Tuesday, March 21, 2017

Gustavo Coronel: REFLEXIONES SOBRE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA

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Gustavo Coronel

Eso de ser de izquierda o de derecha, utilizado con fines  de definición de una persona, siempre me ha parecido estúpido. Asnos como Maduro hablan de la derecha como el gran enemigo: la derecha asesina, la derecha ladrona, la macabra derecha, etc. Al oír estas burradas mucha gente se amilana y se defiende diciendo que “no son de derecha”. En Venezuela decirle a alguien que es de derecha es un insulto. Hasta los políticos más conservadores dicen que ellos no son de derecha y que “son honestos y patriotas”, dando por sentado que quienes son de derecha son ladrones y no aman a su país. Esto es una necedad de marca mayor.

 Por años se ha instalado en Venezuela un dogma ridículo según el cual todos debemos ser de “izquierda”. Es decir, “progresistas”. Como si los conservadores no pudieran ser progresistas, en su definición correcta de promover el progreso. ¿O es que Lorenzo Mendoza no ha promovido más el progreso en Venezuela que Fernando Soto Rojas? ¿O es que Uslar Pietri no nos ha enseñado un camino más claro hacia el progreso que el que nos enseñó Hugo Chávez?
Con la salida de Inglaterra de la Unión Europea hemos comprobado el arroz con mango ideológico que existe sobre “izquierdas y derechas”. Trump (“derecha”) lo celebra como un gran triunfo, así como lo hacen los articulistas de www. aporrea.org   (“izquierda”).     
¿ Dónde está la izquierda  y donde está la  derecha?
Deberíamos, quizá, diseñar un  “Izquierdímetro” o un “Derechómetro”, para tratar de ver cuál es la verdad en este absurdo ideológico en el cual están envueltos los venezolanos. Puede hacerse en base a preguntas como estas (algunas son solo aplicables a los ancianos):

PREGUNTA                                                            RESPUESTA             ERES DE      
 Billo’s o Luis Alfonzo Larraín?                     Larraín                          Derecha
Oly Cemente o Yolanda Leal?                        Leal                                Izquierda
Magallanero o del Caracas?                      Magallanero                     Izquierda
Buenmozo Luis Beltrán Prieto?                     No                                 Derecha
Plajanov o a Nabokov?                                   Plejanov                          Chocho                
Shostakovich o Rachamaninov?                  Ambos                            Derecha
Rechazas o aceptas el aborto ?                   Rechazas                         Derecha
Calentamiento global                                           No                              Izquierda
Fidel Castro dictador?                                          Si                                 Derecha
El petróleo monopolio del estado?                   Si                                 Izquierda
Prefieres el ron o el whisky?                         Ambos                             Izquierda

