Gustavo Coronel
REFLEXIONES DOMINICALES
La ruina financiera, el rechazo del mundo libre, las sanciones a los funcionarios forajidos del régimen, el colapso de los precios del petróleo, las fracturas internas del chavismo-castrismo, los rebuznos de Maduro, la corrupción salida de cauce, todo apunta al derrumbe definitivo del régimen. Pero hay que estar atentos a las maniobras de última hora de la pandilla que ostenta el poder. Tratarán de cambiar una o dos fichitas a lo Varela o lo Maduro, para que, al final, todo quede igual.
A
pesar de ser los más grotescos, no solo Nicolás Maduro o Iris Varela
deben irse: el régimen debe irse. La tragedia venezolana no se resuelve
reemplazando en sus funciones a uno o dos ineptos. Solo puede comenzar
a resolverse con la salida del poder de este régimen corrupto, porque
todos son moralmente invertebrados. No hay soluciones parciales a la
tragedia venezolana ni acomodo posible con la pandilla. Y cuando salga
el régimen deberán suceder varias cosas: una, el enjuiciamiento de los
culpables de la tragedia; dos, el inicio de una transición política que
incorpore a todos los sectores democráticos y responsables del país;
tres, una política orientada a la recuperación de la confianza
internacional en Venezuela como país civilizado y una campaña didáctica
interna para poner a todos los venezolanos en el mismo nivel de
conocimiento sobre la situación del país. Venezuela quedará en ruinas
después de los 16 años de abusos y asaltos a la nación por parte de los
bandidos chavistas y se requerirá un gran esfuerzo de amplitud y
conciliación nacional para salir del foso.
Los
componentes de ese esfuerzo deberán ser claramente explicados al pueblo
venezolano: la ruinosa situación financiera del país, su colapso
agrícola e industrial, el endeudamiento de la nación, y de su industria
petrolera, la prostitución de las instituciones, la masiva situación de
pobreza crónica del pueblo venezolano a pesar de las dádivas del
régimen. Todo debe salir a la luz del día. No puede mantenerse la
mentira como política de estado. Al país habrá que hablarle claro, pues
nada puede ser peor que lo que tenemos hoy. Hablar claro representa la
prueba del ácido, ya que una sociedad que no pueda enfrentarse con su
realidad no tiene futuro.
El
camino será largo y difícil. Lo único que no debe permitirse nunca más
es la presencia en el poder de ineptos y corruptos, no importa que
ideología política puedan tener. No hay tal cosa como izquierdas buenas y
derechas malas o viceversa. Lo que hay es gente honesta y capaz y gente
deshonesta e incapaz. No deben existir en Venezuela dogmas ni mitos
como el de las “industrias básicas” quebradas, el de la “soberanía” que
permite los abusos de poder, la “independencia” que hace creer que
podemos hacer lo que nos venga en gana como nación o “el poder en manos
del pueblo”, cuando el pueblo está en realidad totalmente indefenso
frente al régimen demagógico y rapaz. Estos mitos solo han servido para
permitirle a una pandilla de corruptos que se enriquezcan de manera
obscena a costa del pueblo: los Chávez, los Cabello, los Maduro-Flores,
los Giordani, los Ramírez, los narco-generales, los rastreros miembros
del Tribunal Supremo de Justicia y del Poder Moral, los contratistas de
PDVSA, de CVG, de Corpo-Elec y de los ministerios del ejecutivo. Están
hoy unidos, como una manada de hienas, en su amparo de los delincuentes
sancionados por el Congreso de los Estados Unidos.
Será
preciso, no hay alternativa a la curación del pueblo venezolano,
exponer descarnadamente la tragedia venezolana de los últimos 16 años.
Es verdad que hay grandes sectores de la población a los cuales les será
muy difícil comprender y aceptar la manera como han sido manejados por
la pandilla, pero será necesario que cada quien enfrente su
responsabilidad en el desastre. La gran tarea de cualquier gobierno en
Venezuela será como sacar de la pobreza a millones de seres ignorantes e
indefensos sin que tengan que vender sus almas.
No
envidio a quienes tengan esa responsabilidad porque la tarea es
titánica. La columna vertebral de ese esfuerzo será la educación
ciudadana. La creación de una masa crítica de ciudadanos será el camino
para salir de la miseria y de la dependencia en regímenes demagógicos.
El ciudadano rechazará la promesa y el halago fácil, no aceptará vender
sus principios por una limosna diaria.
La
ciudadanía representa el camino de la verdadera liberación. Quien pueda
conducir a nuestro pueblo por ese camino y mantener el rumbo se ganará
un sitio honorable en nuestra historia.

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