugar de origen; y de actitudes coloniales como las
asumidas ante los ineludibles signos autonómicos de los evolucionados
wayu.
B.- Todo lo vinculado de manera ahistórica con un antihispanismo que
tiende a minar nuestra conciencia nacional hispano-criolla, despojándola
de su originario componente predominante de autenticidad histórica. En
cambio, promover la culminación de la compleja integración de la
conciencia criolla en la conciencia nacional; limpiando esta evolución
del humillante sesgo proteccionista, de carácter
politiquero-filantrópico, que actualmente la corrompe.
C.- El vínculo también perceptible en relación con las tenaces
secuelas de una sociedad fundada en la lenta y parcial superación de la
discriminación social y racial del aborigen, y particularmente del
negro, cuya superación aun está en curso como la definitiva liquidación
social de la esclavitud. Dificultades éstas que se pretende ocultarlas
tras giros de lenguaje; como se pretende hacerlo, respecto de la mujer,
mediante la artimaña del femenino genérico.
D.- Estimular la conciencia crítica acerca de que, al amparo de la
conciencia criolla se estructuró una cultura de
dominación-subordinación, manifiesta en la figura sociopolítica que he
denominado El dominador cautivo. Es decir, de dominación ejercida
respecto de indígenas, esclavos y mestizos; y de subordinación respecto
de las formas de conducta ante poderes centralizadores, de acatamiento
del mito de la capacidad del poder militar como generador de orden y
patrón de eficiencia; y de adopción acrítica de paradigmas ajenos a
nuestra naturaleza socio-histórica. ¿Vestigios, todo esto, de la
condición colonial originaria y de la calamitosa instauración de la
república liberal autocrática, a partir de 1830? ¿Se explicaría, por
ello, la tornadiza búsqueda de patrocinios extranjeros, teniéndolos poco
menos que por incuestionables, por autorizados? ¿Explicaría esto,
también, la inclinación a ir tras los señuelos que produce el Poder
público, aunque desvirtuado, con el fin de divertir la opinión pública,
apartándola del ejercicio consciente de la Soberanía popular?
E.- Erradicar las más antirrepublicanas manifestaciones del
sometimiento al poder centralizador, y sus consecuencias mayores; que lo
son el cultivo de la mentira y de la desinformación respecto del
ejercicio del Poder público; la arbitrariedad en la conducción de las
relaciones exteriores, y la discrecionalidad e impunidad en el gasto
público. Fundamental importancia, para el ejercicio democrático del
Poder público y su finalidad, la debería tener el sometimiento de la
formulación del presupuesto nacional, de su ejecución y de la rendición
de cuentas, al libre examen por la opinión pública. El secretismo
generalizado y la discrecionalidad irresponsable, en materia
presupuestaria, tanto civil como militar, constituyen flagrantes
atentados contra la Soberanía popular.
F.- Superar la circunstancia de que la expresión sintética de este
conjunto de condicionantes sociohistóricos, como formas de conciencia,
es nuestro embelesamiento con la obra, admirable, de Rómulo Gallegos:
¿porque deseamos vernos como Santos Luzardo o al menos como Reinaldo
Solar? Y nuestro olvido de José Rafael Pocaterra, ¿porque no queremos
vernos como los personajes de la Casa de los Abila ni de Cuentos
Grotescos, y menos aún de Política Feminista o el Doctor Bebé? El vernos
tal cual somos ha sido, es y será, la clave para abrir franco el paso
hacia el futuro histórico democrático que venimos edificando. Ello
requiere practicar significativos ajustes en nuestra conciencia
histórica. Esto sea dicho por no hablar del santuario de nuestras
debilidades y aflicciones: el desmesurado culto a Bolívar, sobre todo en
cuanto se le ha trocado en tope de la creatividad del venezolano, a la
vez que en paliativo, universal y no cuestionable, de nuestros
infortunios.
Conclusión:
En suma, como pueblo vivimos un tiempo histórico en el cual se barajan,
con brevedad y densidad: un pasado histórico que es desvirtuado con el
fin de anular nuestra creatividad social; un presente histórico cargado
de cuestionamientos que someten a prueba nuestra capacidad de hacernos
como Nación; y un futuro histórico que será promisorio en la medida en
que seamos capaces de abrir las puertas y ventanas de nuestra conciencia
histórica, individual y colectiva, y de hacer salir los fantasmas con
los que aun convivimos. A la par que sepamos crear las condiciones
sociopolíticas para que la capacidad adquirida por extensos sectores de
la sociedad pueda desplegarse, de manera creativa y productiva, sin
pretender valerse de mitos ni ampararse en la bolivariana segunda
religión.
Por mi parte, no vacilo en reiterar que abrigo la certidumbre histórica
de que lo haremos; y de que en una o dos generaciones la venezolana será
la primera sociedad genuinamente democrática de América Latina.
Gracias.
Caracas, setiembre de 2014.
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