Thursday, November 6, 2014

A un año de El Dakazo

En: http://prodavinci.com/blogs/a-un-ano-de-el-dakazo-por-angel-alayon/

Angel Alayón

El presidente Nicolás Maduro ordenó en cadena nacional la ocupación de la red de tiendas Daka por parte del gobierno y que todos los productos se pusieran a la venta de inmediato a precios justos: “Que no quede nada en los anaqueles, que no quede nada en los almacenes. Ya basta” dijo el 8 de noviembre de 2013. Fue el comienzo de una operación a gran escala de reducción de precios de electrodomésticos y productos de línea blanca, hoy conocida como El Dakazo. Las colas aparecieron frente a las tiendas que eran objeto de intervención estatal y pronto se cumplió el deseo del Presidente: los anaqueles quedaron vacíos.

El Dakazo se enmarcó en la narrativa de la “guerra económica”, un concepto que empezó a utilizarse con fuerza por voceros del gobierno a partir de agosto de 2013 y que intentó responsabilizar al sector privado y a factores externos como el gobierno de los Estados Unidos de la escasez y la inflación. El Dakazo fue, entonces, la respuesta del gobierno a los culpables de los males del país: los usureros y especuladores, los enemigos que desataron la “guerra económica contra el pueblo de Venezuela”.

Para el momento de El Dakazo, Nicolás Maduro había perdido 15 puntos de popularidad desde el 14 de abril de 2013, fecha de la elección presidencial. Los números de la firma encuestadora  IVAD revelaban que 7 de cada 10 venezolanos evaluaban negativamente la situación del país. Los candidatos del PSUV parecían enfilarse a una derrota política en las elecciones municipales de diciembre 2013. Pero los resultados fueron muy distintos.

Nicolás Maduro y el PSUV se recuperaron lo suficiente durante el último mes de campaña para anotarse una victoria. Una victoria que implicó una especie de legitimación para Nicolás Maduro. Se entendía que en esas elecciones, de perder el PSUV, se abría un espacio para discutir la verosimilitud de los resultados de las presidenciales de abril, que se decidieron por algo más de un punto porcentual y fueron cuestionadas por el candidato opositor, Henrique Capriles Radonski.

El Dakazo fue un salvavidas político para Maduro: el Presidente de la República amaneció el 9 de diciembre con un capital político renovado y un horizonte despejado de elecciones por dos años.

Los analistas esperaban que entre diciembre de 2013 y enero de 2014 se tomarán medidas económicas que atendieran los desequilibrios económicos acumulados. Era el momento de salvar las presiones que impone una elección sobre las decisiones económicas. Era posible asumir un costo político a corto plazo con la expectativa de producir una mejor situación económica que se tradujera en rédito político antes de las próximas elecciones.

Pero esas medidas no llegaron. Y eso generó serias interrogantes sobre la dirección que tomaría el gobierno en materia de política económica durante 2014.

El 22 de enero de 2014, Rafael Ramírez, entonces Vicepresidente del Área Económica, anunció un plan de importaciones y el presupuesto de divisas del año. La última pregunta de esa rueda de prensa fue formulada por el periodista Víctor Salmerón, quien preguntó si el presupuesto de divisas era suficiente para cancelar la deuda que CADIVI sostenía con el sector privado. Antes de responder esa pregunta, Rafael Ramírez ya había afirmado con contundencia que el Estado venezolano garantizaba el pago de la deuda externa venezolana. Sin embargo, en el caso de la deuda con el sector privado Ramírez aseguró que antes de pagar debía revisarse el sustento de esos compromisos. Aquella respuesta anunciaba que el tema de la deuda con el sector privado flotaría en la opinión pública todo el 2014 y afectaría la producción en Venezuela.

La contracción en la entrega de divisas al sector privado profundizó la escasez.

Sabiendo lo que vendría, el Banco Central de Venezuela había decidido dejar de publicar los índices de escasez. Nelson Merentes, presidente del BCV, justificó esa decisión en estos términos: “El índice de escasez lo debe tener el Gobierno. No es un índice político. Nosotros le estamos suministrando al Ejecutivo la información correspondiente. No queremos que los índices se conviertan en índices políticos que favorezcan a unos y perjudiquen a otros”.

En enero fue la última vez que se hizo pública la cifra de escasez: un preocupante 28%.

