Alfredo
Michelena
La verdad es que la situación del régimen de
Caracas es comprometedora. No solo cada día recibe menos apoyo popular, como
los reflejan las encuestas nacionales, sino que en el ámbito internacional la
situación del país también causa mucha preocupación.
Cuando el chavismo se debía estar preparando para
su participación en el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas y en ese sentido debía buscar aliados en esa mesa
internacional, no se le ocurre sino llegar peleando. No solo peleó con el
gobierno de España, que se acaba de incorporar al Consejo, sino con el de
Chile, país que lo presidirá.
El Canciller chileno se “atrevió”- según el
régimen- a recordar, como miembro de la comisión que nombró Unasur
para buscar el dialogo en Venezuela, que su país "sigue estando interesado
en el entendimiento en Venezuela" y su disponibilidad para "hacer
gestiones de modo que ese país no vaya al enfrentamiento, por el contrario,
encuentre el camino al diálogo". Esto desató la ira del régimen que
ripostó diciendo, en un comunicado, entre otras cosas que “Venezuela es un país
libre, soberano e independiente, y por tanto no tutoriado ni monitoreado por
país u organismo internacional alguno”.
Lo preocupante del asunto es que Venezuela hizo lo
imposible para llegar al Consejo de Seguridad, institución que es por
antonomasia el organismo más interventor de las NN.UU. Esto presagia
la posición del chavismo en esa mesa grande. Pero también nos dice
mucho de la reticencia del mismo a buscar una salida negociada a la situación
crítica que vive el país.
Luego del zigzagueante periplo por el mundo a
sitios que o nadie conocía, o lo que puede ser peor, que no estaban programados,
Maduro vuelve con las manos vacías y sus opciones para superar la crisis se le
agotan, en una Venezuela que está en ebullición. Se presagia un año de alta
conflictividad social y política.
Hay un interés de la comunidad internacional para
que en Venezuela se retome el camino del diálogo, en especial luego del fracaso
de la gira. Fracaso que permite suponer que la crisis interna se hará más
profunda y, lo que es más grave, que podría salirse de control y llegar a un
enfrentamiento interno que nada bueno tendría ni para los venezolanos ni para
región. Lamentablemente la propia debilidad del régimen y la falta de liderazgo
de su conductor, hundido en un mar de contradicciones y grupos de poder
enfrentados, no presagia nada bueno. El régimen se cierra, justo ahora cuando
el apoyo internacional para buscar esa salida a través del dialogo es tan
importante.
Vía Bitácora Internacional
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