Friday, October 7, 2016

El vuelo del aguilucho

Nota del Blog: Desde este Blog enviamos nuestras felicitaciones al distinguido profesor y amigo, Antonio Paiva Reinoso, por haber cumplido recientemente 75 años de fructífera existencia.

EN: Recibido por email

Brigitte Duplat Villar
Lic en Comunicación Social. UCAB
Caracas, 26 de enero de 2015

Antonio Paiva en la actualidad es consultor económico y profesor de la Universidad Central
de Venezuela. Su manera de interpretar la historia se basa en su experiencia de militancia,
revolución y lucha ideológica que hizo que dejara huella en la historia política venezolana
Simpático y amable, con una voz imponente, el profesor ucevista cuenta con al menos
1,85 metros de altura, de tez morena clara y cabello canoso. Siempre sonriente, con un
vocabulario extenso y habla pausada que demuestra como en su intelecto las palabras se
fusionan, como si constantemente estuviese en la búsqueda de las palabras adecuadas.

Desencadenado completamente de las teorías que solía respaldar, de autores distantes en
el tiempo, que hablan de la revolución como la manera que tiene la historia de corregirse
a través de sucesos violentos. Antonio Paiva Reinoso encarna esa misma revolución,
llevada a cabo gracias a una increíble valentía, casada con una extraordinaria inteligencia y
una conciencia política e histórica única. Todo esto como resultado de una vida llena de
luchas y de la búsqueda constante de conocimiento y de evolución.

El joven caraqueño, fue estudiante de liceo en tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez.
Estudió bachillerato en el Liceo de Aplicación, un centro de estudio con excelente
reputación para la época, pionero en América Latina, tal como él mismo afirma, de gran
apertura intelectual e ideológica. Para ese tiempo, el joven Paiva ya se desempeñaba
como líder innato, siendo el presidente del centro de estudiantes para el año en que
caería Pérez Jiménez.

Desde temprana edad comenzó su inclinación por los movimientos revolucionarios de la
izquierda venezolana, aunque siempre fue muy conservador con sus acciones, sobre todo
con su familia, según explica su primo hermano Nelson Reinoso Lozada.
Así fue como empezó sus estudios en la Universidad Central de Venezuela en la facultad
de Ingeniería. Para entonces, Rómulo Betancourt ya estaba en el poder. Y Paiva, como
muchos jóvenes de la época, se unió al movimiento revolucionario con la juventud
comunista.

En ese momento, ocurrió un hecho importante en la historia latinoamericana: la
insurgencia de Fidel Castro. Esto deslumbró a la juventud en América Latina y en casi todo
el mundo. “Muchos de mi generación asumimos una conducta militante contra las
injusticias que veíamos en aquel momento y nos empezamos a preparar para la lucha
armada”, recordaba el para entonces estudiante universitario.

Fidel representaba la contrapartida de Rómulo Betancourt, quien proponía un gobierno
de cambio, por la vía evolutiva democrática. Fidel por el contrario, pensaba en el cambio
por medios violentos y buena parte de la juventud siguió esas ideas. Los movimientos
revolucionarios, intentaron llegar al poder por la vía armada, eso explica toda esa
insurgencia que había en la juventud de ese momento, según afirma Tomás Straka,
profesor del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello.

El ilustre economista cuenta cómo empezó su disputa con la causa revolucionaria: “Nos
estábamos preparando para la lucha armada, para entonces el gobierno ya tenía
información de la situación, por lo que empezó la persecución y la represión. El primero
de noviembre de 1961, ocurre un accidente fatal que marcó en gran medida el
movimiento que llevábamos: la muerte de Livia Gouverneur, una estudiante de psicología
de la UCV revolucionaria, quien junto a otros estudiantes, realizaron un ataque armado a
una casa de refugiados cubanos Batisteros”.

Hubo confrontación y disparos, lo que ocasionó un accidente fatal. A alguno de los que
estaban participando allí, se le fue un tiro, acabando con la vida de Livia. En la lucha
política, el hecho se transformó en que había sido el gobierno quien la había asesinado.
Aunque al final las investigaciones demostraron que fue un accidente, Livia pasó a ser un
ícono, una figura política de lucha. Por lo que se planificó crear una operación que llevaba
su nombre. Que posteriormente a los que participaron en dicha insurrección fueron
bautizados como “Los Aguiluchos”.

Cambiando la palabra escrita por el fusil
En las portadas de todos los diarios nacionales del 28 de noviembre de 1961 y en el
Últimas Noticias con una cobertura de cinco páginas, el país amanece con la noticia de
que el día anterior, cinco jóvenes, todos en apenas la segunda década de su vida: José
Rafael Bosque, Efraín Enrique León, Rubén Palma, Antonio Paiva Reinoso y Girman
Bracamonte, habían secuestrado un avión DC-6 de Avensa, que viajaba de Caracas a
Maracaibo con 41 pasajeros. Y bajo el nombre de “Operación Livia Gouverneur”, desde el
cielo cubrieron a Caracas con una profusa lluvia de volantes con consignas de protesta
contra el gobierno de Rómulo Betancourt.

