Saturday, December 6, 2014

Venezuela productiva

En: http://www.eluniversal.com/opinion/141206/venezuela-productiva

GUSTAVO LINARES BENZO |  EL UNIVERSAL
sábado 6 de diciembre de 2014  12:00 AM

Uno de los últimos editoriales del Washington Post notaba que Venezuela no seguía ni siquiera los consejos de Putin y la gloriosa ex-Unión Soviética: la bajada de los precios del petróleo se compensaba con devaluación, más rublos por cada dólar o euro, y se equilibraban las cosas. El gobierno bolivariano no devalúa y se aferra al sueño de las divisas a 6,30, 11,00 o al Sicad en sus distintas versiones, ninguno de los cuales existe en realidad. Así, la escasez está a niveles de racionamiento y la inflación ya llega a tres dígitos. El peor de todos los mundos, la suma de todos los miedos.

La política económica del gobierno venezolano es única en el mundo. Criados en la soberbia infinita del Gigante Eterno, es posible que algunos de quienes hoy dirigen la economía crean que tienen la razón contra todo el universo. Pero estas posiciones únicas exigen la humildad mínima de tomar en cuenta la posibilidad de que se está en el error, de que las demás naciones y sistemas tienen algo más de verdad de la que se les concede en el discurso paleomarxista de  Maduro. Más, si los resultados son tan catastróficos como lo son: una devaluación (oficial, ni hablar si fuera el dólar libre) lanza a la pobreza crítica a tres millones de compatriotas, ni los panitas del PNUD pueden ayudar con sus índices.

Pero pocos, poquísimos líderes revolucionarios se creen estos cuentos. Todos saben que están pagando la factura de quince años de derruirlo todo, de acabar con Agroisleña, Pdvsa, Sidor y cuanta otra estructura pública o privada caía en sus manos o simplemente se cogían (expropiar es una cosa distinta a estos saqueos disfrazados a que se dedicaba el líder intergaláctico los domingos en aló Presidente). La prueba son las esperanzas que nos dan Maduro y sus ministros ante la debacle petrolera: "ya rebotarán los precios", "llegaron tantas toneladas de alimentos, se importaron tantos bultos de papel higiénico". Nada del modelo productivo socialista ni de la gran producción agrícola socialista que sembró el ministro Jaua antes de los viajes a Brasil, cuando era ministro de tierras, ni de la pujante industria exportadora de Guayana luego de la década de Rangel Silva. O importamos o morimos, diría hoy en día Simón Rodríguez, el de los lentecitos del inútil billete de cincuenta.

El pueblo venezolano, al menos el que se construyó en el ideario chavista, quedó para fiscal popular, es decir, para cerrar a los poquísimos valientes que aún comercian, que por supuesto se van del mercado y así aumentan las colas de Mercal. El venezolano en el modelo bolivariano no produce, destruye, limita, impide toda iniciativa. Ni Maduro invoca el poder creador que se consagró en el preámbulo de la Constitución, el único poder es el del barril de petróleo, y hasta eso lo importamos ahora.

Si se guglea "Venezuela", una de las primeras páginas que aparece es "Venezuela productiva". Es la mentira institucionalizada, el camuflaje de la incompetencia y la corrupción con las palabras usadas al revés: se trata de un site para solicitar vehículos chinos, ni un átomo de los cuales se fabricó en Venezuela; y de productivos, nada, carros para uso familiar, a lo más para taxear porque el joven profesional o el empleado desplazado por el cierre del negocio no encuentran nada mejor con lo que vivir miserablemente. Lo único productivo es el petróleo, nos sigue recordando hasta las solicitudes de carros chinos.

El ajuste llegará, está llegando. Podría hacerse con un mínimo de previsión, con un mensaje claro de que se respetarán los estándares elementales del manejo de la economía. Pero esto es imposible. Está en juego la gran mentira, los lemas eternos del comandante. El ajuste se hará, o mejor dicho, ocurrirá a juro, como viene ocurriendo con una inflación del 100% y la destrucción de los más elementales términos de intercambio. Seguirá administrándose la escasez, sobre la premisa de que el pueblo chavista, cada vez más minoritario, se contenta con migajas y que las colas no importan. Los demás, es decir, la clase media de condición o de aspiraciones, que se frieguen. Sus votos no importan luego de las trácalas de Tibisay, con sus circuitos hechos a la medida. (Aún así, el riesgo de una derrota epocal del chavismo es cada vez mayor).

Estos estertores durarán más o menos. Puede que los precios reboten, entre otras cosas porque los esquistos tan apreciados para Estados Unidos requieren de precios altos para ser rentables. Puede que las bajísimas esperanzas que Chávez inculcó en el venezolano (un plato de comida es la suprema felicidad) sean satisfechas más o menos mediante racionamientos y saqueos programados. Pero ya ocurrió el quiebre, mucho más rápido de lo que cualquiera esperaba. El chavismo sobrevivió sólo pocos meses a su líder supremo, y menos aún a su esencia, altísimos ingresos petroleros con lo qué regalar unas cavitas que contentaban a una clientela que se conformaba con muy poco. Pero ya no más.

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