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Mientras EE UU se prepara para hacer de la democracia un desierto,
debemos estar agradecidos al oasis del fútbol
John Carlin
El País
Noviembre 12, 2016
http://deportes.elpais.com/deportes/2016/11/12/actualidad/1478969996_690729.html
“Hay que pensar, entonces ¿por qué no pensar a lo grande?”. Donald Trump
Donald Trump recuerda a Diego Armando Maradona. El presidente electo de
Estados Unidos y el astro argentino comparten, entre otras virtudes, el
populismo, el narcisismo, la incontinencia emocional y la verborrea. Ambos se
postulan como defensores de los pobres pero acumulan fortunas y no pagan
sus impuestos; ambos ansían la adulación de las multitudes; reaccionan a las
críticas con zarpazos desmesurados; opinan con autoridad sobre temas de los
que tienen mínimo conocimiento; y, dada la oportunidad, no paran de hablar.
Dicho todo esto, Maradona es un ser muy superior a Trump. Aparte de que
tiene un sentido del humor más sofisticado, un mejor dominio de su lengua
nativa y un corte de pelo menos absurdo, lo que coloca a Maradona en otra
dimensión es que tiene talento y Trump no tiene ninguno. Trump se hizo rico
y famoso, y ahora será presidente del país más poderoso del mundo, porque
heredó una fortuna de su papá. Maradona nació pobre y se convirtió en un
ídolo mundial porque jugó al fútbol como Dios.
Hay que estarle eternamente agradecido. Igual que hoy, mientras el mundo se
vuelve loco y Estados Unidos se prepara para hacer de la democracia un
desierto, debemos estar agradecidos al fútbol por el oasis que nos ofrece de
relativa racionalidad, decencia y paz.
Ahora, uno lo tendría difícil si tuviese que elegir entre Trump y Maradona para
el cargo de líder del mundo libre. Eso no significa que no haya mejores
candidatos que ambos en el mundo del fútbol.
Podemos tener la seguridad de que Vicente del Bosque administraría los
grandes conflictos mundiales con más sagacidad y cordura que Donald Trump.
Después de haber resuelto el lío en la selección española entre los jugadores
del Barcelona y del Real Madrid en tiempos de José Mourinho, Oriente
Próximo es poca cosa.
El propio Mourinho es un personaje infinitamente más apto para ocupar el ala
oeste de la Casa Blanca que el presidente electo neoyorquino. Habla mejor el
inglés que Trump, tiene las ideas más claras y mantendría a su staff —el
secretario de estado y otros miembros de su gabinete ministerial— a raya. El
problema podría llegar en el tercero de los cuatro años de su mandato. La
historia de Mourinho demuestra que en su tercera temporada en un equipo
viene el derrumbe. Como dirían los estadounidenses, he goes nuclear. Se
vuelve nuclear.
Entre los jugadores, es verdad que la egolatría de Cristiano Ronaldo vuela en
la misma estratosfera que la de Trump. Pero Cristiano, como su nombre
indica, ofrece motivos para sospechar que lejos de los focos de las cámaras es
un hombre compasivo que se esforzaría más que el mezquino dueño de
Trump Tower para atacar la raíz de tantos de los horrores del mundo, la
pobreza.
En cuanto a Messi, con la ayuda de su padre y sus asesores posiblemente
llegase a superar los conocimientos del magnate neoyorquino en el
importante tema de las finanzas. Su punto débil, como el de Trump, sería la
política internacional. Si uno le dijera la palabra Aleppo, podemos suponer que
respondería, “¿Y ese en qué equipo juega?”. Pero si Messi fuese capaz de
aplicar ese GPS que lleva dentro del cerebro en el campo de fútbol al terreno
geopolítico, quizá sería capaz de encontrar el hueco necesario para superar el
autobús defensivo que Assad y Putin han aparcado en Siria para evitar que se
marque el gol de la paz.
Hablando un poco más en serio, la figura del mundo del fútbol profesional
mejor preparada para ejercer hoy como presidente de Estados Unidos es
indudablemente Jürgen Klopp, el entrenador del Liverpool. El principal
problema al que se enfrentará Trump será curar las heridas de un país que él
se ha encargado de dividir más que nunca. Klopp posee el carisma, el tacto, el
discurso y la claridad táctica necesarias para unificar a los habitantes de la
nación más bipolar de la tierra. Es un alemán que se ha ganado a los ingleses,
gente cuya nostalgia por sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial es tan
cansina como inagotable. Trump es un fascista por temperamento. Klopp sería
el Churchill, el Franklin Delano Roosevelt, que hoy necesita la gran potencia
nuclear de Occidente.
Y si no Klopp, cualquiera. Del Bosque, Mourinho, Ronaldo o Messi, por
supuesto. Pero también Simeone, Guardiola, Ancelotti, Casillas, Rooney
(bueno, quizá no Rooney) lo harían mejor en la Casa Blanca que Donald
Trump.
John Carlin (Londres, 1956) Es un escritor y periodista
británico, hijo de padre escosés y madre española. Pasó los
tres primeros años de vida en el Norte de Londres, para
trasladarse posteriormente a Buenos Aires, ya que su padre
fue destinado a la Embajada Británica en dicho país. De
regreso a Inglaterra fue educado en un internado de Ludlow
(Shropshire) y cursó posteriormente estudios de Lengua y
Literatura Inglesa en la U. de Oxford. Su actividad
profesional se ha centrado en política y deporte. Su libro
Playing the enemy (en castellano titulado El factor humano),
publicado en 2008, tuvo gran aceptación entre el público y la
crítica literaria. La película Invictus, estrenada en 2009, se
inspiró en esta obra de Carlin. Buena parte de la obra de
Carlin ha versado sobre la política de Sudáfrica, lo que le
llevó a forjar una buena relación personal con Nelson
Mandela, presidente de Sudáfrica entre 1994 y 1999. En una
entrevista realizada en 1998, Mandela dijo sobre él que "lo
que tú escribiste y la forma de desempeñar tus labores en
este país fueron absolutamente magníficas, era
absolutamente inspirador. Has sido muy valiente diciendo
cosas que muchos periodistas nunca hubieran dicho."
Mandela escribió la introducción del libro de Carlin en
español Heroica Tierra Cruel publicado en 2004.
Carlin ocupó el cargo de corresponsal jefe del diario The
Independent en Suráfrica entre 1989 y 1995. En 1993
escribió y presentó un documental para la BBC sobre la
tercera fuerza sudafricana, su primer trabajo en televisión.
Entre los años 1995 y 1998 fue destinado como corresponsal
jefe en Estados Unidos para el mismo diario. En 1997
escribió un artículo titulado "A Farewell to Arms" (Adiós a las
armas) para la revista Wired que trataba sobre la guerra
informática. Este artículo sirvió de base para el guion de la
fallida película de 1999 WW3.com. Aunque no llegó a ver la
luz, otra película, Live free on Die Hard lanzada en 2007,
retomó las ideas del artículo de John Carlin. En 2000 Carlin
ganó el Premio Ortega y Gasset otorgado por el periódico
español El País por un artículo en este mismo diario. Entre
2004 y 2008 trabajó como escritor senior en El País. En
octubre de 2010 el diario El País publica que John Carlin está
preparando un relato sobre el tenista Rafa Nadal. El autor
dijo que no será una biografía y explicó su interés por el
deportista: "alguien que ha redefinido el tenis: con su fuerza
y generosidad en las pistas, pero también por ese entorno
familiar envidiable; esa mística de familia unida y gente
fuerte me fascina".
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