“Tomamos el avión, repartimos un millón de volantes sobre la ciudad y le dijimos al
mundo que en Venezuela había un movimiento revolucionario que quería tomar el poder.
Después de sobrevolar Caracas, nos dirigimos a Curazao para pedir asilo político, el cual
nos fue negado. Nos devolvieron a Venezuela y pasamos cinco años presos en la Cárcel
Modelo de Propatria, cumpliendo nuestra condena sin indulto y sin ningún tipo de gracia”
recuerda El Aguilucho.

La prensa de esos días que tenía un corte evidente de gobierno, afirmaba que los cinco
“terroristas” buscaban ir a Cuba luego de cumplir su misión, afirmación que desmintió
contundentemente el autor, aclarando que su movimiento si bien seguía los ideales
comunistas, siempre se marcó una clara separación entre los cubanos y los venezolanos,
de hecho, el Partido Comunista Venezolano, fue el único en el mundo en contrariar
órdenes del partido de Fidel Castro.

Según Nelson Reinoso Losada, el aprisionamiento tomó a la familia de Antonio por
sorpresa. Sin embargo, siempre se avocaron a darle todo el apoyo en sus años entre rejas.
Asimismo, el primer matrimonio del Aguilucho –de al menos cuatro– según afirma su
primo, fue en 1965 en la cárcel, con la joven también revolucionaria Sol Aranda, unión de
la cual nacieron sus dos hijos mayores.

De las rejas a las letras y a la reflexión
En esos años de aprisionamiento, el profesor Paiva dedicó sus horas a leer –todo lo que se
le atravesara– a prepararse y a empezar a reflexionar sobre las bases y la aplicabilidad de
sus ideales.

Con sus propias palabras: “En la cárcel aproveché para estudiar, a hacer mucha actividad
intelectual. Eso me permitió leer las fuentes del Marxismo, como El Capital. Aunque
también leí libros como la biografía de Santo Tomás de Aquino, otra de San Agustín; me
leía intelectuales franceses que no eran comunistas, leía a Trotski, que era de un
pensamiento mucho más amplio. Devoraba cuanto libro cayera en mis manos”.
“Un poco ahí empezó la ruptura. Algunos de nosotros empezamos a verle huecos y
filtraciones a ese totalitarismo Marxista. Y en la práctica, a darnos cuenta de que la lucha
que se estaba haciendo en Venezuela, estaba plagada de errores, de situaciones
absolutamente inconvenientes, y que había una desviación militarista dentro del
movimiento revolucionario”, explica el economista.

El hombre de a pie
Antonio Paiva cumplió sus años de condena y se graduó en Economía. De estudiante fue
preparador de materias como estadística y matemáticas, “Antonio tiene una gran mente
analítica y una formación cuantitativa extraordinaria” como afirma su colega y compañero
de estudios, Arlán Narváez.

Luego de su graduación, empezó a trabajar inmediatamente como consultor económico a
la vez que ejercía como profesor, esencialmente en la UCV.

En su vida familiar tiene un modelo que dice que ya no puede repetir esta generación.
Tuvo seis hijos, todos graduados, y exitosos. “No puedo sentirme más feliz y orgulloso de
mi familia, pues aun llevando el lastre de un padre como el que tienen, todos son
profesionales y felices”.

“Siempre seguí como padre aquel poema tan hermoso que escribió Andrés Eloy Blanco:
–por mí, ni un odio hijo mío, ni un solo rencor por mí–. Criando a mis hijos en un ambiente
de amor y perdón dejando atrás hechos que ciertamente marcaron mi vida, como
episodios de tortura y violencia en los tiempos en prisión, dejando más que cicatrices en
mi memoria, que nunca permití que mis hijos conocieran”, comenta con tono cariñoso y
profundo.

En respuesta a la pregunta de quién se considera Antonio Paiva Reinoso en la actualidad,
responde que hoy en día es una persona esencialmente demócrata, defensor de la libre
empresa, respetuoso de los valores y de las tradiciones de la igualdad, de las personas,
de la raza y género. “La libertad es lo esencial”.

He cambiado de posiciones pero siempre he creído estar en lo correcto
“Al menos eso quiero creer, obviamente he cometido errores, de joven era muy
vehemente, creo que he debido ser un poco más amplio, a pesar de que tuve una
formación intelectual de cierta apertura y amplitud, en la conducta creo que también fui
extremista, y considerábamos que los que no pensaban como nosotros, no solo estaban
equivocados, sino que eran perversos y mala gente, lo cual es un error”. Admite el
profesor universitario.

“Ahora, en lo fundamental, creo que no me arrepiento de lo que he hecho en la vida,
siempre he asumido las responsabilidades de mis acciones y a mis hijos y nietos, trato de
enseñarles que sean auténticos y se guíen de los valores que son los que permiten que la
gente progrese”, reflexiona El Aguilucho del secuestro de un avión en el sesenta y uno.

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