ALBERTO RAY
Hace poco
más de un año, mi amigo el Dr. Miguel Dao, comenzó a hablar de un tal “coctel
explosivo” cada vez que en nuestros encuentros abordábamos la situación
nacional, sobre todo cuando nos concentrábamos en el creciente clima de
inseguridad ciudadana como uno de los principales problemas de los venezolanos.
Miguel se refería a la suma de sangre + hambre como una peligrosa mezcla
que progresivamente se cocinaba en el país y que más temprano que tarde nos
conduciría hacia la tormenta perfecta.
Hoy, los
pronósticos del Dr. Dao se han hecho más que evidentes, materializándose
inclusive por encima de las suposiciones de mediados del 2013.
Nuestro
equipo consultor, que además de Miguel y yo, lo integran Odalis Caldera y
Samuel Yecutieli, decidió hace poco ampliar y ponerle números al coctel
explosivo, incluyendo el proceso de desinstitucionalización nacional como el
resultado de la mezcla. Hemos actualizado la fórmula y ahora la resumimos así:
Sangre + Hambre = Quiebre.
Ingredientes
del coctel:
Sangre: es la violencia instalada
en el país y que la integran los altos índices de criminalidad, el deterioro de
las relaciones de convivencia y la anomia social en la que estamos sumidos,
reflejada en la naturalización de la muerte y la cultura de la trasgresión de
la norma.
Hambre: se refiere al declive acentuado
de la economía nacional que se hace evidente en la inflación, la escasez y la
pronunciada desigualdad social que acompaña al proceso.
Quiebre: se vincula con el
desmantelamiento de las estructuras formales e institucionales del Estado
nacional y su sustitución con formas paralelas, fuera del ordenamiento legal
del país y en casos, hasta subversivas.
Todos
tenemos la percepción que vivimos nadando en esta mezcla compleja y tóxica, y a
pesar que algunos hemos aprendido a surfear sobre ella, la realidad nos
confronta con una muy dura verdad que la voy a expresar con algunas cifras:
Cifras
de Sangre entre 1999 y 2012 (Cifras Oficiales):
·
184.000 homicidios
·
5.720 secuestros
·
476.000 robo y hurto de vehículos
·
603.000 robo y hurto a residencias
·
113.000 lesiones de género
En el
ranking de las 50 ciudades más peligrosas del mundo, Venezuela tiene cinco posiciones.
Caracas (3), Barquisimeto (9), Ciudad Guayana (20) Valencia (31) y Maracaibo
(39).
El
índiceNumbeo de percepción de inseguridad en Venezuela es de 83,29%
Cifras de Hambre
La
reducción de 25 dólares en el precio del barril de petróleo impacta el ingreso
de divisas al país y por ende empeora la situación de escasez. En tiempo de
escasez los activos se revalorizan y aumentan los hurtos y robos de bienes que
hasta hace muy poco no eran apreciados.
El
crecimiento del PIB proyectado en el período 2012-2105 es de 2,7%,
mientras que en Bolivia por ejemplo es de 24%. Esta cifra se traduce en menos
empresas y por tanto menos empleos, causas directas de informalización de la
economía y el aumento de los índices de delincuencia.
Se estima
que la inflación del 2014 cierre alrededor del 72%. Este indicador es el
destructor principal del poder adquisitivo. No es difícil imaginar que el
ciudadano común debe recurrir a vías informales y en ocasiones reñidas con la
legalidad para responder a los crecientes compromisos y costos de la vida en
sociedad.
Recientemente,
la firma de investigación económica EIU publicó el índice de miseria mundial,
ubicando a Venezuela en el primer puesto de América Latina con un índice de 79
sobre 100.
Cifras
de Quiebre
Se sabe
que la pérdida de institucionalidad de un país es una de las principales causas
del aumento del delito. De hecho tiene mayor impacto que la pobreza o la
desigualdad social.
El
crecimiento indetenible de la corrupción como medio normalizado de un país que
opera bajo la cultura de los antivalores. Transparencia Internacional nos ubica
en el puesto 160 de 177 países en el índice de transparencia.
La
aparición de organizaciones y misiones paralelas como órganos de asistencia y
control social. Es el caso de los colectivos y grupos paramilitares que ocupan
espacios territoriales de la nación, desplazando a las instituciones formales
del Estado.
La
diáspora venezolana está certificada en 883.000 ciudadanos de esta patria, que
en los últimos 14 años han partido en busca de mejores oportunidades en el
exterior. Se estima que el 90% de los emigrantes tienen estudios universitarios
y un 40% niveles de postgrado. Este capital social que aceleradamente se
pierde, nos deja con un grave déficit para potenciar el crecimiento nacional,
haciendo aún más lenta y complicada la recuperación social e
institucional.
Durante
todo este año he tenido como propósito en este “Espacio Seguro” proponer y
promover ideas y soluciones para mejorar los niveles de seguridad de nuestras
sociedades latinoamericanas. En esta ocasión, me resulta muy difícil destacar
lo positivo de este complejo panorama. Espero sin embargo, que al menos sirva
para entender que vivir más seguros depende de una multiplicidad de elementos
que se interconectan y potencian. Por ello, el diseño de políticas públicas de
seguridad no pueden estar divorciadas de contextos integrales. Sólo me queda
por decir que quien no está en la realidad, queda fuera de ella y a merced de
ella.
@seguritips
Vía
El Nacional
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