Sunday, June 14, 2015

La historia de la arepa

EN: http://prodavinci.com/2015/06/14/actualidad/la-historia-de-la-arepa-por-pedro-correa-perez/

Pedro Correa López


No deja de sorprender que en nuestro país se hayan escrito libros sobre Bolívar ecologista o socialista y no se haya escrito una historia de la arepa. Más aún si consideramos que Perú de Lacroix dejó constancia de cuánto le gustaban al Libertador. Viene el libro de Miguel Dorta ¡Viva la Arepa!, publciado por Editorial Alfa, a llenar ese vacío.
Si bien Tulio Febres Cordero y Mariano Picón Salas habían escrito sobre nuestro plato nacional, sus ensayos, aunque profundos, no son obras de largo aliento como la que ahora presenta Dorta.
Hay en el libro pistas sobre por qué la arepa ha tenido que esperar tanto para que su historia sea contada. La arepa ha tenido que superar ciertos prejuicios. Sorprende, como lector de hoy, descubrir que a lo largo de la colonia y el siglo XIX estuvo considerada parte vital de la alimentación solamente de los sectores más bajos de la sociedad y por eso era apodada “pan de pobre”, a pesar de que las fuentes evidencian que también formaba parte de la dieta de losgrandes cacaos.
inter-vivalarepa.520.360Comienza el libro refiriendo una historia del maíz y de su importancia en las culturas originarias de América. Pero no sólo dentro del universo de mayas y aztecas, sino también para los ayamanes y los jirajaras en Venezuela, algo que se evidencia en Las Turas, una fiesta popular dedicada al maíz que todavía perdura en Falcón y Lara. También alude a cómo los españoles lidiaron con este nuevo cereal a su llegada a América: lo llamaron trigo de América, como una forma de hacerlo entrar sus cánones.
Es interesante descubrir cómo en la historia de la arepa se conjugan la permanencia y el cambio; el budare como adaptación del aripo indígena de barro; el aporte de la cultura africana con el pilón y sus cantos, y todos los esfuerzos desde el siglo XIX y XX para desarrollar procesos mecánicos para la elaboración de la harina de maíz, hasta llegar a la harina de maíz precocida y el tostiarepa, que permitieron la masificación de la arepa y el ajuste a los tiempos de la vida moderna.
Tantos esfuerzos de adaptación tecnológica sólo son explicables por el gusto que por las arepas hemos tenido los venezolanos.
La reflexión más sugestiva del libro quizás sea la de la arepa como artefacto cultural que, además, abre paso para que continúen investigaciones en ese sentido: preguntarnos cómo dejó de ser un simple plato gastronómico para convertirse en un elemento importante de la idiosincrasia del venezolano.
Piense en todas las cosas que asociamos con la arepa. El imaginario popular afirma que una arepita de manteca es el mejor regalo para mamá. En nuestro béisbol, un equipo celebra meterle nueve arepas al contrario. O cómo la palabra arepera pasó de designar a las mujeres que las vendían ambulantemente a nombrar a los establecimientos para su expendio que, por cierto, se han ido diseminando por el mundo (y donde no sólo se preparan arepas).
¡Viva la Arepa! es un bocado de una parte de nuestra historia que está más presente en nuestra vida que cualquier consigna del Libertador. Un bocado al que vale la pena seguir hincándole el diente.

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