Antonio Ledezma
Después de transcurridos más de 15 años de “revolución policial” el
régimen anuncia ahora, en medio de una ráfaga de violencia atronadora, la
transformación de los servicios de seguridad. ¿Quién entiende que, después de
anunciarse con bombos y platillos el nacimiento de la Policía Nacional
Bolivariana, ahora se pretenda minimizar el gravísimo problema de inseguridad
que afecta a todos los venezolanos proponiendo una reforma de las policías que
el régimen ha controlado a su antojo, al extremo de presentarlas, indecorosamente,
como “policías revolucionarias”?
Es como si a un bebé recién salido del centro materno lo declararan
decrépito. ¿Cómo puede explicarse, justificarse o hacerle entender a la
ciudadanía que un cuerpo policial, con solo pocos meses en funciones, ya acuse
síntomas de descomposición, a tal extremo de que se argumente una medida de
reforma como la recientemente anunciada?
¡Insólito! Todo lo que vivimos, transigimos y padecemos es la
consecuencia presentida de que lo que nace mal termina mal. Y eso fue lo que,
entre muchos, advertimos, cuando escuchamos a las autoridades mostrar la nueva
policía como una herramienta de la revolución. Ratificamos lo que nos parece
una barbaridad, porque en cualquier parte del mundo ninguna policía puede
exhibir remoquetes de socialistas, socialdemócratas, neoliberales, etc., porque
las policías deben ser estrictamente policías y punto. Cuidar a la ciudadanía y
proteger sus bienes, desarrollar programas preventivos eficaces para enfrentar
el auge delictivo, relacionarse con todos los sectores de la sociedad son,
entre otras, sus funciones, y jamás, ser arietes o eslabones de ninguna fuerza
partidista, como desgraciadamente se les presentó al momento de desplegar sus
comandos en Caracas.
Otra cosa, ¿y el Cicpc no fue el resultado de la “modernización” en
“revolución” de lo que conocíamos como PTJ? ¡Patético lo que estamos viendo en
ese cuerpo “técnico” policial! Suponemos el estupor y la vergüenza que deben
sentir los fundadores, los policías de carrera, que forjaron con “sangre, sudor
y lágrimas” esa proverbial PTJ. La que formó policías prestigiosos, los que
resolvieron los grandes “cangrejos” que magistralmente supo resumir para la
posteridad el comisario general Fermín Mármol León en su libro 4
crímenes 4 poderes.
Quede como
lección de vida que la politización de los cuerpos policiales y la impunidad
como línea partidista en el sistema judicial son letales para la paz, la
seguridad y la convivencia ciudadanas.
Vía El Nacional
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