EN: http://konzapata.com/2015/08/la-rabia-social-comenzo-hace-una-semana-en-san-felix/
Por Angel Medina Devis @angelmedinad.
Hace una semana, a los venezolanos, pero muy especialmente a los
guayaneses, nos agarró el día con noticias sobre alborotos y saqueos en el centro de San Félix, municipio Caroní.
Son múltiples las versiones que explican las razones que iniciaron una serie de eventos que lamentablemente dejaron
como saldo una persona fallecida, locales comerciales saqueados y la destrucción de instalaciones en un mercado.
Estos hechos lograron paralizar a toda Ciudad Guayana. Mercados, centros comerciales, comercios grandes,
medianos y pequeños, tuvieron que bajar sus santamarías para resguardar o prevenir que fuesen tomados por
asalto. Toda una ciudad se paralizó, en una especie de toque de queda no oficial, donde cada cual prefirió
resguardarse en su casa a la espera que la calma volviera a reinar.
Como dijimos, son muchas las explicaciones que se dan. Las versiones indican que el detonante fue un aumento
inconsulto y abusivo de más de 50% en la tarifa del pasaje urbano por parte de la flota gubernamental de autobuses;
otros indican que todo se inicia cuando en un expendio de alimentos, propiedad de ciudadanos chinos, se redujo la
cuota de alimentos regulados que le tocaba a cada comprador, pasaron de unos cuantos paquetes de harina, aceite o
azúcar a una sola unidad por persona.
Lo cierto es que desde muy temprano, las redes sociales reseñaban la situación y colocaron como protagonistas a los
miles de ciudadanos que se dieron a la tarea de informar, desinformar, colocar imágenes, vídeos, reseñar y dar la
discusión. Fue en ese escenario del mundo virtual, donde los hechos se hicieron reales para todos los venezolanos,
fueron las redes sociales las que hablaron e hicieron público algo que por norma natural debieron hacer los medios
de comunicación tradicionales. Sin embargo, éstos guardaron silencio. Decidieron transmitir la versión oficial de todo,
apagar los micrófonos a la opinión y posturas. La marca de su proceder fue la respuesta del miedo que, sin duda,
dejó la amenaza que diera de forma velada el presidente de Conatel.
Ese viernes fue un día anormal en un país anormal. Esos hechos dejaron claro que tenemos un trastorno real como
sociedad, que la muerte de un ciudadano es poca cosa como para provocar una conmoción de opinión, demostró lo
terriblemente consternados que vivimos, como esperando que algo suceda y a la vez deseando que no pase.
En San Félix claro que saquearon, quemaron y rompieron, pero también en otras partes del país. En cualquiera de las
interminables colas que se hacen para todo, hubo peleas, enfrentamientos, golpeados, robados, cansados, burlados y
desesperados. En tantas partes de nuestras Venezuela todos los días se producen desencuentros que suman a la
conflictividad social, que alientan la impaciencia y siembran de a poquito desesperanza en millones que viven cada
vez peor.
El tema es que algo cambió hace una semana. Se sumó un nuevo elemento a la locura de país que padecemos. Los
niveles de respuesta social se hicieron más explosivos y se creó una nueva matriz de respuesta ante la rabia y
frustración. Los procesos sociales son complicados, con tiempos difíciles de predecir, pero algo sí tiene una sociedad:
y es que sus respuestas se fraguan de a poco y se manifiestan como una reacción en cadena, por imitación, por
adición a la propuesta de otro.
Pues bien, el país se ha enterado de lo que sucedió hace una semana en Guayana, por más que los medios no
hablaron. La gente de a poco fue conociendo lo sucedido y ahora pareciera que la permisividad de la expresión social
puede llegar a rebelarse contra la idea de la propiedad privada.
Durante esta semana lo hemos visto, muchos que durante mucho hicieron colas, aguantaron sol parejo y se calaron
la actitud de uno que otro guardia grosero, decidieron dar el paso que otros ya dieron e intentar sobrepasar la
barrera, sacar lo que no compraron, caerle como turba a aquello que tanto se necesita y pusieron la baranda más
baja.
Hace una semana algo nuevo entró en la escena y por más que se acuse al bachaquero, a los desestabilizadores y al
Pentágono, debe verse con cautela, prevención e inteligencia. Hace una semana se sumó un nuevo elemento y no
entenderlo preocupa, subestimarlo alarma.
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