Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.-
Octubre marcó al chavismo. Una ruptura muy profunda e irreparable ocurrió filas adentro: la desconfianza.
Si antes sospechaba de todos sus opositores, ahora sospecha de sus opositores y de sí mismo. Ya connotados militantes del proceso hablan de persecución a los propios chavistas.
La noche del miércoles primero de octubre empezó un capítulo de esta historia con el asesinato del diputado Robert Serra y que culminó el 24 con la destitución de Miguel Rodríguez Torres, uno de los jerarcas claves del poder chavista. De por medio, lo sucesos acaecidos en el edificio Manfredir el día 7.
Pero como al mes le quedaban todavía unos días, ocurrió el “incidente de la niñera”; asunto que ha salpicado a Elías Jaua Milano, aliado y pieza clave de Maduro. Entre otras cosas el suceso ha puesto de manifiesto, una vez más, el privilegiado estilo de vida burgués de la alta dirigencia roja a cuenta de los bienes públicos y sus enredos políticos cada vez más difíciles de explicar.
Por cierto, esto en el contexto de la disidencia en crecimiento que se torna en abierta división protagonizada por Marea Socialista, que entre otras críticas al “alto mando político” recoge precisamente el peculado, la malversación y el nepotismo que le caracteriza, y que como ejemplo demostrativo acaba de protagonizar el ministro Jaua y su círculo más cercano.
Más que decisiones, Maduro ha emitido promesas de pagos a futuro para “enfrentar” esa sucesión de hechos desafortunados. Él no sabe si las podrá honrar, entre otras porque son contradictorias y mutuamente excluyentes.
Si Rodríguez Torres (por poner un ejemplo) será destinado en breve a una nueva responsabilidad oficial, ¿cómo queda allí Freddy Bernal?. Porque a éste le puede haber “llegado su hora”, como dijo el Presidente, de poner sus conocimientos de criminalística al servicio de la revolución. Pero no será él, ahora al frente de una (nueva) comisión para reestructurar los cuerpos policiales, quien maneje el SEBIN, el CICPC o la Policía Nacional Bolivariana, sino la Ministra de Interior, Justicia y Paz, la Almiranta en jefe Carmen Meléndez.
Maduro hizo concesiones a Bernal, pero no le dio poder. Por algo será.
El mundo del poder chavista se ha hecho muy pequeño para que Bernal y Rodríguez Torres convivan en él. Se supone que Bernal será el ganador por una razón: es un factor en el PSUV.
Y eso le da una capacidad de presión adicional, pues, como ya se ha comentado, a la disidencia en las filas del PSUV le ha faltado un “jefe”. El primer candidato fue precisamente el ex alcalde capitalino.
Retirando a Rodríguez Torres, Maduro hizo una movida precipitada pues reforzó la percepción de capacidad de presión de los colectivos y dio muestras de su propia debilidad. Y sin embargo, les puso a los militares al frente. Si algo ningún Estado del mundo puede admitir, es la coerción de un sindicato armado.
Mientras tanto, los gobernadores del PSUV observan, esperan y temen; unos más que otros con sus propios problemas.
Todo el esfuerzo unitario del III Congreso del PSUV quedó bastante averiado, por decir lo menos.
Como si todo lo anterior no fuera suficientemente grave, durante ese mes los precios del petróleo que cerraron en septiembre por encima de los 90 dólares el barril de exportación se desplomaron hasta los 75 dólares.
Aunque se venía advirtiendo desde hace meses, incluso años, del crecimiento de la producción de petróleo y gas en Estados Unidos y del eventual debilitamiento en el crecimiento de China, todavía en septiembre la baja en los precios por debajo de los 100 dólares se observaba como algo que podía ser pasajero, o un progresivo ajuste hacia la baja.
Nadie predijo, ni se esperaba, una caída de 20 dólares en menos de dos meses.
O al menos nadie en el reino de Arabia Saudita se tomó la molestia de advertir a los hermanos de la revolución bolivariana que se estaba bombeando más crudo al mercado mundial con la intención de hacer menos competitivo el desarrollo de los crudos no convencionales de Norteamérica. Esto explica la reacción tardía y confusa de todo el gobierno venezolano empezando por Nicolás Maduro.
Por cierto, circunstancia esta que debería reclamarle a Rafael Ramírez. Dada la comprometidísima situación económica nacional una caída del ingreso petrolero, precisamente ahora, es una catástrofe. Pero lo inconcebible es que nadie en el Ministerio de Energía y Petróleo o en la delegación venezolana ante la OPEP en Viena haya enviado un informe al respecto. O si lo hicieron y Maduro no lo leyó. O sí lo leyó, o le dijeron y lo ignoró. Esa es otra posibilidad; mucha gente cuando el mundo se le viene encima reacciona metiendo la cabeza debajo de la tierra. Ataque de omisión selectiva.
