AXEL
CAPRILES M.
Una
discoteca con luces intermitentes sobre una oscura pista de baile en la que
funcionarios, malandros, policías, prostitutas, jóvenes tatuados, prepagos,
boliburgueses y gente común, bailan al son de un reguetón animadamente mezclado
por una DJ con shorts apretaditos, buenota, hasta que la fiesta estalla en una
sonora trifulca de sálvese quien pueda. La bronca, retransmitida en un programa
de televisión sobre Venezuela, parece haberse originado en el enfrentamiento
entre un chamo y un militar enamorados de una misma prostituta, hermana de un
policía, que había sido monopolizada por el funcionario revolucionario
enriquecido. La imagen puede parecer rebuscada, pero no lo es. Es Venezuela. Un
país efervescente que diluye su vacío en la superficialidad y la rumba pero que
vive permanentemente al borde del estallido.
A pesar
del compromiso democrático y del esfuerzo unificado de los líderes de la
oposición por canalizar el descontento popular hacia la búsqueda de alternancia
por la vía pacífica del voto, la presión económica anuncia condiciones temibles
a las que los venezolanos nunca antes habíamos estado expuestos. El gobierno ha
corrido la arruga hasta la última esquina pero ya el engranaje de la economía
no aguanta sino unas pocas semanas. Aunque los chinos abrieran masivamente la
compuerta de los préstamos y los dólares, el aparado productivo y la red de
distribución de productos básicos evidencian, ya, rupturas y desperfectos
irrecuperables. Desde la Guerra de la Independencia y la Guerra Federal,
Venezuela no se asomaba a tanta pobreza y escasez ¿Qué pasará, entonces, con el
carácter fogoso y ventisco del venezolano? Hasta ahora, muchas de las angustias
que vivimos diariamente se han ahogado en la búsqueda misma de la supervivencia
y gran parte de la violencia producida por la frustración ha tomado la forma de
delincuencia común. Estamos, sin embargo, en un punto de inflexión propicio
para los movimientos colectivos.
A
mediados del siglo XIX, el diplomático brasileño Miguel María Lisboa visitó
Venezuela y viajó por todo el país. A partir de sus observaciones escribió: “No
vacilo en repetir que en Venezuela el pueblo bajo de las ciudades es dócil y
fácil de gobernar. Excitado, engañado o seducido, mete bulla, vocifera y comete
excesos; más, naturalmente, no tiene aquella ferocidad que le atribuyen
observadores apasionados.” Poco tiempo después, la crisis económica de 1858
desembocó en estallido de la Guerra Federal.
@axelcapriles
Vía El Nacional
Que pasa Margarita
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