Editorial de El Nacional
No era todavía medianoche, cuando los celulares de los cuadros del PSUV
y de los activistas de los colectivos armados comenzaron a vibrar y repicar en
diferentes registros, todos indicando que el titular del móvil había recibido
un mensaje. El SMS detallaba, además del nombre del establecimiento, la hora y
lugar acordados para su fiscalización. Había comenzado el Dakazo II, un
operativo cuidadosamente planificado como parte de las la campaña electoral en
apoyo a los candidatos oficialistas a la Asamblea Nacional, y cuyo principal
escenario es Caracas.
Los receptores del mensaje se aprestaron a poner en marcha sus motos de
fabricación china -como sus smartphones de alta gama- para
emparrillar a sus compañeras, las cuales tendrían como misión ocuparse de la inevitable
cola que la rebatiña anunciada precipitaría.
La rebaja prenavideña no fue recibida con el orden y alborozo que cabría
esperar de una militancia adiestrada para obedecer y aclamar, sino con un
despelote generalizado, causado por la incapacidad e incompetencia de custodios
y vigilantes provistos por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana quienes, ante
la insuficiencia de mercancía, optaron por repartir papelitos con un número
para que el recipiendario del mismo, después de calarse una nueva cola, pudiese
adquirir su acariciado objeto del deseo.
Y ese objeto del deseo no es necesariamente un artículo de primera
necesidad. El combo de lavadora, cocina, nevera y televisor que se ofrece por
30.000 cocos tiene la natural demanda que una golilla de esta naturaleza
suscita, sobre todos a quienes la ven con los ojos puestos en la reventa;
llueven, sí, las peticiones por equipos de sonidos y televisores de alta
definición con su respectivo Blu-Ray y, ¡por supuesto!, el hometheatre para
hacer retumbar las paredes del hogar bien equipado. A estas alturas, deberíamos
preguntarnos cuál es la garantía de repuestos y servicio que ampara a esa
quincallería china.
Ese “meta la mano al precio justo” contempla la venta de insumos para
las hallacas, lo que ha provocado el deplazamiento de centenares personas para
colocarse a esperar hasta por 10 horas que le toque el turno de adquirir los
ingredientes de la multisápida y preguntarse, luego, si lo que se ha ahorrado
justifica tanto maltrato.
En un editorial anterior, El Nacional se había hecho
eco de la preocupación de Consecomercio ante la posibilidad de que el gobierno
volviese por sus demagógicos fueros para obligar, compulsivamente, a los
comerciantes a transar los bienes que mercadean por precios no rentables,
sometiéndolos, de paso, al escarnio público, calificándoles de especuladores,
estafadores y, en síntesis, de enemigos del pueblo.
La feria
de vanidades que ha convertido a la plaza Venezuela y al paseo Los Próceres en
bazares orientales es otra muestra de la frivolidad de un gobierno cuya meta no
es, como se ufana en proclamar, el bienestar popular, sino mantenerse, a costa
de lo que sea, en el poder… su auténtico objeto del deseo.
Vía El Nacional
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