Fermín Lares
El método previsto en la Constitución de Estados Unidos para elegir al presidente de la nación le dio el triunfo a Donald Trump en las elecciones de noviembre y el lunes pasado también se lo podía quitar.
Como se sabe, el presidente de los Estados Unidos es elegido por instancias estadales que deberían corresponderse con los resultados de la votación popular por cada candidato presidencial en sus estados. Estas instancias, los llamados colegios electorales, son constituidas por un número de miembros igual al que cada estado tiene representado en ambas cámaras del Congreso, excepto el Distrito de Columbia, que designa un número igual que el del estado que tenga menos representantes en el Congreso (actualmente Wyoming, que cuenta con tres).
A pesar de que los miembros de los colegios electorales se comprometen a votar por el candidato del partido que los eligió como tales miembros en cada estado de la Unión, el ejercicio del sufragio es individual y, constitucionalmente, debe reflejar la voluntad exclusivamente de quien vota como miembro del colegio. Este hecho movió recientemente a un par de movimientos anti Trump a desarrollar una campaña, si no para frenar, por lo menos para hacerle incómoda a la ex estrella televisiva de El Aprendiz su llegada a la primera magistratura.
MoveOn.org, una organización de tendencia “progresista”, promovió en las últimas semanas, principalmente por las redes sociales, que los colegios electorales rechazaran a Trump como presidente. La otra es Hamilton Electors (Electores de Hamilton), un movimiento mayormente integrado por afiliados al Partido Demócrata, que decidió no solo lanzar su campaña por Internet, sino que promovió manifestaciones en distintas legislaturas regionales del país, en un intento por convencer como mínimo a 37 miembros de los colegios electorales a que votasen por otro candidato del Partido Republicano, para dejar a Trump con 269 votos de los colegios e impedirle la mayoría que le otorgó la victoria frente a Hillary Clinton.
Este lunes, en efecto, la mayoría de miembros de los colegios electorales votó por Trump. Pero no fueron todos los que se creía que votarían por el famoso empresario. En Tejas, dos electores de Trump lo abandonaron, uno votó por John Kasich, el gobernador de Ohio, y el otro por el ex diputado tejano Ron Paul, ambos republicanos.
Un poco sorpresivamente fue que también hubo electores que desertaron de Hillary Clinton. En el estado de Washington, donde la candidata ganó el voto popular en noviembre, tres de los 12 electores del estado votaron por el ex secretario de Estado, Colin Powel, y uno por el líder indígena Faith Spotted Eagle (Águila Moteada por la Fe), quien se opone a la construcción del oleoducto de acceso por Dakota, que ha generado semanas de protesta de diversas tribus norteamericanas. En Hawaii, otro elector demócrata votó por Bernie Sanders. En Colorado, Maine y Minnesota, hubo tres respectivas rebeliones contra Clinton. Dos electores fueron reemplazados por otros afectos a la ex primera dama y el tercero, que inicialmente se manifestó por Bernie Sanders, terminó votando por la nominada demócrata.
Los colegios electorales fueron instituidos por los fundadores del Estado norteamericano con el mismo espíritu con el que crearon las dos cámaras en el Congreso y, en general, el sistema de controles y balances entre los tres principales poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); todo para evitar que el poder se concentre en un solo individuo, o en grupos, y especialmente para proteger a las minorías de las mayorías.
Los padres fundadores estadounidenses le tenían particular aversión al mandato desbordado de las turbas, y de modo destacado, Alexander Hamilton, tan de moda hoy por el realce que le ha dado a su grandeza el famoso musical de Broadway. James Madison fue el principal redactor de la Constitución de los Estados Unidos, mientras que Hamilton fue su principal promotor, y una vez en el gobierno, el gran arquitecto del Estado norteamericano.
Buscando que la Constitución fuera ratificada en Nueva York, Hamilton escribió una serie de ensayos publicados en la prensa de la época para promover los beneficios de la novedosa Carta Magna. Reclutó a Madison y a John Jay para que lo acompañaran en esa campaña, y ello sirvió también para que Virginia y otros estados se adhirieran a la causa. La mayoría de los ensayos fueron de la autoría de Hamilton y finalmente fueron recopilados como Los Documentos Federalistas (The Federalist Papers).
El tema de los colegios electorales fue aludido en el Federalista N° 68, escrito por Hamilton, y fue a este ensayo al que apelaron en las últimas semanas los contrarios a la escogencia de Trump por parte de estos modernos colegios electorales.
El propósito de los colegios, según Hamilton, es el de asegurar que “El cargo de presidente nunca caiga en manos de ningún hombre que no esté en un grado eminente dotado de los requisitos necesarios".Los electores evitarían el "tumulto y el desorden" que resultarían de los "talentos de la intriga baja y de las pequeñas artes de la popularidad". Según Hamilton, los colegios electorales podrían ser una barrera contra "el deseo de las potencias extranjeras de obtener un ascendiente inapropiado en nuestros consejos".
Estas citas del Federalista N° 68 y algunas otras recuerdan la naturaleza del ganador de las elecciones presidenciales de noviembre y sus posiciones, sobre todo el modo como ha asumido el debate sobre la intromisión rusa en aquellos comicios, que no la cree, y su apego a la defensa de su popularidad por encima de todo.
Este lunes los electores de cada estado votaron por el presidente y por el vicepresidente, separadamente. Sus boletas electorales se enviaron al presidente del Senado (el vicepresidente del país), quien las contará oficialmente en sesión conjunta del Congreso el próximo 6 de enero. Si la última campaña contra Trump hubiera tenido éxito, y ningún candidato hubiera obtenido una mayoría de los 538 electores de los 50 estados y el Distrito de Columbia, la decisión de quién sería el presidente hubiera recaído en la Cámara de Representantes del Congreso, donde los republicanos tienen una cómoda mayoría. A lo más que los grupos anti-Trump hubieran podido llegar era simplemente poner a prueba a los congresistas del Partido Republicano, que han dado muestras suficientes del respaldo otorgado a su nominado.
Los actores del musical “Hamilton” increparon no hace mucho en el propio teatro de la obra al vicepresidente electo, Mike Pence, a que les garantizara que sus derechos individuales les fueran protegidos en la futura administración Trump. El elenco del musical de “Hamilton” está compuesto mayoritariamente por actores latinos y de raza negra; en el mundo del espectáculo no escasean artistas de tendencia homosexual, y el propio personaje inspirador del drama cantado era un inmigrante. Ninguna de esas condiciones es favorecida por las políticas y posiciones que Trump y Pence estimularon durante su campaña electoral, y en el caso del vicepresidente, por las legislaciones que ha promovido en el Congreso y en el estado de Iowa, donde actualmente es gobernador.
Hamilton ha estado persiguiendo últimamente a Trump y a su futuro gobierno, desde el arte y desde las letras de su mejor obra intelectual.
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