Sunday, January 8, 2017

El populismo musical de Gustavo Dudamel

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Alicia Freilich

Después de ver más que oír el concierto Fin de Año que se efectuó con la excelente Orquesta Filarmónica de Viene dirigida esta vez por Gustavo Dudamel, me propuse un experimento. Busqué un viejo LP y el aparato tocadiscos de aquellos antiguos pero renovados por una firma norteamericana, para escuchar con ojos cerrados, los mismos valses de Johann Strauss. Luego reviví en DVD una famosa película hollywoodense muy romántica de los años cincuenta, con fondo musical de esas piezas ya estándares.
Para quien ame la música de todos los géneros, al modo de una segunda respiración en una zona sagrada, con la actitud idéntica de quien asiste a un acto litúrgico cantado por coros y solistas, alguien que sin ser especialista reconozca nombres de compositores en un menor plano de interés y se concentre solo en la magia de los sonidos, puede resultar muy claro lo que Ibsen Martínez sugiere en su reciente artículo sobre ese concierto. También estoy muy prejuiciada sobre Gustavo Dudamel desde aquella tarde… Teatro Teresa Carreño, el joven director frente a la orquesta de turno y a pocos metros, en la que fue plaza Morelos, una manifestación precisamente de jóvenes que protestaban otra vez contra una fechoría de la gobernanza chavista y, de nuevo, concentración disuelta violentamente por los organismos policiales del régimen.
El talentosísimo GD, cuenta la crónica periodística, no se inmutó, el show debía continuar acompañado por el ruido exterior de la grotesca irrupción gubernamental, y mucho menos dijo alguna frase solidaria para sus hermanos y paisanos al concluir el evento. En términos simples, talento sin probidad, “azote” lo llamó Simón Bolívar. Hoy día se puede considerar, más bien, talento cerrado solo para una especialidad que colma el ego artístico bloqueando la mínima sensibilidad humana requerida por quien se dedica al arte en cualquiera de sus expresiones.
Me pregunté cuánto de los elogios que ha recibido y recibe este profesional de la música se originan en su extraordinaria capacidad histriónica que en este concierto televisado, cámara sobre su rostro, mostraba rictus, sonrisas gélidas, brincos inusitados, sin olvidar sus rizos, esta vez un tanto reducidos, contrastaban con los peinados vieneses tan lisos y recatados. Qué sería de Gustavo con un corte de varón a la moda actual casi al rape y moviéndose con el equilibrio requerido por un guía de intérpretes como los de esa noche, que pueden hacer la mejor música sin histriones mimados por el culto personal y los opaquen hacia un plano secundario cuando son los protagonistas.
Es que el populismo teatral invade hoy todas las esferas. Se trata de un opio hipnotizador en todos los ambientes. La fachada, en figuras actorales que se asumen como personajes a la manera de Hugo Chávez, con algunas habilidades indudables, es fundamental para convencer y arrastrar multitudes.
Es una verdadera lástima. Los “vunder-kinder” o jóvenes asombrosos son prodigios utilizados por comerciantes de toda laya, en este caso por una pandilla narcocorrupta incapaz de construir una sola institución cultural que merezca mencionarse y se sirve del pedagógico y exitoso Sistema de Orquestas fundado en democracia, para propaganda de su fracaso político. Genios precoces concluyen su intensa, rápida carrera, sacrificados por el exhibicionismo y de manera muy cuestionada.
Hay otros músicos de su mismo rango en Venezuela, también jóvenes, magníficos pero serios, mesurados, pendientes de su trabajo más que del efecto teatral de sainete emanado de su batuta, señas o morisquetas.
Serán los que perduren limpios y admirables todo el tiempo, sabio juez implacable.

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