Asdrubal Oliveros
En medio de una caída brutal de los
precios petroleros que avizora un panorama difícil para la economía
venezolana este 2015, el presidente Maduro hizo algunos anuncios en
materia económica. La pregunta que queda en el aire es: ¿permiten
afrontar la crisis que vivimos?
Lo primero a destacar es que los
anuncios se producen después de una gira internacional cuyo fin
principal fue la búsqueda de financiamiento. El déficit de caja en
divisas calculado por Ecoanalítica para este 2015 con un barril promedio
de US$ 45 es de US$ 27.600 millones. Eso habla de la magnitud de la
crisis que tenemos enfrente. El Ejecutivo buscó recursos para reducir
esta brecha y estructurar el ajuste menos costoso políticamente frente a
los problemas de caja. En nuestra opinión el financiamiento obtenido
—en el mejor de los casos— es de unos US$ 12.000 millones, por lo que el
problema de caja sigue estando presente.
En segundo lugar, el Presidente fue muy
cuidadoso en no dar detalles de la medida más emblemática: el manejo de
la política cambiaria. Varias precisiones son pertinentes: sigue
manteniéndose un esquema de tipos de cambio múltiple (altamente
pernicioso), se mantiene la tasa de 6,30 (que no es posible sostener
dada la caída de los precios petroleros) y se asoma la posibilidad de un
mercado paralelo legal cuya garantía para que funcione es que el
gobierno tenga disciplina fiscal y en año electoral la probabilidad que
esto último ocurra es baja.
Tercero, la devaluación es una medida
necesaria pero no suficiente. En este contexto, dado que el país
enfrenta un déficit de caja en divisas, una devaluación tímida como la
propuesta por Maduro, vendrá acompañada de un recorte en las
importaciones, con el impacto que esto tienen en términos de escasez,
desabastecimiento y operatividad del sector privado (especialmente el
comercial y el manufacturero).
Cuarto, cuando se está en una crisis
como esta, se necesita rapidez para ejecutar las medidas. El gobierno no
solo tiene resistencia a realizar los ajustes que la economía demanda,
sino que tarda en ejecutar las pocas medidas que está dispuesto a tomar,
con una aplicación que abusa de la gradualidad.
Quinto, en su mensaje anual a la
Asamblea Nacional, el presidente Maduro anunció algunas medidas con el
fin de mejorar el ingreso de sectores importantes de la población
(aumento de salario mínimo, becas, entre otros). El problema es que en
estos momentos nos encontramos en un entorno donde la política fiscal
“domina” a la política monetaria (dominancia fiscal), es decir, esta
última está supeditada al ritmo del gasto, por lo que la autoridad
monetaria ha perdido su capacidad de controlar los precios. Bajo este
régimen, especialmente con un déficit fiscal creciente, los niveles de
precios terminan siendo afectados por las decisiones fiscales.
El incremento del gasto ha terminado
siendo, en última instancia, un círculo vicioso para el Gobierno, pues
la liquidez y la inflación hacen que el gasto vaya perdiendo efectividad
a la hora de generar consumo y crecimiento económico, así como
bienestar dentro de la población y, a su vez, el gasto termina solo
generando más inflación.
Es importante aclarar que dentro de la
literatura económica se conoce que el gasto puede ser generador de
crecimiento económico a largo plazo mientras éste se dirija a la
inversión, la investigación y las actividades productivas. Sin embargo,
el Gobierno ha apelado a la expansión fiscal como mecanismo para
mantener su popularidad y su statu quo en contra de la inversión productiva, lo que ha resultado ser una política corta de miras y poco sostenible en el tiempo
La acumulación de desequilibrios empezó a
pasar factura desde el año pasado y el Ejecutivo sigue sin espabilarse a
la hora de tomar medidas. Una producción petrolera que, a pesar de los
esfuerzos, sigue sin levantar cabeza, unos precios de crudo con
tendencia a la baja y, además, un tipo de cambio sobrevaluado han
generado el resquebrajamiento del control de cambio y la caída de la
asignación de divisas en el país, lo que conlleva a altos niveles de
escasez e inflación.
¿Qué puede pasar? Es
claro que hay otras decisiones y/o medidas que Maduro ayer dejo por
fuera, pero la línea de su mensaje fue: el ajuste será lento, muy
gradual y desordenado (no hay vicio de conjunto). Un gobierno que parece
moverse en la línea de Dr. Jekyll y Mr. Hide: intento ajustar pero no abandono el modelo. Una estrategia que pudo haber funcionado con un barril en torno a los US$ 100, pero no con uno por debajo de US$ 50.
No es descartable que con el paso del
tiempo, la situación obligue al gobierno a tener que tomar medidas
adicionales para hacer frente a la caída de los ingresos.
Ayer, el presidente Maduro perdió una
oportunidad de oro para estructurar un plan de ajuste creíble, que le
hubiese permitido a Venezuela enfrentar los múltiples desequilibrios que
tiene en frente y trabajar en la superación de la crisis. Al optar por
“ganar tiempo”, tenemos una economía que no solo va tener los peores
indicadores de la región en términos de inflación y crecimiento, sino
que además puede entrar peligrosamente en un escenario de anarquía y
crisis en lo social que, indudablemente, va a tener impacto en lo
político.
No comments:
Post a Comment