Wednesday, December 21, 2016

La doble moral

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María Amparo Grau

En entrevista sobre la revolución cubana realizada en una emisora de TV española, una dirigente política de origen cubano, Rocío Monasterio, se refirió a la doble moral de quienes alaban la fracasada revolución cubana.
Dos sentencias demoledoras se derivan de las consideraciones que realiza la entrevistada, y que son bien aplicables al caso venezolano. La primera, que el éxito de la revolución no se puede medir desde el punto de vista de la ideología, sino de la realidad de los hechos. La segunda, que este tema no se puede discutir con personas adoctrinadas, porque esa característica les impide ver la verdad o en todo caso les lleva a distorsionarla por completo.
En este sentido, desde el punto de vista de la realidad de los hechos es evidente que la revolución chavista es un proceso político que se basa en el desconocimiento del derecho como principio de organización jurídica del Estado; son demasiados los casos que lo evidencian. Siendo ello así, mal puede reclamar un Estado bajo su egida, la pertenencia a organizaciones internacionales en las que, precisamente, el sometimiento de la autoridad a derecho es requisito condicionante de los miembros que la integran. Negar esta realidad u omitir la certidumbre de su existencia es actuar con doble moral.
La doble moral en este sentido es no sólo de la dirigencia que invocando el derecho que flagrantemente aplastan pretende justificar acciones violentas, sino también la de quienes desde ese foro internacional evaden pronunciar su condena ante la gravedad de las violaciones a los derechos humanos y hasta se permiten conceptos elogiosos para quienes conducen o participan en estas acciones criminales. 
Ejemplo de ello la reciente conducta desplegada por la canciller venezolana, al invocar el derecho a la mujer para por vía de la fuerza pretender entrar a una reunión de alto nivel a la que el país no había sido convocado, por las razones que fueren, eso poco importa, lo cierto es que invocando un derecho que no venía al caso, intentaba justificar su antijurídica conducta. La misma doble moral  puede predicarse respecto del mediador internacional que considera simpático a uno de estos agentes del Estado o la de todos quienes bajo la excusa de la no inherencia omiten involucrarse para disentir abiertamente de estas prácticas contrarias a derecho que se llevan a cabo desde el poder y en contra de la población civil.
En este mismo orden de ideas constata un Estado que reiteradamente actúa al margen del derecho, la medida carente de toda planificación y base científica, de desmonetización del billete de cien bolívares, otorgando un plazo absurdo y perentorio para su cambio y en consecuencia produciendo un decomiso írrito y la violación de los derechos de todos aquellos quienes por las razones que sean no concurran a la institución bancaria  para proceder a su entrega antes de la arbitraria fecha. ¿Por qué es esto un inconstitucional comiso?, porque en derecho y de acuerdo a la Constitución vigente, la propiedad no puede ser desconocida ni arrebatada por el Estado, a menos que se produzca el pago a cambio de la justa, debida y oportuna indemnización. El dinero es un bien y por ende susceptible de ser apropiado y dispuesto por los particulares.  Que el Estado desmonetice el billete de 100, no lo autoriza para desposeer a los ciudadanos del valor que el representa, lo cual realiza mediante el establecimiento de un plazo perentorio para su intercambio.
Esta vía de hecho confiscatoria de la propiedad es susceptible en teoría de demanda, incluso de una class action o acción colectiva, por lo cual quienes no han podido o no puedan en definitiva realizar el cambio de ese dinero en el arbitrario plazo, siempre podrían conservarlo en la esperanza de que dentro de un Estado de derecho, si éste vuelve algún día a recuperar su vigencia en Venezuela, la justicia imponga al Estado la obligación de reparar los daños y reconocer el valor actualizado al momento del pago, para que los propietarios de esos billetes vean restablecido su derecho a la justa indemnización.
Dice la entrevistada española que la muerte de Fidel significa la posibilidad de acabar con el castrismo que lo que produjo de acuerdo a la verdad de los hechos es la miseria absoluta y la falta de libertad, y que para ello no hay que ir a la ideología sino a la triste realidad de los cubanos que no saben lo que van a comer mañana. En esa misma realidad se halla hoy la población venezolana y sólo desde una doble moral o de un triste adoctrinamiento se puede explicar cualquier  opinión  favorable para estos procesos que en los hechos ponen de manifiesto que a sus líderes lo único que en verdad les interesa es el poder, político y económico, y mantenerse en esta posición a toda costa, aún permitiendo el caos y la anarquía, como la que se ha vivido en los últimos días en el país.

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