Saturday, January 21, 2017

La concepción negativa del Estado

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Eddy Reyes Torres

En la reciente homilía a los fieles que se dieron cita en el pueblo de Santa Rosa, el arzobispo de Barquisimeto, monseñor Antonio López Castillo fue rotundo al hacer la siguiente observación: “La mayoría de nuestro pueblo no cree en el comunismo socialista fracasado que ha llevado al país a la miseria. Yo no callaré jamás, hablaré siempre por el bien común del pueblo. Debemos respetar la Constitución para que no sea parcializada como muchas veces se hace”.
Palabras más, palabras menos, quienes escribimos en los medios de opinión libres nos hemos pronunciado en un sentido parecido. Por eso, si alguien tiene alguna duda sobre el aserto de monseñor López, ahí está lo que un prócer fundamental de la revolución bonita, Diosdado Cabello, declaró hace poco a los medios de comunicación: “Aquí no va a haber elecciones, sino más revolución”. En casos como estos, los abogados hacemos uso del axioma jurídico que dice: “A confesión de parte, relevo de pruebas”, que en cristiano quiere decir que quien confiesa algo libera a la contraparte de tener que probarlo. Sin embargo, nosotros preferimos poner al desnudo lo que realmente se manifiesta del proceder arbitrario del régimen.
Chávez y sus seguidores más cercanos nunca ocultaron su concepción negativa del Estado que ahora, con las últimas decisiones de Nicolás Maduro, resplandece como un enorme Sol negro entre las democracias de América y el resto del Mundo. Se trata de un asunto que marca el final abrupto de los estudios que se han hecho sobre las formas de gobierno, por más de 2.000 años.
El hilo conductor se inicia con los griegos, específicamente con Heródoto, un siglo antes de las sistematizaciones que hicieron Platón y Aristóteles en el siglo IV a.C. El siguiente desarrollo importante lo hace Polibio (200 a.C-118 a.C), quien fue el primero en escribir una historia universal. En su obra hace referencia a un principio medular que mantiene plena actualidad hoy día: “La Constitución de un pueblo debe considerarse como la primer causa del éxito o del fracaso de toda acción”. Él hace uso del término “democracia” con una connotación positiva, distanciándose así de Platón y Aristóteles. Y, además, hace mención, por primera vez, a la “oclocracia”, esto es, el gobierno popular en su forma corrupta. En específico dice que:
“No debemos declarar que hay democracia allí donde la turba sea dueña de hacer y decretar lo que le venga en gana; sólo la hay allí donde es costumbre y tradición ancestral venerar a los dioses, honrar a los padres, reverenciar a los ancianos y obedecer a las leyes (…) A su vez, la soberbia y el desprecio de las leyes desembocan, con el tiempo, en la oclocracia”.
En esta cadena la figura de Maquiavelo (1469-1527) se hace también presente con un comentario relevante: las buenas leyes que se aprueban en defensa de la libertad, son resultado de los conflictos, el antagonismo y la desarmonía (que muchos inconsideradamente condenan) y no de la paz social impuesta desde arriba o la tranquilidad derivada de un dominio irresistible. Maquiavelo se pronuncia a favor del gobierno mixto (esto es, un gobierno que no es de pensamiento único y en el que las diferentes partes conviven aunque entre ellas haya un antagonismo permanente) para la consolidación de una república perfecta.
En el encadenamiento subsiguiente nos encontramos con Hobbes (1588-1679), Vico (1668-1744) y Montesquieu (1698-1755). En la obra fundamental del último (Del espíritu de las leyes) los regímenes despóticos son objeto de observaciones minuciosas, señalándose, entre otras cosas, que en dichos gobiernos “es menester que la educación sea servil”. Allí también encontramos la siguiente anotación que, como imagen, es un registro perfecto: “Cuando los salvajes de Luisiana quieren una fruta, cortan el árbol de raíz y la cogen”. No sé por qué este comentario proyecta en mi mente la reciente decisión de Maduro, avalada por el Directorio del BCV, de sacar de circulación los billetes de 100 bolívares.
Aparece entonces Hegel (1770-1831) con sus Lecciones de la filosofía de la historia en donde se funden dos milenios de reflexión filosófica. Sin embargo, su modelo constitucional no tuvo el éxito de la construcción de Montesquieu que es la que ha tenido mayor influencia en la historia de las ideas.
Así llegamos a Marx (1818-1883), quien nunca expresó interés por el estudio de las formas de gobierno que se realizaron en el pasado. Para buena parte de los autores clásicos, el Estado representa un momento cumbre en la aparición y formación del hombre civil. Para Platón el fin del Estado es la justicia, para Aristóteles el bien común, para Kant la libertad y para Hegel la máxima expresión del ethos de un pueblo. Por el contrario, Marx consideró al Estado como un puro y simple instrumento de dominación. Para él la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado que es el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases. En términos de la revolución bonita se expresaría como una sociedad roja rojita.
Se imaginan entonces al bravo pueblo venezolano sin libertad de pensamiento, sin empresas privadas ni propiedad privada. Lo que ahora tenemos como gobierno busca acercarse a eso; pero en manos de los ciudadanos demócratas, los que viven en el país y los que se desplazan por diferentes continentes, está el no dejarse arrebatar el espíritu y el sueño democrático que todavía los mueve.
@EddyReyesT

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