Octubre marcó al chavismo. Una ruptura muy profunda e irreparable ocurrió filas adentro: la desconfianza.
Si antes sospechaba de todos sus opositores, ahora sospecha de sus opositores y de sí mismo. Ya connotados militantes del proceso hablan de persecución a los propios chavistas.
La noche del miércoles primero de octubre empezó un capítulo de esta historia con el asesinato del diputado Robert Serra y que culminó el 24 con la destitución de Miguel Rodríguez Torres, uno de los jerarcas claves del poder chavista. De por medio, lo sucesos acaecidos en el edificio Manfredir el día 7.
Pero como al mes le quedaban todavía unos días, ocurrió el “incidente de la niñera”; asunto que ha salpicado a Elías Jaua Milano, aliado y pieza clave de Maduro. Entre otras cosas el suceso ha puesto de manifiesto, una vez más, el privilegiado estilo de vida burgués de la alta dirigencia roja a cuenta de los bienes públicos y sus enredos políticos cada vez más difíciles de explicar.
Por cierto, esto en el contexto de la disidencia en crecimiento que se torna en abierta división protagonizada por Marea Socialista, que entre otras críticas al “alto mando político” recoge precisamente el peculado, la malversación y el nepotismo que le caracteriza, y que como ejemplo demostrativo acaba de protagonizar el ministro Jaua y su círculo más cercano.
Más que decisiones, Maduro ha emitido promesas de pagos a futuro para “enfrentar” esa sucesión de hechos desafortunados. Él no sabe si las podrá honrar, entre otras porque son contradictorias y mutuamente excluyentes.
Si Rodríguez Torres (por poner un ejemplo) será destinado en breve a una nueva responsabilidad oficial, ¿cómo queda allí Freddy Bernal?. Porque a éste le puede haber “llegado su hora”, como dijo el Presidente, de poner sus conocimientos de criminalística al servicio de la revolución. Pero no será él, ahora al frente de una (nueva) comisión para reestructurar los cuerpos policiales, quien maneje el SEBIN, el CICPC o la Policía Nacional Bolivariana, sino la Ministra de Interior, Justicia y Paz, la Almiranta en jefe Carmen Meléndez.
Maduro hizo concesiones a Bernal, pero no le dio poder. Por algo será.
El mundo del poder chavista se ha hecho muy pequeño para que Bernal y Rodríguez Torres convivan en él. Se supone que Bernal será el ganador por una razón: es un factor en el PSUV.
Y eso le da una capacidad de presión adicional, pues, como ya se ha comentado, a la disidencia en las filas del PSUV le ha faltado un “jefe”. El primer candidato fue precisamente el ex alcalde capitalino.
Retirando a Rodríguez Torres, Maduro hizo una movida precipitada pues reforzó la percepción de capacidad de presión de los colectivos y dio muestras de su propia debilidad. Y sin embargo, les puso a los militares al frente. Si algo ningún Estado del mundo puede admitir, es la coerción de un sindicato armado.
Mientras tanto, los gobernadores del PSUV observan, esperan y temen; unos más que otros con sus propios problemas.
Todo el esfuerzo unitario del III Congreso del PSUV quedó bastante averiado, por decir lo menos.
Como si todo lo anterior no fuera suficientemente grave, durante ese mes los precios del petróleo que cerraron en septiembre por encima de los 90 dólares el barril de exportación se desplomaron hasta los 75 dólares.
Aunque se venía advirtiendo desde hace meses, incluso años, del crecimiento de la producción de petróleo y gas en Estados Unidos y del eventual debilitamiento en el crecimiento de China, todavía en septiembre la baja en los precios por debajo de los 100 dólares se observaba como algo que podía ser pasajero, o un progresivo ajuste hacia la baja.
Nadie predijo, ni se esperaba, una caída de 20 dólares en menos de dos meses.
O al menos nadie en el reino de Arabia Saudita se tomó la molestia de advertir a los hermanos de la revolución bolivariana que se estaba bombeando más crudo al mercado mundial con la intención de hacer menos competitivo el desarrollo de los crudos no convencionales de Norteamérica. Esto explica la reacción tardía y confusa de todo el gobierno venezolano empezando por Nicolás Maduro.
Por cierto, circunstancia esta que debería reclamarle a Rafael Ramírez. Dada la comprometidísima situación económica nacional una caída del ingreso petrolero, precisamente ahora, es una catástrofe. Pero lo inconcebible es que nadie en el Ministerio de Energía y Petróleo o en la delegación venezolana ante la OPEP en Viena haya enviado un informe al respecto. O si lo hicieron y Maduro no lo leyó. O sí lo leyó, o le dijeron y lo ignoró. Esa es otra posibilidad; mucha gente cuando el mundo se le viene encima reacciona metiendo la cabeza debajo de la tierra. Ataque de omisión selectiva.
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