PEDRO
A. PALMA.
Ya no son
solo los productos de consumo masivo los que escasean en Venezuela. Ahora se ha
agregado otro que cada vez es más difícil conseguir en las cantidades
requeridas, el efectivo, o más específicamente, los billetes de más alta
denominación.
¿A qué se
debe este fenómeno y qué consecuencias está generando? La primera razón es la
alta y creciente inflación que estamos sufriendo, lo cual hace que la cantidad
de dinero que hay que disponer para comprar cualquier cosa, por menuda o simple
que ella sea, se incremente grandemente, haciendo que los retiros de los bancos
sean también crecientes. Eso se exacerba por el hecho de que la autoridad
monetaria, o el gobierno, se niega a emitir billetes de más alta denominación,
haciendo que el de mayor valía, el de cien bolívares, equivalga a unos quince centavos
de dólar si lo convertimos al tipo de cambio libre, o a solo la mitad de un
dólar si utilizamos la tasa de cambio oficial de Simadi. Si las posibilidades
de poner en circulación los billetes cada vez más demandados son restringidas,
por ejemplo, por escasez de papel moneda o limitaciones en la capacidad de
producirlos, ello crea un desabastecimiento creciente de estos instrumentos de
pago.
Otra
razón que genera la escasez de efectivo es el incontrolado contrabando de
extracción generado por los absurdos controles de precios y masivos subsidios
existentes en Venezuela. En efecto, al ser los precios de muchos productos de
consumo masivo muy inferiores a los existentes en otros países vecinos, resulta
un excelente negocio adquirir estos bienes en Venezuela, llevarlos al otro lado
de la frontera y venderlos a un precio muy superior. Para ello se necesitan
bolívares con qué comprar los productos en territorio nacional, razón por la
que las personas dedicadas a este tipo de actividad están ávidos de acceder a
billetes venezolanos, particularmente los de más alta denominación, estando
dispuestos a pagar una prima para adquirirlos. De hecho, es sabido que en
Cúcuta y en otras zonas fronterizas colombianas el precio de un billete de cien
bolívares es 120 y hasta 140 bolívares en pesos equivalentes. La razón es muy
simple. Quien paga esa cantidad normalmente tiene a su servicio a un grupo de
personas dispuestas a pasar la frontera con el fin de comprar productos
subsidiados en Venezuela y llevarlos al otro país, donde al venderse a un
precio mucho mayor se obtienen pingües ganancias que cubren con creces la prima
pagada. Eso explica por qué los retiros bancarios en las zonas fronterizas
venezolanas han aumentado notablemente, siendo los billetes de más alta denominación
los más demandados y, por lo tanto, los que más escasean. Esto ha llevado a la
imposición de límites de retiros bancarios en efectivo, particularmente en las
zonas fronterizas, generando desagrado y rechazo entre los depositantes,
quienes no aceptan la limitación que se le ha impuesto al acceso de fondos de
sus cuentas bancarias, y quienes en muchos casos se ven imposibilitados de
hacer transacciones que nada tienen que ver con el contrabando de extracción ya
explicado, viendo afectada su calidad de vida de forma notoria.
¿Qué
hacer ante esta situación? Lo primero es permitir la puesta en circulación de
billetes de más alta denominación, lo cual facilitaría las transacciones en el
ambiente inflacionario que vivimos, pero no solventaría la extracción de papel
moneda hacia países vecinos. Este fenómeno sólo se podrá eliminar con el
desmantelamiento de los controles y subsidios absurdos que tenemos, y con el
incremento efectivo y eficiente de la oferta de bienes y servicios dentro del
país. Estos consejos deberían ser escuchados por quienes gobiernan, entre otras
razones por que de continuar la situación que vivimos, y que esta se generalice
a todo el país, la molestia y frustración que ello genera podría reflejarse en
la intensión de voto en las próximas elecciones parlamentarias de diciembre,
favoreciendo ello a la oposición y no al gobierno.
palma.pa1@gmail.com @palmapedroa
Vía El Nacional
Que pasa Margarita
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