Luis García Mora
Comienza el año 2015 tal como se advirtió:
con los venezolanos requiriendo de un acuerdo mínimo para
sobrevivir y con la economía en barrena, como el precio del petróleo,
y los principales asesores gubernamentales alertando que Maduro debe de
recuperar la esperanza.
El modelo implosiona.
Y ya no caben aquellos malabarismos de
propaganda chata y burocrática, como decir que “las colas son de los
hijos de papá” desde un Gobierno que se quedó sin respuestas, que carece
completamente de visión y estrategia y que lo que puede provocar es una
desgracia.
Están rotos los circuitos alimentarios
en todos los rubros. Estamos ante una crisis alimentaria, hospitalaria,
sanitaria y de seguridad, pública y privada, de dimensiones
desconocidas. Por ahora, este clima sólo se expresa en las colas,
mientras desde el Poder prácticamente se le está pidiendo al país que se
sacrifique para sobrevivir… y para que Maduro sobreviva.
Pero lo único que están acentuando son
las posibilidades de que aquí materialice lo imprevisto: diariamente se
acentúa una insoportable y maldita sensación de cul de sac.
Sentenciaba el líder de la oposición
radical griega Alexis Tsipras (en su prólogo al libro de Pablo Iglesias)
que “los cambios traumáticos despiertan a la gente de la apatía con la
que contemplamos la política”. Y, en lugar de apatía, ahora hay rabia,
indignación, radicalismo y acción. Al menos en Grecia y en España. ¿Pero
y aquí?
¿Cómo podría despertar algo así en
Venezuela? Depende. Pero da la impresión de que hemos llegado a ese
punto de inflexión cuando (en manos de los ciudadanos) la democracia se
convierte en un arma. Y, como dicen allá en Atenas, “Somos muchos y cada
día somos más”.
Late en el clima sociopolítico una gran
marea de indignación: se piensa que presidente miente, que el gobierno
miente y que el régimen miente.
Se piensa que todos mienten, tratando de esconder la magnitud de la vaina.
*
Mientras algunos expertos en materia
económica lo que dicen es que o viene el colapso o que esto ya colapsó,
no sorprende que se diga que en el PSUV (es decir: en el Gobierno) se
estudia con suma atención el escenario de un conflicto social extendido.
Y, por supuesto, en las Fuerzas Armadas, donde existe preocupación con
relación a los Derechos Humanos en caso de que haya que apelar a la
fuerza, a la represión, porque (además de la no-prescripción del delito)
se tiene consciencia de la alerta atención mundial.
De aquí surge una gran
interrogante: ¿puede haber un desenlace antes de las presidenciales?
O dentro de la lógica política: ¿debe producirse una transición
encabezada por el chavismo sin Nicolás Maduro? Más allá: ¿y si una parte
importante del oficialismo (el que no está radicalizado) llega a la
conclusión de que ya el presidente Maduro forma parte de la crisis?
Porque si hay algo que debe interesarle al chavismo ante un cataclismo
político es conservar el Poder hasta donde sea posible, siempre
manteniéndose como una fuerza que trascienda la coyuntura.
¿Será capaz del chavismo de convencer a
Nicolás Maduro de que esto se le fue de las manos, de que lo rebasó y
que debe contribuir a facilitar las cosas?
Lo que se están moviendo son basamentos,
estructuras sólidas. Y es evidente que la caída de los precios del
petróleo, sumada a la caída de los inventarios y el añadido de que
afuera nadie le está dando crédito a nadie, ha hecho que el mazazo de la
crisis agarrara a Maduro y su gobierno desprevenidos.
*
Aunque hoy nos alarguemos, valdría la pena detenernos en algunas precisiones. Por ejemplo: ¿qué hacer con Maduro?
Es común escuchar en algunos sectores
que Maduro no ha sido Presidente desde el primer día, ya que lo
elemental de un Jefe de Estado es eso que llaman la psicología del Poder y sus
símbolos. Por ejemplo –y esto es algo que pudiera parecer baladí para
algunos ignorantes de los factores estructurales del poder–, Nicolás
Maduro no se ha podido mudar a La Casona, la residencia oficial de la
familia presidencial, La Casona. No le ha quedado más que aceptar que
ahí viva un subalterno sujeto a su nombramiento y
remoción: el Vicepresidente. Y todo por el hecho de que está casado con
la hija de quien dijo “por este hombre es por quien hay que votar”.
