Presentada por Laureano Márquez, la exposición “Va de retro” está abierta en el Salón Utopía de El Hatillo. “El humor no le quita poder al poder. No le interesa, le interesa desnudar al poder, denunciar al poder”.
Por Rafael Hernández (Texto y Fotos) @sincepto.-
Con la no humilde determinación de exorcizar a un país que “va de retro(ceso)” e hilando a través de la conjura Vade Retro, que es el latín para Apártate Satanás, la audiencia y la artista bajaron la cabeza como una señal de respeto que abarcó, con pertinentes letanías, la mención a José Ignacio Cabrujas, Aquiles Nazoa, Chespirito y elevó su clamor máximo al rematar con un “por Quino, nuestro señor. Amén”.
Un quijotesco sacerdote (que no podía ser otro que el que fue) ordenó a los espectadores en torno a él, situó a Rayma a su diestra y emprendió un tragicómico sermón de cómo y por qué no somos culpables de nuestras culpas porque así fuimos dibujados: “Yo no me como la luz a las 10 de la noche porque sea infractor, así me dibujó la inseguridad y un secuestro que no le deseo a nadie”, expresó Laureano Márquez, con la sobriedad guiñándole el ojo a la ocasión al llevar una estola con la figura de los hermanos Marx estampada en ella.
“La tragedia está muy ligada al humor, porque la exorciza y no, el humor no le quita poder al poder. No le interesa, le interesa desnudar al poder, denunciar al poder, lo molesta porque le hace ver en el espejo la mala figura que tiene. El humor es ese espejo día a día, que te dice cómo se están haciendo las cosas”.
Así Rayma cierra el capítulo de más de 20 años siendo caricaturista de El Universal, del que sale con una nube de polémica sobre ella desatada por una caricatura en la que de la firma del expresidente Hugo Chávez se hila un cardiograma arrojando la lectura del deceso, en alusión al pésimo estado de los sistemas de salud en Venezuela. “Ahora toca emprender un lenguaje más universal, más internacional, que me permita hablar de la intolerancia y que lo que pase aquí lo pueda entender el mundo afuera”. Dice mientras degusta una copa de vino tinto y fija su mirada sobre una serie de corazones hiperrealistas, pintados en óleo e intervenidos con estrellas.
El salón de Utopía 19 va quedándose sin gente y a las obras se les intensifica la luminosidad mientras Rayma las repasa con grandes ojos negros detrás de lentes gruesos y circulares.
“Todo lo que tenga que ver con la vena dolorosa o amable del país me interesa y es lo que siempre haré con mi trabajo: decodificarlo”. concluye Rayma y sus espectadores supondrán que también lo exorcizará.
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