Monday, December 15, 2014

Al límite/ 2015: el esfuerzo unitario

En: http://prodavinci.com/2014/12/14/actualidad/al-limite-2015-el-esfuerzo-nacional-unitario-por-luis-garcia-mora/

Luis García Mora

Si puntualizamos, antes de despedirnos de usted, amigo lector, hasta enero de 2015, lo más inquietante que políticamente nos está dejando el 2014 es esta tremenda inseguridad colectiva.

Jamás, que uno recuerde, los venezolanos habíamos contemplado nuestro futuro desde tamaña precariedad. Y eso es algo que impacta.

La inseguridad ante lo que puedan dar nuestros políticos (tanto del Gobierno como de la oposición) nos obliga a que, sin ninguna confianza ni garantía, pensemos que comenzando 2015 debe llevarse a cabo un acto de contrición y un cambio de política. Verdaderos y de parte y parte. De lo contrario, tendremos que apostar nuestra supervivencia como Estado a un acto de heroísmo.

A un milagro.

De manera que, para salvaguardar al menos nuestra propia integridad psíquica, desde ya tenemos que apostar a un cambio.

Al regreso de la tan anhelada confianza, una joven corresponsal extranjera nos decía que ella ve al país asustado. No sé. No lo creo. De repente un poquito. No hay confianza ni garantías en nada, es cierto. Hay un vacío de poder informativo. Nadie sabe qué se va a hacer para salir de esto. Y no se ve una salida. Ni una masa crítica para algún tipo de desenlace.

La huella que dejó El Caracazo es muy honda.

Y en medio de un individualismo rampante muy cruel, una solución política colectiva no se asoma. Aunque no quisieras una reacción, sino una respuesta. Un entendimiento, no una conflagración.

No somos 30 millones de militares. Sólo somos una República civil que se niega a sucumbir al disparo.

Que se niega a sucumbir a la violencia que se manifiesta cada vez más desde esta estructura radical de poder.

Entre tanto, destacan los indicadores socioeconómicos de colapso. Con cifras de desabastecimiento e inflación que, hacia 2015, advierten récords. Y a eso se le suma la caída brutal del precio del barril de petróleo, casi nuestro único sustento, por debajo de lo que internacionalmente llaman “la barrera psicológica de los 60 dólares”.

Y nosotros con un ritmo de la capacidad de reactivación económica cada vez más incierto.

Luego de que Chávez y el chavismo fracasaran estruendosamente en iniciar y completar una reforma política estructural, dejando únicamente los desechos de la estructura que había, no parecen haberse percatado del evidente desastre ni terminan de enfrentarse con decisión a la ruptura y al urgente cambio en su manejo estructural de la situación.

Así llegamos a la situación actual, que se caracteriza por la recesión, el empobrecimiento y la fragmentación y el acabamiento nacional e institucional. Pero, por encima de todo, se caracteriza por la carencia de confianza recíproca y por la imposibilidad de una política económica compartida.

Todas las iniciativas parten de un equipo de gobierno demostradamente fallido. Fracasado. Confuso. Sin imaginación, ni creatividad ni capacidad técnica profesional a la altura del nivel exigido. Si están ahí es producto de la lealtad política, corporativa y militar.

Y la desilusión que sobreviene cada vez que confrontamos íntimamente la crisis es consecuencia de que ninguno de los ítems correctivos propuestos por el Gobierno se soportan en la realidad: son apenas soluciones ideológicas, demagógicas, sin base. Y, peor aún, sin instrumentación alguna para dar respuesta a los problemas.

Entre el escepticismo, la resignación y la incertidumbre, el riesgo de una generación perdida va en serio.

Y es imposible recurrir a los mejores venezolanos de bando y bando (ni a los instrumentos técnicos que tenemos a mano) por la mediocre dirección sectaria que copa los centros de poder.

El país vive una situación muy parecida a un secuestro. Y hasta ahora no ha habido forma de ponernos de acuerdo de manera coherente y sin prejuicios. Hay medidas urgentes que se deben tomar entre todos. Pero si hay contactos entre la Oposición y el Gobierno, son informales. O no existen, producto de la torpeza de gobierno imperante.

Cuando existen sospechas recíprocas de que quien propone algo alberga segundas intenciones, es muy difícil llegar a soluciones compartidas. Un escenario terrible, pues lo que se ha demostrado este año (y con hechos) es que la pugna no es solamente entre el Gobierno y la Oposición. Esto es peor. Porque hacia adentro de la propia Oposición y hacia adentro del propio Gobierno se acabó la confianza.

