EN: Rrecibido por email
Desafortunadamente, los venezolanos estamos acostumbrados a diálogos en los que no se dialoga y a acuerdos en los que no se acuerda nada. Un refrán popular reza: «obras son amores y no buenas razones».
Como diría un maracucho:
«la parte teórica nos la sabemos al pelo». Lo que estamos necesitando es la
parte práctica. Es decir, que comiencen a suceder cosas que nos devuelvan la
confianza en que esta tierra merece ser próspera, soberana, honesta, libre y
democrática.
La enumeración es
reiterativa; la podríamos resumir en un solo anhelo: necesitamos esperanza.
Qué
fácil es para los seres humanos dedicados a la acción pública confundir la
ambición personal con el «interés general» —que no es lo mismo que el interés
del general—. No soy quién para interpretar en nuestro caso eso que los
alemanes llaman Weltanschauung, con esa
facilidad que tienen para lograr que una sola palabra diga tantas cosas:
«conjunto de valores, creencias y conceptos fundamentales a través de los
cuales una persona, sociedad o cultura interpreta la realidad, su propia
existencia y todo lo que la rodea».
Pero la más simple
intuición nos indica que el pueblo venezolano no aguanta una traición más;
necesita acciones concretas y una reconstrucción física y moral.
No hace falta ser ni
Maquiavelo ni Sir Karl Popper para intuir lo que nos está haciendo falta.
Necesitamos —como se han dado cuenta ahora que son perseguidos algunos de los
que antes perseguían— que no haya detenidos por sus opiniones políticas y que
los cuerpos policiales dejen de ser una amenaza para el ciudadano; que haya una
justicia imparcial y se detenga la corrupción que nos colocó a la cabeza de los
países más deshonestos del mundo; que haya un proceso de reconstrucción y ayuda
organizada para todos los que quedaron devastados por los desastres, y que la
educación sea la primera prioridad. Para ello, los docentes tienen que cobrar
un sueldo digno que les permita vivir. Necesitamos que la economía se
estabilice, para lo cual es indispensable la confianza. Necesitamos que los
exiliados retornen, que los mayores tengan seguridad, que los salarios se
ajusten a las necesidades de los trabajadores; que las instituciones funcionen,
en fin, que el país sienta que está transitando un tránsito transitable.
La lista de necesidades
es inmensa, pero hay una sin la cual no pueden tramitarse las restantes:
Venezuela necesita ratificar el acuerdo del 5 de julio de 1811, es decir,
retomar tanto su independencia como su soberanía.
Para ello solo hay un
camino, el que indica el olvidado artículo 5 de la Constitución: «La soberanía
reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la
forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el
sufragio. Los órganos del Estado tienen que emanar de la soberanía popular y
estar sometidos a ella».
En otras palabras, el
primero de agosto es una fecha de la cual lo único que se espera es otra fecha;
lo demás es paja.
Laureano Márquez P.
@laureanomar
No comments:
Post a Comment