Por Alicia Hernández @por_puesto.-
Para nadie sería una novedad decir que Marcel Granier esgrime la barajita del golpe de Estado como un método válido para tumbar al Gobierno. Dirían algunos “vayan y busquen en las hemerotecas”. Y allí se hartarían de la historia reciente de Venezuela y del protagonismo del empresario a finales de la década de los noventa y luego, en el 2002.
En 2014 sigue diciendo que la salida a “este régimen” puede ser pacífica, democrática, pero también violenta. En declaraciones a KonZapata, explicó que es el gobierno el que cada vez más tienta a la suerte “entregándose en manos de los cubanos, haciendo la economía más dependiente de China y Rusia” y, así, dijo, “la salida puede ser de cualquier tipo”.
Su argumento para ver factible un golpe es que la historia de Venezuela está minada de ellos. Atendiendo al contexto-país actual, habría que tener en cuenta que el Gobierno tiene el verde oliva metido entre ceja y ceja y cala hasta los tuétanos la mayoría de las carteras ministeriales. Es un Gobierno que sube el sueldo a los militares un 45 por ciento mientras que al resto solo un 15%. Pero, explicó Granier, los militares son leales al régimen hasta que dejan de serlo y también este es un contexto en el que “el país está sometido a una dictadura extranjera (la cubana)”, motivo suficiente a su entender, para que los militares reaccionaran luego de haber aprendido en la escuela militar “a defender la soberanía, la integridad y el equilibrio, cosas en entredicho actualmente”.
Hasta ahora podríamos decir que sí, que reconocemos a Granier en esas declaraciones, que es, efectivamente, el hombre que ayudó en 2002 a que se tejiera en el país una conspiración para sacar a Chávez de Miraflores. Pero el Granier que recordamos de 2005 parece que es otro. En ese momento se reunió con los principales líderes de los partidos de la oposición para mostrarles las encuestas y decirles que no tendrían respaldo mediático en las elecciones parlamentarias. Reveló hace unas semanas Henry Ramos Allup de este episodio. Dijo que los dueños de los medios los asustaron y todos se bajaron los pantalones: “el que más resistió fue Primero Justicia, pero quien no se bajó los pantalones el lunes lo hizo el sábado”.
Ahora, ese mismo Marcel Granier está preocupado por el abstencionismo de cara a las parlamentarias de 2015 y dijo a KonZapata que “lo ideal es que la gente participe”. La reflexión es hija de la experiencia de 2005: “creo que en ese momento la oposición política no estuvo a la altura de momento, no supo interpretar lo que le estaban diciendo”. Y a su juicio, lo que había que interpretar era una “demostración clamorosa de disgusto contra el régimen”. Añadió que en cualquier país del mundo “una abstención del 84% hubiese hecho tambalear al régimen”. Parece que los recuerdos son resbalosos y con los años bailan, como las cifras, y la inasistencia a las urnas subió 9 puntos más de su 75% original.
Así, el Granier que auspició en los medios y en los partidos que la gente no votara -con las consecuencias políticas que ya todos saben casi 10 años después-, pidió que se respetaran los derechos de la gente y su voto. Para Graner, se elijan blancas o negras, el punto clave es una oposición de altura, “que tenga la voluntad de cobrar el abstencionismo si lo hubiera, pero también que demuestre la voluntad y la capacidad de cobrar triunfos, no como en 2013”. Y allí lanzó su punta para quien la quiera recoger luego de haber saludado afectuosamente a María Corina Machado en el foro de Cedice en el que se dio la entrevista.
Para nadie sería una novedad decir que Marcel Granier esgrime la barajita del golpe de Estado como un método válido para tumbar al Gobierno. Dirían algunos “vayan y busquen en las hemerotecas”. Y allí se hartarían de la historia reciente de Venezuela y del protagonismo del empresario a finales de la década de los noventa y luego, en el 2002.
En 2014 sigue diciendo que la salida a “este régimen” puede ser pacífica, democrática, pero también violenta. En declaraciones a KonZapata, explicó que es el gobierno el que cada vez más tienta a la suerte “entregándose en manos de los cubanos, haciendo la economía más dependiente de China y Rusia” y, así, dijo, “la salida puede ser de cualquier tipo”.
Su argumento para ver factible un golpe es que la historia de Venezuela está minada de ellos. Atendiendo al contexto-país actual, habría que tener en cuenta que el Gobierno tiene el verde oliva metido entre ceja y ceja y cala hasta los tuétanos la mayoría de las carteras ministeriales. Es un Gobierno que sube el sueldo a los militares un 45 por ciento mientras que al resto solo un 15%. Pero, explicó Granier, los militares son leales al régimen hasta que dejan de serlo y también este es un contexto en el que “el país está sometido a una dictadura extranjera (la cubana)”, motivo suficiente a su entender, para que los militares reaccionaran luego de haber aprendido en la escuela militar “a defender la soberanía, la integridad y el equilibrio, cosas en entredicho actualmente”.
Hasta ahora podríamos decir que sí, que reconocemos a Granier en esas declaraciones, que es, efectivamente, el hombre que ayudó en 2002 a que se tejiera en el país una conspiración para sacar a Chávez de Miraflores. Pero el Granier que recordamos de 2005 parece que es otro. En ese momento se reunió con los principales líderes de los partidos de la oposición para mostrarles las encuestas y decirles que no tendrían respaldo mediático en las elecciones parlamentarias. Reveló hace unas semanas Henry Ramos Allup de este episodio. Dijo que los dueños de los medios los asustaron y todos se bajaron los pantalones: “el que más resistió fue Primero Justicia, pero quien no se bajó los pantalones el lunes lo hizo el sábado”.
Ahora, ese mismo Marcel Granier está preocupado por el abstencionismo de cara a las parlamentarias de 2015 y dijo a KonZapata que “lo ideal es que la gente participe”. La reflexión es hija de la experiencia de 2005: “creo que en ese momento la oposición política no estuvo a la altura de momento, no supo interpretar lo que le estaban diciendo”. Y a su juicio, lo que había que interpretar era una “demostración clamorosa de disgusto contra el régimen”. Añadió que en cualquier país del mundo “una abstención del 84% hubiese hecho tambalear al régimen”. Parece que los recuerdos son resbalosos y con los años bailan, como las cifras, y la inasistencia a las urnas subió 9 puntos más de su 75% original.
Así, el Granier que auspició en los medios y en los partidos que la gente no votara -con las consecuencias políticas que ya todos saben casi 10 años después-, pidió que se respetaran los derechos de la gente y su voto. Para Graner, se elijan blancas o negras, el punto clave es una oposición de altura, “que tenga la voluntad de cobrar el abstencionismo si lo hubiera, pero también que demuestre la voluntad y la capacidad de cobrar triunfos, no como en 2013”. Y allí lanzó su punta para quien la quiera recoger luego de haber saludado afectuosamente a María Corina Machado en el foro de Cedice en el que se dio la entrevista.
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