Gustavo Coronel
Eduardo
Fernández es un venezolano inteligente y ha tenido una limpia
trayectoria democrática. Por eso no logro comprender como dice lo
siguiente: “el inicio de un año nuevo siempre debe ser abordado con optimismo y con ilusión. Me
dirán mis apreciados lectores que habría que ser muy optimista para
imaginar que el año nuevo nos pudiera traer, por ejemplo, un gobierno
nuevo. Un
gobierno que surgiera del acuerdo entre gobierno y oposición. Un
gobierno que fuera producto del diálogo y de la apreciación de la crisis
que está viviendo Venezuela”.
Para
Fernández la solución a nuestra tragedia es la formación de un gobierno
negociado integrado por miembros de la oposición y del régimen, surgido
del “diálogo” y de un acuerdo entre ellos. Y cita como vigente la
consigna de Cipriano Castro de 1898: “Nuevos hombres,
nuevos procedimientos, nuevos ideales”.
Para
Eduardo Fernández “el país
necesita un cambio de gobierno. Lo ideal sería que ese cambio de
gobierno fuera resultado de un gran acuerdo nacional, con una agenda muy
clara y muy precisa, y con una composición humana que incluya a la
gente más competente del país”, un
gobierno que pueda recibir el respaldo de todo el país: el ejército, la iglesia, los empresarios y los trabajadores. En suma: “un gobierno de unidad nacional”.
Para
Fernández la solución para resolver el estado de infección que tiene a
Venezuela al borde de la muerte no es eliminar la infección sino mezclar
el pus con glóbulos blancos, diluyendo la infección sin eliminarla.
Pide la coexistencia pacífica del régimen con
la oposición, pide un arroz con mango moral, la cuadratura del círculo
ético. Si hubiera vivido en la Alemania de Hitler pediría un gobierno de
coalición nazi-judío, como si la solución de problemas que atañen a la
ética colectiva pudiesen resolverse creando
un híbrido moral bueno-malo, un cóctel de pus y glóbulos blancos, que
no fuera ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.
¿Cómo
se llegaría allí? Pues, muy fácil, a través de un diálogo, de una
negociación, de un arreglo con el régimen, lo cual solo requeriría hacer
ciertas concesiones, como también lo piden el Sr. Manuel Rosales y el
Sr. Henri Falcón.
Lo
único que tiene de positivo esta postura es que termina por deslindar
la oposición verdadera de la oposición falsa. Esta mezcla de pus con
glóbulos blancos conduciría a la sobrevivencia de la infección y a la
progresiva conversión de los glóbulos blancos en
pus. Como dice el ex-presidente de Costa Rica, Oscar Arias:
“Cualquier sombra de justicia que quedara aún en el régimen chavista se disipó en el año 2016. Las violaciones a los derechos humanos no solo continuaron sino que se profundizaron. Antes que nada, está la terrible afrenta de un régimen que se aferra a sus delirios políticos y a sus teorías de la conspiración frente a un pueblo que padece hambre. A eso se suma la situación de los presos políticos, que no solo sufren prisión por el hecho de pensar distinto sino que además padecen enfermedad y condiciones infrahumanas frente a la total pasividad de las autoridades venezolanas. La historia juzgará a quienes, sabiendo lo que ocurría en Venezuela, decidieron mirar en otra dirección”.
“Cualquier sombra de justicia que quedara aún en el régimen chavista se disipó en el año 2016. Las violaciones a los derechos humanos no solo continuaron sino que se profundizaron. Antes que nada, está la terrible afrenta de un régimen que se aferra a sus delirios políticos y a sus teorías de la conspiración frente a un pueblo que padece hambre. A eso se suma la situación de los presos políticos, que no solo sufren prisión por el hecho de pensar distinto sino que además padecen enfermedad y condiciones infrahumanas frente a la total pasividad de las autoridades venezolanas. La historia juzgará a quienes, sabiendo lo que ocurría en Venezuela, decidieron mirar en otra dirección”.
La
senda que transitan Fernández, Rosales y Falcón va en esa otra dirección, conduce al abismo moral.
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