Por Danny Leguízamo
@DannyLeguizamo.-
La MUD jamás nombró una candidatura “oficial” en la
ULA, pero había dos planchas: la primera, impulsada por Voluntad
Popular (VP) con Gaby Arellano; y la otra, que contaba con el respaldo
de más de 20 organizaciones políticas y estudiantiles, cuyo candidato
era Jorge Arellano. Dos Arellanos disputándose la Federación de Centros
Universitarios (FCU) de una de las universidades más importantes del
país. Desde el principio se supo que el chavismo jamás tendría chance
alguno, con todo y división opositora, pero lo sucedido en el desarrollo
de las elecciones deja mucho que desear.
Para explicar esto, hay
que comenzar por el principio: la plancha de VP gozaba de todo el
respaldo mediático. Antonio Ledezma invitó a votar por ella, y las redes
sociales se inundaron durante días de mensajes en apoyo a Gaby
Arellano. Pero eso era afuera, en el entorno político y el público de
galería. A lo interno, la plancha respaldada por la mayoría (empezando
por PJ, AD, COPEI Y UNT) y que encabezó Jorge Arellano, desarrolló una
campaña que se vendió de manera inteligente con el eslogan de “juventud y
unidad”: la primera, para hacer contraste con los largos años que,
dicen, lleva Gaby en la ULA; y la segunda, por razones obvias, para
dejar claro quién tenía consenso.
Hubo acuerdos entre
ambos candidatos para llevar una campaña de altura. El candidato
chavista recibió una pita en Ciencias Políticas (FACIJUP) cuando fue a
votar, pero no pasó a mayores. El clima comenzó a enturbiarse a las 5 de
la tarde cuando, desde su Twitter, Gaby Arellano se auto proclamó
“ganadora” de la contienda. No hubo manera de detener la espiral
mediática: en pocos minutos la activista de Voluntad Popular era
tendencia en esa red social, y muchos medios de comunicación dieron por
sentado que había ganado. Pero también comenzaron las agresiones: del
sector de VP tildaban de “combo colaboracionista” a la plancha del otro
Arellano, causando indignación al punto que el historiador Elías Pino
Iturrieta condenó el hecho. Del otro lado respondieron: “parecen el PSUV
de la oposición”.
Gaby Arellano dejó de
“auto proclamarse” a las nueve de la noche, cuando comenzaron las
revueltas que promovieron grupos armados del chavismo. A esas alturas,
la cosa ya era verdaderamente irreversible: había ganado Jorge Arellano.
Pero hay que leer bien los resultados: esta victoria –aunque
estudiantil- implica que la gente quiere unidad, y que quien vaya fuera
de ella, será aplastado por quien goce del consenso.
Lo otro es el
crecimiento notable de VP: independientemente de que hayan perdido y de
la deplorable actitud que tomaron sus activistas y la propia candidata,
del lado “MUD” no pueden tratar esto como si hubiera sido una victoria
por paliza. Repetimos: aunque se trate de una elección estudiantil, es
innegable la injerencia de los partidos políticos en la contienda. Por
su parte, el gobierno tiene que leer lo que le toca: nadie los quiere en
universidades autónomas.
Así las cosas, la MUD –y
especialmente VP, porque no es primera vez que lo hace- deben entender
algo que parece de Perogrullo pero que, desgraciadamente y luego de 15
años, nadie ha aprendido: la unidad es necesaria. No habrá dólar
paralelo, escasez, inflación e inseguridad que acaben con el chavismo si
el “micro ejercicio” de la ULA se traslada a las parlamentarias. Así
como Gaby Arellano denominó despectivamente “combo colaboracionista” a
quienes representaba el otro candidato, lo mismo podría suceder si en un
certamen nacional acuden divididos.
“Aférrense al Cristo de la Unidad”, dijo Henry Ramos Allup en alguna oportunidad. Es así, o se hunden.
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