La ausencia de una verdadera separación de poderes en Venezuela hizo de las elecciones una mascarada que le ha permitido al régimen cambiar las reglas de juego a su gusto para fabricar resultados a la carta. El gobierno ha controlado y sigue controlando todo el sistema electoral sin participación de la oposición. Y cuando ese sistema, cuidadosamente diseñado para favorecerle, comienza a fallar como en el proceso de 2015, el régimen desconoce los resultados y procede a seguir cambiando las reglas de juego.
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