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Saludos,
El rechazo del régimen dictatorial a dejar sin efecto la Ley contra el odio revela la resistencia de la cúpula mafiosa a desprenderse de sus instrumentos de represión y confirma su negativa a desistir de su vocación de controlar y aplastar a la sociedad que se le opone.
Así como no terminan de liberar a todos los presos políticos para no perder rehenes, ni monedas de canje, y así como tampoco terminan de desbloquear a todos los medios independientes, de la misma manera se niegan a desaparecer por completo esta ley, cuya existencia facilitó la cacería y el ensañamiento político: el terrorismo de Estado.
No hay duda de que la reforma busca mantener el miedo y la intimidación sobre el país mediante otros instrumentos que, de igual forma, estarán en manos de los mismos esbirros que una vez masacraron, sojuzgaron y tiranizaron a los venezolanos.
¿Qué podría salir mal?
Si esto es así y si ocurre en el contexto del plan de las tres fases de Trump y Rubio… ¿qué garantías verdaderas y tangibles tienen los venezolanos de que el nuevo TSJ no será también un reflejo de este empeño del chavismo en mantener su esquema despótico y abusivo?
De hecho, la maniobra para demorar el proceso de reinstitucionalización judicial y política es en sí misma una señal de los persistentes vicios y la reincidencia del gobierno interino en su malevolencia. Esto, entre otros síntomas preocupantes que inquietan a juristas y especialistas, lo que debería preocupar y, sobre todo, ocupar a Dinorah, la delegación de la AN2015 y al Departamento de Estado que monitorea el proceso.
Es verdad que tantos años de ignominia no se disuelven de la noche a la mañana. Pero también lo es que esta es la mejor oportunidad que se ha tenido para lograrlo, y hay que aprovecharla desde el primer día, y cada día disponible, para hacer lo que hay que hacer.
La malignidad es mala, aunque sea a medias.
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