Todas las encuestas evidenciaban que la popularidad del régimen estaba por el suelo, lo que se correlaciona con la situación de escasez de alimentos y medicinas que hay en el país y con el hecho de que padecemos la inflación más alta del mundo. El espectáculo grotesco de ciudadanos buscando comida en la basura complementaba el deprimente cuadro, al cual se sumaba el repunte de enfermedades que se consideraban casi erradicadas. Bajo tales circunstancias, sumado el tema de la gasolina, todo indicaba que los candidatos a gobernadores del gobierno sufrirían una estruendosa derrota.
Sin embargo, algo ocurrió el día de las elecciones. Un sistemático y continuado fraude caracterizó la implementación de la consulta, incluida la inhabilitación de aspirantes y la decisión ilegal de no permitir la sustitución de candidatos. El régimen, valiéndose de todas las artimañas, confundió y desestimuló el voto opositor. En la medida en que la abstención fuese mayor, más oportunidades tendrían los candidatos del gobierno y viceversa.
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