Una más: para algunos, Maduro es un
hombre que nunca ha podido descubrirse a sí mismo como Presidente a la
hora de jugar en el tablero interno e internacional y tomar grandes
decisiones de Estado, que se le han escapado por falta de libertad de
acción y pulso político de estadista. Como parlamentario y como
Canciller estableció relaciones que deben haberle dejado muchos amigos.
En Estados Unidos era amigo de nada menos que John Kerry, del conocido
“Grupo de Boston”. Hasta viajaron juntos: un conocido de Washington me
dijo que esa relación no cesó, pero no supo aprovecharla sino todo lo
contrario: “Lo confundió por aquello del embajador que sacó de aquí y
que porque no había pañales por culpa de él”. Incluso hay quien duda de
que Maduro tenga olfato político, tras año y medio yendo y viniendo a
Cuba para no darse cuenta (alguna señal, algo) de que Raúl Castro estaba
“cambiando de carro” con Washington.
Y no es que estaba encerrado en un
compartimiento aislado: en paralelo al diálogo de Raúl con Estados
Unidos Maduro aquí se estaba llevando a cabo otro “diálogo”, tan
importante como aquél, a raíz de las protestas de comienzos de 2014. Un
diálogo promovido nada menos que por UNASUR, con la iniciativa ejecutiva
de importantes cancillerías del continente y hasta por el propio Papa
Francisco, quien a su vez también facilitaba el de Cuba con Washington.
Aquella era una oportunidad de oro
que cualquier otro (con madera y coraje de verdadero estadista) hubiera
aprovechado para recolocar a Venezuela en el mismo tren de salida hacia
la modernidad en el que, además de México, se han montado el resto de
los países del ALBA.
Pero para eso se necesita pulso político y autonomía de vuelo.
Eso que le faltó para aprovechar
políticamente aquella oportunidad del llamado “diálogo económico” con
los empresarios. No dijo: Vamos a plantear una nueva ruta. Ni
siquiera algo parecido. Nunca se dio cuenta de que tenía a una oposición
y a un sector privado dispuestos. Como me supo decir alguien: “él
decidió (por alguna extraña razón ) sólo ser una mala copia de
Chávez”. Y así ha ido dejando atrás las oportunidades sin posibilidad de
recuperarlas.
Desde el 14 de abril, este hombre ha venido quemando lo que va andando.
*
Hoy Maduro está en su laberinto, parado
sobre esta situación donde la economía no da para más, el precio del
petróleo cae en picada, Cuba está en otra cosa y, además, él está
agotado políticamente: según los estudios, no tiene credibilidad ni
forma de refrescar su imagen. Ni en lo interno ni en lo externo. ¡Y
entonces va a Qatar y le dice a la prensa internacional que le prestarán
dinero y él les va a mandar alimentos, porque “estos países se
encuentran en el desierto, por lo que importan muchos alimentos”! Como
me decía alguien: “Estos tipos con sólo meterse en Google y ver las
imágenes de las colas y de los anaqueles vacíos debieron asombrarse. Ha
podido hablar de la Faja, de los contratos sobre infraestructura… pero
soltar ese gafe”.
Si tuviéramos que volver a hablar de los
símbolos de su Poder, si cuando se lanza este viaje no lo hace el jet
que se compró Chávez ni en “El Camastrón”. Ni siquiera en un avión de
PDVSA, sino en uno de Cubana de Aviación. Pedir prestado hasta el avión
para volar por una ruta confusa e improvisada en su diseño.
Y eso al venezolano tiene que dolerle.
Cuando uno echa un vistazo alrededor (por ejemplo: a los compañeros del
ALBA) y ve que Cuba “se monta en otro carro”, que Nicaragua se montó
hace rato y que Ecuador vuela mientras en Quito los cajeros automáticos
escupen dólares, no cabe más que preguntarse: ¿en qué planeta vive este
viajero que contempla las aguas de Argelia?
Como se preguntaba Vladimir Lenin. Como se pregunta el país. ¿Qué hacer?
Hasta el chavismo tiene puesto en la boca un “¿Qué hacemos ahora?”
Esperemos a ver. El juego apenas
comienza. Eso sí: amárrense el cinturón. Mejor dicho, citando a Luis
Herrera Campins allá por el Paleoceno, ya que esto se presenta rudo:
“Agarre sus alpargatas, que lo que viene es joropo”.
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