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Saludos,
Quien tenga acceso a encuestas recientes, sabrá ya que
Delcy confronta severos problemas de opinión pública después del terremoto.
Luego del beneficio de la duda que le brindaron algunos
sectores los primeros meses después del 3 de enero, ella ahora pareciera haber
absorbido negativamente en su imagen la falta de respuesta rápida y empática
del gobierno ante el terremoto.
La esperanza que algunos cifraron en su perfil comienza a
desvanecerse. Ni qué decir de los restos del chavismo, que claramente en
minoría, están a punto de evaporarse para quedar como un mal recuerdo y no como
algo ni parcialmente reivindicable. Y aquí queremos adelantar una hipótesis del
porqué.
Una foto dice más que mil palabras. Las fotos del colapso de muchos de los urbanismos de la
“misión vivienda” en La Guaira han circulado por los teléfonos de todos los
venezolanos. Son impactantes, pocas veces se ven cosas así.
Esas fotos nos llenan de dolor por las muertes que
implican, pero creemos que han tenido una repercusión que va más allá de los
muertos, los desaparecidos, los heridos y los damnificados.
A fin de cuentas, los urbanismos de Chávez, que se
legitimaban públicamente como actos de justicia social y defensa de los pobres,
fueron la huella perdurable de su gestión física. A diferencia de la dictadura
perezjimenista o del período democrático, la gestión de Chávez y de su secuaz
Maduro no exhiben obras de significación ni memorables: más bien convirtieron a
Venezuela en un cementerio de obras inconclusas, monumentos desperdigados a lo
largo y ancho del país a la corrupción y la indolencia obscena.
Pero “los urbanismos” de la Misión Vivienda, muchos de
ellos crueles en su fealdad, se erigían como testimonio vivo de un esfuerzo mal
hecho, pero esfuerzo al fin, para ofrecerles viviendas a quienes no las tenían.
Las fotos de su destrucción en La Guaira despojan de un solo guamazo el débil
halo de buenas intenciones que aún las podía justificar.
La obra de vivienda del chavismo-madurismo es criticable
desde múltiples ángulos: desde la transparencia de los procesos de
contratación, pasando por su valor arquitectónico, hasta llegar a los criterios
de adjudicación a las familias. Pero quedaban como un hecho cumplido, el trazo
de “algo que se hizo”. Las fotos de los urbanismos colapsados disparan muchas
preguntas entre millones de venezolanos que no sufrieron las consecuencias
directas del terremoto. No amplifican la tragedia ni responden a un laboratorio
mediático: circularon espontáneamente en la época de las redes y le hablan
directamente a los venezolanos donde sea que se encuentren, más allá de las
víctimas directas del sismo, haciendo jirones una de las pocas banderas simbólicas
del chavismo que aún quedaban de pie.
Ni mil “papers” en revistas arbitradas ni mil artículos de
opinión o “podcasts” con datos habrían podido matar el mito con tanta nitidez
como lo han hecho esas fotos, al menos en un plano no muy consciente todavía.
Las fotos no son un accidente comunicacional sino un punto de quiebre no
reversible por ninguna máquina de propaganda.
Trump dice que Venezuela no está preparada aún para las elecciones. Nosotros aquí en La Ceiba decimos que lo estará muy pronto y que habrá que organizarlas más temprano que tarde. Pero quien no podrá estar preparada para unas elecciones es Delcy, ni su hermano, ni Diosdado ni nadie en el chavismo, a menos que quieran asumir por la calle del medio su condición de minoría.
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