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Saludos,
Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.
Jala, pero no te guindes
Maduro ya no haya qué decir para que Trump lo tome en cuenta y recule con sus decisiones sobre Venezuela, tal como lo ha hecho con los aranceles de México.
Ahora le manda recaditos seductores a la Casa Blanca, como si no hubiera roto ni un plato. Todo se reduce a un “problemita”, una pelusa!
Que él quiere traerse a todos toditos los migrantes venezolanos. Traducción: “yo te ayudo a cumplir tu promesa electoral”.
Que él tiene un compromiso que desea cumplir. “Créeme Donald, yo sí te cumplo.”
Que tiene viajes programados con aviones venezolanos. En criollo, que a Trump no le costarán ni un dólar.
Que desea retomar las conversaciones con la Casa Blanca, es decir, está dispuesto a recibir más humillaciones si eso le garantiza una picada de ojo de Trump.
“Viví con él”, decimos los venezolanos. O el popular “quien no lo conozca, que lo compre”.
Pena ajena
Hay que preguntarse por qué Maduro no siguió el ejemplo “digno” de Petro, tan socialista como el.
Hay que preguntarse por qué el panameño Mulino, acusado por Maduro de no tener “cojones” para defender el Canal, ha confrontado a Trump y hasta le acusó públicamente de mentir sobre la situación del mismo, pese a no ufanarse de nacionalista o patriota como lo hace Maduro de manera frecuente.
Allá quedaron los discursos inflamados y rimbombantes, invocando frases de solapas de libros revolucionarios desvencijados.
Con la jaladera a Trump, Maduro debe ser ahora mismo el hazme reír de la izquierda latinoamericana. El chismorreo entre los camaradas debe ser una delicia.
¡Qué pena con la visita!
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