En: http://www.lapatilla.com/site/2015/01/22/vladimiro-mujica-travestismo-politico/
Vladimiro Mujica
Otro ciclo de travestismo político en Venezuela ha sido finalmente
consumado. Desde sus orígenes como una pequeña organización
cívico-militar de conjurados, presumiblemente nacida para superar las
carencias de la democracia representativa y detener el proceso de
exclusión y empobrecimiento del país, transformada en el camino en un
amplio movimiento popular, el chavismo ha devenido oligarquía corrupta
cuyos intereses de permanencia en el poder coliden abiertamente con los
intereses del pueblo venezolano.
Probablemente entre tantas cosas importantes que ocurren en
Venezuela, ya nadie recuerde el discurso de fin de año del presidente
Nicolás Maduro, recurriendo a una cita de Albert Einstein, que ya había
sido empleada por el vicepresidente Arreaza, sobre el significado de la
crisis. El acto de cinismo que representa el pretender apoderarse de un
pensamiento del gran científico y humanista (a quien probablemente se
perseguiría si trabajara en el IVIC) por gente que desprecia
profundamente el talento y la inteligencia, para justificar sus
desatinos como gobernantes, es verdaderamente enervante. Las crisis
auto-infligidas provocadas por incompetencia en la conducción de los
asuntos públicos ciertamente no caen bajo los eventos positivos a los
que Einstein se refería. No hay absolutamente nada meritorio ni digno en
destruir la riqueza y el patrimonio de una nación, generar un
conflicto, y luego pretender enaltecer la crisis provocada como si se
tratara de una bendición que nos hará fuertes y mostrará lo buenos y
trabajadores que somos los venezolanos. Y si, como señala Einstein, y
que Maduro reseña como si se tratara de una realidad externa a su
gobierno, la verdadera crisis es la incompetencia, entonces sabemos
exactamente a qué atenernos en el caso venezolano.
La usurpación y tergiversación de palabras que no les son propias,
con el propósito de confundir, engañar y retorcer la historia es de
proporciones bíblicas. Ya sentenció San Pablo en 2 Corintios 11: “13
Porque éstos también son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se
disfrazan como apóstoles de Cristo. 14 Y no es maravilla, porque el
mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. 15 Así que, no es extraño
si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo
fin será conforme a sus obras”. Muy poco hace falta añadir a la
descripción de la conducta de la oligarquía chavista que se puede
obtener de la sabiduría atemporal de la Biblia; quizás solamente que se
requiere un grado importante de retorcimiento ético y moral y de una
gran voluntad de manipulación política en gente que ostensiblemente
dedica mucho tiempo a pensar lo que dice y a construir realidades a su
medida.
Hasta qué punto se ha consumado una traición histórica, monumental,
contra el pueblo venezolano puede ser calibrado adecuadamente a través
de una simple comparación entre la Venezuela que recibió Chávez y el
desastre de país sobre el que preside Nicolás Maduro. Si uno quisiera
resumir en una sola línea lo que ha ocurrido tendría que decir que todo
lo que antes estaba mal está peor, y todo lo que podía servir para que
superáramos las indudables carencias de la democracia surgida del Pacto
de Punto Fijo está en peligro de desaparecer. No es solamente la
destrucción de la economía sino el empobrecimiento del espíritu
nacional, de nuestra gente, en todas sus dimensiones.
Viendo la naturaleza de la hecatombe nacional, mucha gente todavía se
pregunta: ¿Será que el gobierno no se da cuenta de lo que está pasando?
A esta duda yo he optado por responder sin miramientos: No es solamente
que se dan perfecta cuenta de lo que ocurre sino que la conversión de
la existencia de los venezolanos en un mero ejercicio de subsistencia es
un elaborado y diabólico modelo de control de la sociedad. La lógica
detrás de este razonamiento es muy simple y ha sido probada en otros
experimentos políticos de control social: En la medida en que la gente
debe preocuparse de todas las miserias e indignidades imaginables para
capear el temporal de la crisis generada por la incompetencia y la
corrupción de quienes dirigen el país, en esa misma medida pierden
energía para intentar cambiar su destino.
La última de las falacias que vale la pena confrontar es la que
sostiene que la crisis que está experimentando Venezuela tiene sus
orígenes en la caída de los precios petroleros. Nuestro país pudo
afrontar en otros momentos de su historia precios inferiores a 10$ el
barril sin colapsar. Lo que es distinto ahora es que durante la larga
noche del chavismo se ha exacerbado el rentismo petrolero, uno de
nuestros vicios culturales más acendrados, a niveles alucinantes. En
esto, como en otras cosas, lo que se encontró mal se entrega peor.
Nos aproximamos a un inevitable momento de inflexión, porque el
modelo chavista de manejo del país simplemente no da para más. Los
escenarios en que esta situación se puede resolver son todavía
inciertos, e incluyen por supuesto la radicalización represiva y
violenta del gobierno. Pero en cualquiera de los casos será
indispensable que las fuerzas democráticas del país se asuman como
resistencia ciudadana y dejen de percibirse simplemente como oposición,
lo cual requiere un determinado respeto a las reglas del juego
democrático y a la separación de poderes que ya no existe de facto en
Venezuela. Ambas conductas están permitidas por nuestra Constitución y a
ella debemos apegarnos para invocar la combinación de “calle y voto”
que constituye la orden del día para enfrentar la traición al pueblo.
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