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Dicen que citar ejemplos con nombre y apellido es antipático. Así es que comencemos con una advertencia: seremos antipáticos.
Un post que publicó en Instagram el Ministerio de Comunicación con motivo del encuentro de Delcy Rodríguez con “mujeres de diversos sectores políticos”, comienza con unas flores y muestra de inmediato a una de las invitadas desplegando una amplia sonrisa mientras abre sus brazos de par en par.
La exultante asistente a la reunión es María Carolina Uzcátegui, expresidenta de Consecomercio. La misma que desde la vicepresidencia de la Comisión de Primarias ejerció de caballo -o yegua- de Troya, renunciando al cargo con el fin de boicotear el proceso para tratar de frenar o, al menos, opacar el triunfo inevitable de María Corina Machado.
La antigua dirigente gremial no fue la única que se empeñó en sabotear las internas. No pocos se confabularon para ese fin. Sin embargo, habría que aclarar unos puntos: Uzcátegui no es chavista. Muy seguramente tampoco votó jamás por Nicolás Maduro. Pero detesta a María Corina y sonríe con Delcy en Miraflores.
Cargando la cruz
Otro caso. En esa reunión participó Ricardo Cusanno. También empresario, por casualidad. Expresidente de Fedecámaras y fundador del Foro Cívico, hoy miembro del programa para la Paz y la Convivencia Democrática que instituyó la nueva dignataria.
La fórmula se repite. Cusanno no es chavista. Incluso, se le recuerda muy emocionado con el anterior gobierno interino -el de Juan Guaidó-. Difícil que haya sufragado por Maduro, aunque después terminó prestándose para el asalto a la Cruz Roja Venezolana que ordenó el extraído. Repudia a María Corina y es un soldado de la flamante comandante en jefe.
La lista sigue y Delcy confía en que pueda ampliarse. Así adelanta su acercamiento con sectores o individualidades ajenas al mundo oficialista. Personajes que apuestan por la “estabilidad” y continuidad del régimen, al menos en el mediano plazo, y permanentemente rechazan las actuaciones del “extremismo”, especialmente cuando se trata de una acción tan radical y violenta como solicitar elecciones.
Fusión
Se puede estar en presencia del nacimiento de otra corriente política en el país. Ya existían los moderados y ahora irrumpen los morados. Suenan parecido, pero no son lo mismo. Se trata de un grupo que nace de la (con)fusión del rojo chavista y el azul opositor.
Cuentan con un par de representantes en el gabinete. El viceministro Oliver Blanco, primero jefe de campaña de Diego Arria y después director de comunicaciones de Henry Ramos Allup, quien hasta llegó a exiliarse por la persecución de Maduro. Y la ministra Ana María Sanjuán, sobre quien hay opiniones divididas aunque se impone la versión de que era una chavista encapillada.
Forjado desde las alturas del poder, el movimiento toma la Defensoría con la profesora Eglée González Lobato, quien cumple con el requisito principal para incorporarse a estas filas: Aborrece a María Corina.
Para que se entienda fácilmente: Los morados provienen de los moderados, pero hasta los moderados no confían en los morados. Por esa razón, la fracción de Capriles Radonski no apoyó la designación de González Lobato. Temen que el día de mañana -o antes- adelante su tránsito por la paleta de colores y salte a púrpura, fucsia o directamente un intenso bermellón.
Clarito
En medio de la irrupción de esta peculiar facción, vuelve a escena el Foro Cívico. Para seguir con la colorimetría, debe admitirse que es una coalición variopinta. Están la historiadora Inés Quintero y el activista Feliciano Reyna, junto con el precitado Cusanno y Alberto Vollmer, a quien se le vio muy feliz en Miraflores en la reunión con los inversionistas.
Al margen de su heterogeneidad, allí también coinciden en el rechazo a María Corina. Aunque en el debate público parece ensayar una posición equidistante para desmontar la “polarización”, el grupo se halla en las antípodas de la líder de la oposición venezolana y así lo remacha en todas las instancias que frecuenta tanto dentro como fuera del país.
Mientras recriminan a la “radical”, participan con entusiasmo en todas las actividades de diálogo de Delcy, entre ellas la que convocó a “mujeres de diversos sectores políticos”, donde solo faltó una: La única dirigente en la historia venezolana que ha logrado encabezar un movimiento político mayoritario y que ha sido reconocida con el Nobel de la Paz. Más nada.
O eres molusco…
No existe ninguna norma en el ordenamiento jurídico venezolano que obligue a apoyar a María Corina. Si se cree y practica la democracia, deben respetarse todas las posiciones. Pero una cosa es discrepar o plantear una ruta alternativa, y otra muy distinta servirle al chavismo pretendiendo debilitar a quien hoy encarna el sentimiento de cambio democrático en el país.
Repiten que el “momento político” es nuevo, pero usan la fórmula vieja: Con el veto a María Corina y su entorno, el chavismo insiste en tratar de diseñar una oposición a su medida. Figuras cómodas para el oficialismo, pero que no tienen ningún tipo de representatividad. Gente que no le dice absolutamente nada a nadie.
El retorno de María Corina permitirá poner las cosas en su sitio. Facilitará las definiciones. En un lado estarán los comprometidos con la transformación de la República. Y del otro aquellos que juegan al continuismo para seguir riendo en Miraflores. Así, sin tapujos, los morados enamorados podrán llamar a votar por su Delcy.
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