En: http://www.lapatilla.com/site/2014/12/08/armando-duran-insolita-politica-opositora/
Armando Durán
En su habitual columna de los viernes en El Universal,
Gerardo Blyde, político serio y equilibrado, reconoce que en la
oposición “las fracturas son evidentes y conocidas”. Ese no es, sin
embargo, el tema de su reflexión. Lo que le interesa destacar a Blyde no
es tanto el peligro que significa el amargo enfrentamiento interno de
facciones opositoras, sino el esfuerzo conciliador de otro sector
oposicionista, “que busca crear puentes y condiciones” para superar un
conflicto que en el fondo solo parece favorecer el progresivo deterioro
de la fuerza opositora, precisamente, en el peor momento del régimen.
Lamentablemente, esta no es una posición común en el grupo cuyas
ambigüedades frente al régimen inducen a algunos (entre ellos a mí, lo
reconozco) a calificarlos de “colaboracionistas”. Un ejemplo. El pasado
domingo 30 de noviembre, mientras el gobierno ponía en marcha su
maquinaria judicial para encarcelar a María Corina Machado, acusada de
conspirar para cometer un magnicidio, se producía la siguiente triple y
llamativa coincidencia.
La primera sorpresa del día la tuve al leer esa mañana la extensa columna quincenal de Leonardo Padrón, en el suplemento Siete Días,
de este diario. “En la oposición –señala Padrón– unos quieren
elecciones, diálogo y protesta. ‘Traidores’, los llaman los que
prefieren guarimbas, estallido social y golpe de Estado”. Típica visión
maniquea de la realidad política actual, que se ajusta como anillo al
dedo a la estrategia del régimen para dividir a la oposición en buenos,
con quienes se puede más o menos convivir y dialogar, y malos malísimos,
en el mejor de los casos, merecedores de un cero en conducta. En el
peor, de cárcel, tortura y muerte violenta.
La segunda sorpresa la recibí poco después en la pantalla de Televen,al
descubrir la manera en que Luis Vicente León y José Vicente Rangel
coincidían en torno de esta misma visión unidimensional de buenos y
malos, caballo de batalla del régimen para transformar naturales
diferencias estratégicas en contradicciones insalvables.
Por último, y como si estas llamativas coincidencias no fueran
suficientes para provocar al menos una leve sospecha, Henry Ramos Allup,
en un artículo publicado en El Nuevo País, arremetía contra
opositores sin nombre que según él dirigían laboratorios sucios
financiados y organizados por opositores de pensamiento y voluntad
golpista, con el perverso propósito de desacreditar a los más buenos de
los buenos dirigentes de lo que se conoce entre ellos como “alternativa
democrática”. Según Ramos, su gravísima denuncia estaba perfectamente
documentada, aunque tal como hace el régimen cuando acusa a alguien,
pongamos por caso a María Corina Machado, a quien Maduro llegó a
calificar de “asesina” en cadena de radio y televisión, tampoco presentó
ninguna prueba.
¿Existe alguna razón oculta que explique estas concomitancias entre
conocidos opositores y la más nefasta política del régimen para sacar
del juego a sus más incómodos adversarios, como ya lo hizo con Leopoldo
López? Por fortuna, la presión nacional e internacional obligó al
régimen a replantearse el caso Machado: Luisa Ortega Díaz declaró que el
Ministerio Público nunca había hablado de magnicidio y que el único
delito que sus fiscales investigan, por ahora, es la participación de
Machado en una conspiración para cometer nadie sabe qué delito.
Debo confesar que a estas alturas del proceso político venezolano, no
creo en casualidades ni en pajaritos preñados. Y me cuesta demasiado
pasearme por la posibilidad de que la coincidencia de estos insólitos
hechos políticos sea en realidad el fruto exclusivo del más puro azar.
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