Luis Vicente León
El precio del dólar paralelo no está
escrito en piedra. Es una cifra que varía de acuerdo con lo que estén
dispuestos a pagar los tenedores de bolívares, quienes quieren proteger
su patrimonio invirtiendo en moneda extranjera.
Al no haber un mercado de divisas
abierto y transparente, existe una enorme distorsión del mercado
cambiario. Pero a eso hay que añadirle la manipulación de las cifras que
ponen en marcha los interesados en que el dólar negro suba y suba.
¿Cuál es el precio de equilibrio del
dólar paralelo? Sencillo: es el que se alcanza cuando la oferta (es
decir: los dólares de quienes quieren vender) y la demanda (es decir:
los bolívares de quienes quieren comprar) se igualan.
¿Qué es lo que hace que ese precio suba
sin freno alguno? Pues que, en este momento, hay mucha más demanda que
oferta de divisas en el paralelo. La razón es evidente. El mercado
siente que la oferta de divisas empeorará aún más en el futuro y además
que se pueden quedar llenos de unos bolívares que no tendrán el mismo
valor, encerrados en una economía en crisis y con inflación severa.
Con un gobierno que se niega a ajustar
la economía y mantiene un déficit gigante en PDVSA, financiado
monetariamente por el BCV, sin contraprestación de bienes y servicios,
es claro que el valor del bolívar se pulveriza y los tenedores de
capital están dispuesto a pagar lo que sea por una moneda dura con la
cual puedan proteger el valor de su dinero.
Además, el referente que se ha estado
utilizando como guía para las operaciones paralelas es el precio del
dólar en la frontera. Hay que decir que las operaciones que se llevan a
cabo en las regiones fronterizas son marginales, así que son incapaces
de representar verdaderamente el mercado paralelo. Pero cuando no hay
otras referencias, el precio se contamina y termina convirtiéndose en la
cifra pactada y difundida.
Y eso es algo que le conviene a mucha gente que está haciendo negocios con el diferencial cambiario.
Cuando se sabe que una gran parte de las
importaciones se están haciendo con dólares a BsF. 6,30 (aunque la
valoración interna promedio supere los 20 bolívares por dólar), es
evidente que el tipo de cambio promedio del país no es el paralelo. Y
también es evidente que 170 bolívares rinden mucho más adentro de
Venezuela que un dólar afuera.
El problema es que acá adentro no hay
muchas divisas que puedan cambiar de mano ni bienes que se puedan
adquirir con ese mismo dinero.
El comportamiento natural en las
actuales condiciones sería que el aumento del dólar estimulara la oferta
y contrajera la demanda. Es decir: que al estar el precio tan alto, a
quienes tienen dólares les provoque vender (algo que haría descender el
precio por las conocidas leyes de la oferta) y a los que demandan
debería restringirles el deseo de comprar ante un precio exorbitante (y
con esto frenar también la subida).
¿Entonces por qué pasa lo contrario?
Pues por el incremento de la desconfianza. Factores como los controles
de cambio, las trabas burocráticas, la caída del precio del petróleo, el
aumento sustancial del riesgo país en el mercado internacional y que
haya cifras extraoficiales que aseguran que todavía no se han asignado
los dólares aprobados desde mayo pone nervioso al mercado y le impide
llegar a algún equilibrio estable.
Es clave que el gobierno central
presente de una vez por todas un plan económico de ajuste racional que
les permita abordar la crisis y los agentes económicos se lo crean. La
distorsión económica que genera la existencia de un dólar paralelo no se
corrige bloqueando páginas web ni metiendo presos a operadores
cambiarios, sino sincerando el tipo de cambio oficial y abriendo el
mercado para que se ajuste como sólo él sabe hacerlo.
Sin eso, el ascenso del dólar paralelo
no lo detendrá nada ni nadie. En estas condiciones, cuando en Venezuela
hablemos de que el cielo es el límite, nos estaremos refiriendo al
precio del dólar.
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