Nadie conoce a nadie.

Y por eso las consecuencias colectivas reinantes son la pérdida de la seguridad, la esperanza y la fe, la credulidad, la decisión, la determinación, la certidumbre, la tranquilidad, el aliento, el ánimo y el vigor.

Perdimos el empuje.

Es momento del esfuerzo nacional unitario.

En una crisis como la actual, es imprescindible. El tiempo no sobra. Nadie da señales de ir en la dirección justa y correcta. Y el país se encuentra en una encrucijada: un camino lleva (porque siempre ha llevado) al estancamiento y a la ruina; el otro, que lleva a una autorreflexión nacional, puede sacarnos de la situación insostenible en la que estamos… pero nadie lo ve.

Y en esta encrucijada, tanto el Presidente como el Gobierno insisten en darse de narices contra la pared. Están desconectados de la realidad y entonces perseveran en crear más expectativas. Todo con una combinación de imprudencia, desconocimiento y prepotencia, una mezcla que, de acuerdo con los observadores, es suicida.

Y si la caída de los precios del petróleo no se detiene (dado que hemos llegado a depender hoy del petróleo en un 98% y no tenemos un fondo soberano buchón como el de Noruega para contrarrestar el impacto), vamos a tener serios problemas para cumplir con compromisos como el pago de los bonos a los acreedores internacionales y la deuda de PDVSA.

¿Devaluar? ¿Aumentar el precio de la gasolina? ¿Correr más la arruga? ¿Acelerar la venta de Citgo?

De acuerdo a un consenso existente, posponer decisiones duras sólo agrava los problemas coyunturales. Pero hay otros elementos inquietantes que más allá de la crisis económica y su impacto social, que señalan hacia las otras fallas con las que aterrizaremos en 2015.

El último y reciente informe de la Organización Mundial de la Salud sobre la violencia en el mundo acaba de señalar a Venezuela, después de Honduras, como el país con mayores tasas de homicidios del planeta. Y un 90% producidos con un arma de fuego.

Y en el norte, después de diez meses de discusiones, la nueva mayoría republicana en el Congreso estadounidense aprobó un proyecto de ley que prohíbe la entrada al país y bloquea los activos de medio centenar de altos cargos del Gobierno venezolano, señalados como responsables de la represión a las protestas de comienzos de este año en las que murieron al menos 43 personas. Y seguramente Obama terminará por firmar su ejecútese, colocándole otra losa de piedra a esta gestión de Gobierno cuyos encumbrados altos cargos (paradoja) lucen como los más pitiyankis del hemisferio.

Esto, según, de un Gobierno incorruptible y centrado en el ciudadano. Y, con respecto a la Oposición… bueno, recordemos que la esperanza es lo último que se pierde.

Demos como un hecho pensando en 2015 que el cada vez más frágil matrimonio obligado de sus partidos para sobrevivir no se terminará de desmembrar en 2015, con esta muestra tan irresponsable de ceguera y sordera tan necia, que está desalentando y desencantando. Y que hay todavía posibilidades de actuar ante un hecho tan concreto como las elecciones parlamentarias.

Y que atenderán el reclamo al que están obligados.

Es decir: que vayan a unas primarias para seleccionar a los candidatos que de verdad tengan algo de sintonía regional, que hagan una presentación que la gente acepte. En dos platos: que creen mayor confiabilidad y que revitalicen el mensaje para que en el electorado opositor (y no opositor) despierten la consciencia de lo que significa tener una Asamblea, un Parlamento, que controle al Gobierno.

Que entendamos que es un enfrentamiento importante.

Y, después, despertar también la consciencia de que los candidatos ganadores de esas primarias van a demostrar con hechos que tienen guáramo y más que eso: que tienen la conciencia nacional para demostrarle a quien los eligió que con ellos se eliminará el desencanto.

Ante un Gobierno (más fácil, imposible) noqueado por el poder, que para sobrevivir en el corto plazo o se atreve a un cambio político de verdad o se radicaliza hacia una convulsión de consecuencias impredecibles, dada esta sintomatología social de anarquía.

Feliz Navidad y (concéntrese) un Próspero Año 2015. Este cronista se va con su hija y su gato a la playa.

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