En julio de 2014, en una entrevista dada a José Vicente Rangel, Rafael Ramírez manifestó que Venezuela avanzaría pronto hacia un sistema de convergencia cambiaria. El anuncio se interpretó como una señal de la inminente aplicación de medidas para atender los problemas económicos en Venezuela. A comienzos de año ya se hablaba de que Ramírez estaba preparando un giro en la política cambiaria y fiscal que se interpretaba, con más esperanza que certeza, como un avance en la dirección correcta

Muchos vendieron optimismo a partir de estas ideas, para terminar decepcionados.

Desde puertas adentro, el plan de Ramírez fue torpedeado, tanto por las razones pragmáticas de aquellos que se beneficiaban del statu quo, como las ideológicas de quienes veían en las ideas de Ramírez una traición al legado de Hugo Chávez.

El 2 de septiembre, a menos de dos meses de la declaración a José Vicente Rangel, Rafael Ramírez fue nombrado Canciller de la República. El gesto se entendió como el abandono del gobierno de Nicolás Maduro de las propuestas del otrora zar de la economía nacional, quien salió del cargo sin cumplir aquella promesa de pulverizar el dólar paralelo. Días antes del nombramiento como Canciller, Maduro anunció la implementación del “Plan Sistémico para la Lucha Integral contra el Contrabando”, un nuevo capítulo en el uso de la narrativa de la “guerra económica”.

La sobrevaluación de la moneda y los controles de precios han estimulado el contrabando. Maduro anunció su combate como parte de la ofensiva para derrotar a los enemigos del pueblo. Más allá de los anuncios del gobierno, no hay data confiable que permita evaluar la efectividad de la política, pero sí es posible afirmar que mientras exista una moneda sobrevaluada, haya controles de precios y tengamos un sistema de cambio con cuatro precios, los incentivos para el contrabando serán cada vez mayores y lo convertirán en un fenómeno difícil de derrotar.

Y mientras la inacción en materia económica sigue siendo el rasgo resaltante en 2014, el gobierno empieza a hablar con insistencia de las elecciones legislativas del 2015.

Algunos creen esos comicios podrían realizarse en el primer semestre del año, como otra consecuencia de la caída de la popularidad y parte de la necesidad que tiene Miraflores de que pasen las elecciones para tomar decisiones en materia económica. Otros dicen que está en proceso una nueva versión de El Dakazo, que obligue a los comerciantes a reducir los precios bajo el operativo “Navidades Felices y Seguras”.

Pero no olvidemos que el efecto en popularidad política de la versión original fue efímero y no tuvo ningún efecto sostenible sobre la inflación, más allá de profundizar los problemas de escasez. Durante los primeros ocho meses de este año, la inflación posdakazo acumuló 39% y la anualizada llegó a 63,94%. Las colas frente a supermercados y farmacias testimonian el agravamiento de los problemas de abastecimiento.

La narrativa de la guerra económica tiene una consecuencia lamentable: en medio de una guerra, no hay inversión a largo plazo. El gobierno ha sostenido sus acusaciones al sector privado, culpándolo (genéricamente) de ser responsable de la situación actual. Es un discurso que preocupa, pues se trata del mismo sector privado que necesitará para reactivar la economía nacional. Más allá de la retórica, es imposible una recuperación económica sin empresarios que inviertan y sin que el país esté abierto a la iniciativa privada.

Una rectificación en Venezuela pasa por reconsiderar al sector privado y al emprendimiento como el principal motor del desarrollo económico. Como lo hiciera alguna vez Brasil, como lo hizo alguna vez China, como lo han hecho todas las sociedades que han prosperado.

Nicolás Maduro ha tenido que lidiar con las consecuencias de una exacerbación del gasto público que tuvo como intención garantizar el triunfo de Hugo Chávez en su última elección. El fallido sistema de producción estatal ha acentuado la escasez y el financiamiento del déficit fiscal con dinero inorgánico ha impulsado la inflación y deteriorado los ingresos reales y el bienestar de los venezolanos.

El ajuste en 2014 parecía inevitable. Tan inevitable que el hombre que estuvo detrás de pensamiento económico de Hugo Chávez, Jorge Giordani, confesó en su carta de despedida que la revolución sería insostenible de seguir el curso que había tomado el gasto público. Pero Maduro no ha podido girar el timón y ya sentimos el frío del iceberg. De acuerdo con el IVAD, un 77.3% de los venezolanos cree que el país va en la dirección equivocada, una estadística que refleja desesperanza. La caída del precio del petróleo presiona todavía más a la economía venezolana, que luego de quince años de revolución depende más que nunca de los ingresos petroleros.

Y, a un año de El Dakazo, vale la pena recordar que los buenos magos nunca deben repetir sus trucos.

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