En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/09/jesus-chuo-torrealba-del-desastre-rojo-a-la-venezuela-tricolor-el-proyecto/
Jesús "Chúo" Torrealba
El oficialismo no tiene ideas para salir de la crisis. En realidad
nunca tuvieron ideas para gobernar a este país, si por “gobernar”
entendemos la búsqueda del bien común, y por eso precisamente fue que
nuestro país cayo en la crisis atroz en que actualmente se encuentra,
con escasez de medicinas, alimentos y paciencia, con abundancia de
violencia, corrupción e impunidad, pese a que el régimen dispuso en los
últimos 15 años de la más alta cantidad de dinero, popularidad y control
institucional que gobierno alguno haya disfrutado en los últimos 200
años.
Tuvieron, si, consignas. Tuvieron la habilidad para conectar esas
consignas con profundos pozos de resentimiento social que encontraron en
el alma nacional. Tuvieron la falta de escrúpulos necesaria para
utilizar ese resentimiento como sustituto de su inexistente plan
político, para así llegar al poder por la vía electoral cabalgando sobre
el rojo caballo del odio. Y llegaron al poder de esa manera, con esa
orfandad doctrinaria, recitando necedades como las de “El Oráculo del
Guerrero” y reverenciando las obviedades fascistoides de Norberto
Ceresole. Así fue como cayeron en manos de los Castro, cuyo único
“proyecto” es la sobrevivencia de su casi sexagenaria tiranía. En vez de
una propuesta para construir la Venezuela del Siglo XXI el oficialismo
sólo atinó a encarnar en nuestro tiempo la pulsión militarista del Siglo
XIX, de manejar a Venezuela como un botín de guerra, como una hacienda
particular, como un potrero, salpicada con nostalgias ajenas que tomaron
prestadas de la iconografía castro-guevarista que causó lamentable
furor en la sexta década del Siglo XX. Pero, en materia de ideas, poco
más.
En cambio, el pueblo demócrata si ha ideado, diseñado y presentado al
país varios conjuntos de ideas articuladas, útiles para definir como
será un país regido por los principios y valores que congregan a quienes
luchamos por un cambio. En los Programas de Gobierno presentados por
Henrique Salas en 1998, por Manuel Rosales en 2006, por Henrique
Capriles en 2012 y 2013, así como en numerosos documentos y
declaraciones emitidos por la Mesa de la Unidad Democrática, es posible
constatar no sólo la existencia de un proyecto de país alternativo al
actual Desastre Rojo, sino además es posible advertir como ese proyecto
ha ido madurando, creciendo, enhebrándose, tejiéndose y retejiéndose,
para expresar cada vez con mayor nitidez y eficacia los anhelos de esta
Venezuela que conoció la democracia política en los 40 años de la
República Civil y que ahora se apresta a construir una nueva experiencia
democrática, en la que los mecanismos de la política, los resortes de
la economía y las instituciones de lo social estén siempre llenas de
pueblo, de gente, de ciudadanía en permanente ejercicio de soberanía,
pues esa y no otra es la única garantía eficiente contra los desvaríos
de la demagogia y el autoritarismo.
Lo agudo y grave de la crisis actual nos obliga sin embargo a que ese
progresivo proceso de optimización del proyecto de cambio democrático
cristalice hoy no en un “programa de gobierno”, no en un “recetario”
exhaustivo, sino en una oferta política clara, en un conjunto de
pinceladas que dibujen con eficacia, ante la inteligencia y el corazón
de los venezolanos, como será la Venezuela Tricolor que sustituirá al
actual Desastre Rojo. Como contribución a esa elaboración colectiva, en
la que trabajan centenares de equipos técnicos y profesionales de los
partidos que integran la Mesa de Unidad Democrática y calificados grupos
de trabajo independientes cercanos a la Alianza, adelantamos los
siguientes criterios:
1) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO PROPIETARIO
Cada quién será dueño de lo suyo, de lo que haya logrado y construido
con su trabajo honesto, con su dedicación y esfuerzo, con su compromiso
y dedicación. Quien viva en una humilde casa en un barrio será dueño de
la tierra en que la misma este levantada. Quien resida en una vivienda
construida por el Estado será propietario y no “adjudicatario” de la
misma. Quien trabaje en un puesto en un mercado será dueño de su
negocio, y no “concesionario” del gobierno. Si esos y otros
emprendimientos prosperan y llegan a convertirse en grandes empresas
seguirán teniendo las mismas garantías, pues el derecho a la libre
empresa es, como la libertad de trabajo, un derecho humano fundamental y
una garantía constitucional.
2) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO SOLIDARIO
Nadie podrá discriminar a nadie, por no tener dinero o por tenerlo,
por el color de su piel o por el nombre de su dios, por ser oficialista o
por ser opositor. La pertenencia a la burocracia oficial tampoco será
pretexto para la discriminación socioeconómica. Se acabará para siempre
el Desastre Rojo en que los ciudadanos andan por las calles con
dificultades extremas para encontrar medicinas, alimentos y hasta sin
desodorante, mientras que los jerarcas van a hospitales del exterior en
aviones de PDVSA con sus esposas, suegras y niñeras. En la Venezuela
Tricolor “inclusión” y “solidaridad” dejaran de ser consignas cínicas y
pasarán a ser realidades cotidianas.
3) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO PRÓSPERO Y EL ESTADO AUSTERO
Todos podrán llegar a ser lo que quieran ser. Progresivas medidas
sociales, económicas y hasta constitucionales promoverán que el dinero
del petróleo no siga siendo malbaratado en gasto corriente, en negocios
de unos pocos o en la inútil promoción de la quincalla política de una
cúpula, sino que será usado íntegramente para que todos tengamos un
servicio de salud excelente, una educación de alta calidad (orientada a
formar ciudadanos creativos, productivos y críticos, no a adoctrinar
“cuadros” dóciles a un credo político), una vivienda propia y
confortable y pensiones de monto suficiente para una vejez tranquila y
segura. El Estado vivirá de su legítima y razonable participación en la
riqueza generada por los ciudadanos, y los ciudadanos viviremos del
ingreso estable que proporcionarán empleos de calidad creados por
empresas privadas que producirán riqueza y bienestar en áreas como el
turismo, agroindustria, industria, comercio y servicios, ciencia y
tecnología. En esa Venezuela Tricolor solidaria e inclusiva nadie podrá
ser pobre, pero una economía abierta y productiva brindara oportunidades
para que todo el que quiera ser rico pueda serlo, tanto como su
inteligencia y su trabajo se lo permitan.
4) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO SEGURO
Los únicos que se sentirán inseguros serán los delincuentes, los
violentos, los criminales. Policías profesionales y competentes los
atraparán; fiscales eficientes e independientes los acusarán; tribunales
autónomos los juzgarán, y un sistema penitenciario decente administrará
castigo y oportunidades de rehabilitación. En la Venezuela Tricolor las
personas tendrán seguridad ciudadana para vivir y disfrutar, y la
empresas (nacionales y extranjeras) tendrán seguridad jurídica para
trabajar y producir.
5) LA VENEZUELA TRICOLOR SERÁ LA DEL PUEBLO UNIDO EN SU DIVERSIDAD
Los venezolanos dejaremos de estar enfrentados en “bandos” y
volveremos a ser un NOSOTROS, diverso pero armonioso: Al contar con
seguridad social eficiente que aleje el peligro de la pobreza, con la
seguridad económica que acerque el objetivo de la prosperidad, y con una
seguridad pública respetuosa del ciudadano y firme frente al
delincuente, volveremos a vivir en vez de sobrevivir, volveremos a
disfrutar nuestras ciudades en vez de padecerlas, volveremos a tener
nuestras familias unidas en vez de tenerlas separadas por la muerte o el
exilio. No se acabarán las diferencias, obviamente. Pero cada quién
podrá expresar sus opiniones y preferencias sin riesgo de ser
perseguido, preso, torturado, asesinado o expuesto al escarnio público
sólo por pensar distinto a quien circunstancialmente ejerza el poder.
Y todo esto estará garantizado no por la voluntad displicente de un
caudillo, sino por una democracia participativa de verdad, por unas
instituciones eficientes y con pueblo, por unas fuerzas armadas al
servicio de la Nación y no de un partido o una ideología, por un Estado
al servicio de la ciudadanía y por una ciudadanía educada, organizada y
movilizada, todo ello en el marco del pacto de convivencia que es la
Constitución Nacional.
Construir una Venezuela Tricolor como la aquí descrita es plenamente
posible. Los venezolanos tenemos perfecto derecho a vivir en un país del
Primer Mundo. Y la ruta hacia ese objetivo no es Maiquetía, sino LA
UNIDAD: Unidad de sueño y compromiso, unidad de preocupación y
ocupación, unidad de reflexión y lucha, UNIDAD DE VOTO Y CALLE. Y, por
encima de todo, unidad de quienes siempre hemos adversado al Proyecto
Totalitario con los compatriotas hermanos nuestros que en los últimos
dos años han descubierto que ese proyecto es una oferta engañosa, una
estafa. Venzamos a los estafadores, construyamos la viabilidad para este
sueño plural, avancemos desde los escombros del Desastre Rojo hacia la
libertad, la igualdad y el progreso de la Venezuela Tricolor. Y
hagámoslo JUNTOS porque, como dice nuestro entrañable Gloria al Bravo
Pueblo, “¡La Fuerza Es La Unión!”
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