Por supuesto, esto es una broma. Es ridículo tratar de encajarnos en uno u otro cubículo ideológico. Lo cierto es que desde la Generación del 28 para acá, todos los venezolanos se definen como de “izquierda”. Hasta Rafael Caldera pretendió, en ocasiones, ser de “izquierda”, cuando exhibía algunos desplantes nacionalistas y anti-petroleros. Aún no he podido establecer cuál es la razón para la vergüenza, ya que ser de “derecha”, además de ser una clasificación difusa (como la es, también, el ser de “izquierda”), no entraña algo pecaminoso o tenebroso. El ser de “derecha” no implica ser pedófilo, como si lo es Ortega, o traficante de drogas, como es la gente de las FARC, ambos de izquierda.
Pero en Venezuela ser llamado así equivale, casi, a una mentada de madre. Porque el de “derecha”, en la mitología venezolana, “no es progresista, odia a los pobres, es racista y, lo imperdonable, puede hasta llegar a ser monógamo”.
Cuando jugaba al béisbol yo lanzaba a la derecha y bateaba a la izquierda. Y así somos en la vida, una mezcla de muchas actitudes, hasta contradictorias. Mi familia paterna, los Coronel, pensaban que yo era muy izquierdista mientras que mi familia materna, los García Maldonado, siempre me vieron como de derecha.
Si me apuran mucho puedo decir que soy, esencialmente, de “derecha" y, ciertamente, ni soy racista ni odio a los pobres. Eso sí, no me gusta la gente cursi, característica muy asociada a las revoluciones latinoamericanas de izquierda. Creo en la sobriedad de maneras, en la cordialidad, la cortesía, en la familia, en la tradición, en el apego al pequeño terruño. No creo que mi país sea el mejor del mundo ni que el vino de piña de Carora se sirva en La Tour de Argent, en París, como nos advertía Cabrujas. He tenido oportunidad de conocer bastantes países cuyas sociedades exhiben cualidades que ya quisiéramos tener nosotros. Soy muy conservador en asuntos financieros, es decir, he trabajado duro toda mi vida, ahorro lo que puedo y nunca he comprado un billete de lotería. Hace muchísimos años sellaba un cuadrito de ocho bolívares casi todas las semanas porque me divertían las carreras de caballos, pero hasta allí llegó mi coqueteo con el atajo. Creo en los derechos pero también en cumplir con mis deberes. No espero nada del Estado y ciertamente no sería incondicional de un líder político solo porque he recibido sus favores. CAP me favoreció al nombrarme director de PDVSA pero luego fuí muy crítico de algunas de sus políticas. Creo en la solidaridad y en la labor comunitaria pero desprecio a quienes viven de las limosnas del Estado paternalista. Pienso que quien recibe limosnas del Estado se degrada, pierde dignidad.
Creo que fui  machista pero ya no lo soy. Creo que la mujer tiene ventajas sobre el hombre en muchos aspectos de la vida, es generalmente sensata y me encantaría ver a una mujer en la presidencia de mi país. Eso sí, una mujer competente, como María Corina Machado, no una Cristina Kirchner cualquiera o a una joven ignorante solo por ser hija de su papá. Me gusta la buena literatura, la buena música, la poesía lírica inglesa, las biografías y la ciencia-ficción, pero no la débil novelística costumbrista. Disfruto del buen humor de un José Antonio Cabrujas, Job Pim, Laureano Márquez, Miguel Otero, Manolo García Maldonado, Aquiles Nazoa, pero no mucho del de Aníbal ( muy agrio).
 Estoy más cerca de Amiel que de Don Juan. Admiro a los sacerdotes salesianos y me conmueven las iglesias aunque no tengo religión. Nunca he andado con El Capital debajo del brazo, pero si con La Montaña Mágica de Thomas Mann. Me gustan las canciones de Ilan Chester y, si hablamos de cantar con tambores, me quedo con el indio Araucano y no con Mercedes Sosa. Aborrezco la canción de protesta y me irrita que el hamponato revolucionario haya convertido al pobre Ali Primera en un instrumento de la lucha de clases. Me gusta mucho el béisbol, no tanto el fútbol y nada el baloncesto. Pienso que el patrocinio venezolano a un corredor de Fórmula Uno fue un fraude tan  ridículo como bautizar un campo petrolero con el nombre de Hugo Chávez. Nunca fumé desnudo ni bailo mirándome los pies, hábitos mencionados por Aquiles Nazoa como frecuentes en el “izquierdismo”.
Nunca logré entender, con una o dos excepciones, los cuentos que premiaba El Nacional . Cuando quiero leer a un intelectual venezolano voy a los libros de Mario Briceño Iragorry, Mariano Picón Salas, Ramón Díaz Sánchez o Francisco Herrera Luque, no de Earle Herrera.  No apoyo el aborto. Tomo whisky, casi nunca ron. Nunca le he quitado la mujer a otro, lo cual llegó a ser un signo de liberación y de mentalidad avanzada en algunos sectores del “izquierdismo”. No me gusta recitar poemas llaneros, sobre todo con acompañamiento de cuatro y maracas, ni que me canten El Rey en mi cumpleaños. Odio la impuntualidad, sobre todo la de los presidentes, quienes la confunden con importancia. No creo en el concepto de industrias básicas, ni en el control de la economía por parte del Estado sino en la libre actividad del sector privado. Que el Estado se encargue de mantener las calles limpias, mejorar la infraestructura del país y de regular las actividades educativas y de salud.
 Me baño todos los días, otra característica que parece diferenciar a los “derechistas’ de los “ñángaras”. Nunca corté caña en Cuba ni sembré yuca en Nicaragua. Pienso que el lema “Ejército, forjador de libertades” es una mentira y sueño con una Venezuela sin el horrible lastre de unas fuerzas armadas corruptas, solo buenas para la represión de los venezolanos.
Me entristece oír hablar de “Conviasa, nuestra línea aérea bandera”, una señal inequívoca de complejo de inferioridad. Creo que el cultivo de dogmas y mitos patrioteros nos ha hecho mucho daño y nos seguirá haciendo mucho daño, ya que hasta algunos de los líderes políticos nuevos siguen rindiéndoles pleitesía. Les oigo decir: continuará la inamovilidad laboral, no vamos a desmontar el control de cambios, reforzaremos las misiones, promoveremos las industrias “estratégicas” en manos del estado, la CVG es para los guayaneses, la educación debe ser gratuita a todos los niveles, la universidad no debe ser elitista, la gasolina permanecerá barata, somos solidarios con los países progresistas (Nicaragua, Bolivia), China sí, USA no. La misma cancioncita populista. 
No creo que ser rico es malo, como decía de manera hipócrita el sátrapa ya fallecido, consultando la hora en su Patek Philipe de $50.000. La riqueza puede ser  el producto del talento y del trabajo y estoy seguro de que hay mucha gente con dinero bien ganado. 
Pienso que quien quiera irse a otro país a vivir debe sentirse libre de hacerlo, sin ser estigmatizado por ello. Estoy seguro de que el hombre viajará al espacio y que ello terminará con el patrioterismo y las fronteras artificiales en nuestro planeta.
No creo en los controles de cambio sino en los cambios de actitud.

Al final de cuentas, nunca he sabido de qué se trata, exactamente, eso de “derechas” e “izquierdas”. Si se trata de definir una actitud ante la vida repito que todos somos una mezcla de “derecha’ y de “izquierda”.

Cada uno de nosotros es un original, sin copias.



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